AL ACEPTAR EL MENSAJE DIVINO, LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA SE CONVIRTIÓ EN MADRE DE JESÚS (Solemnidad de la Anunciación: Homilía: 25-III-2017)

Hoy contemplamos a la Santísima Virgen María que, al aceptar el mensaje divino, se convirtió en Madre de Jesús y, al abrazar de todo corazón y sin entorpecimiento de pecado alguno la voluntad salvífica de Dios, se consagró totalmente como esclava del Señor a la Persona y a la obra de su Hijo, sirviendo con diligencia al misterio de la Redención con El y bajo El, con la gracia de Dios omnipotente.

 “Con razón, pues, piensan los Santos Padres de la Iglesia que María no fue instrumento puramente pasivo en las manos de Dios, sino que cooperó a la salvación de los hombres, con fe y obediencia libres”, tal como lo dice la Encíclica Lumen Gentium”, número 56.

 EL HECHO MÁS MARAVILLOSO

Ciertamente, la Anunciación a María y la Encarnación del Verbo es el hecho más maravilloso, el misterio más entrañable de las relaciones de Dios con los hombres y el acontecimiento más trascendental de la Historia de la humanidad.

¡Qué Dios se haga Hombre y para siempre! ¡Hasta dónde ha llegado la bondad, misericordia y amor de Dios por nosotros, por todos nosotros! Y, sin embargo, el día en que la Segunda Persona de la Santísima Trinidad asumió la débil naturaleza humana de las entrañas purísimas de Santa María, nada extraordinario sucedía, aparentemente, sobre la faz de la tierra.

Con gran sencillez narra San Lucas el magno acontecimiento. Con cuánta atención, reverencia y amor hemos de leer estas palabras del Evangelio, rezar piadosamente el Angelus cada día, siguiendo la extendida devoción cristiana, y contemplar el primer misterio gozoso del Santo Rosario.

 EL GRAN MISTERIO DE LA ENCARNACIÓN

Ciertamente, celebramos hoy el gran misterio de la Encarnación del Hijo de Dios, en el seno de la Virgen María por obra del Espíritu Santo. Su nombre será Jesús, Dios Salvador. Y si por la desobediencia de un hombre y una mujer entraron en el mundo el pecado y la muerte, la salvación vendrá por la obediencia del segundo Adán, y la segunda Eva, (Se dice en la segunda lectura de la Misa de hoy y en el Salmo Responsorial).

“He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”. Por este camino sigue viniendo la santificación del mundo: Cristo en la Eucaristía, por la acción del Espíritu Santo sobre el pan y el vino, sigue ofreciendo su Cuerpo y derramando su Sangre para el perdón de los pecados.

José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico y Licenciado en Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229. Durante un puñado de años, Asesor Religioso y Redactor Jefe de la Sección de Información Religiosa, de la Agencia Internacional de Prensa “Europa Press, con sede en Roma y Madrid.


A EJEMPLO DE JOSÉ Y MARÍA, TAMBIÉN NOSOTROS PODEMOS SUFRIR EN LA VIDA (Homilía: Fiesta de San José, trasladada al 20 de marzo de año 2017)

Entre los hebreos, las genealogías se hacían por la vía masculina. San José al ser esposo de María, era el padre legal de Jesús. La figura del padre legal es equivalente, en cuanto a derechos y obligaciones, a la del verdadero padre. En este hecho, se fundamenta sólidamente la doctrina y la devoción al Santo Patriarca, como patrono universal de la Iglesia, puesto que fué elegido para desempeñar una función muy singular, en el plan divino de nuestra salvación: por la paternidad legal de San José es Jesucristo Mesías descendiente de David.

Se sabe que, de la costumbre ordinaria de celebrar los esponsales entre los miembros de una misma estirpe, se deduce la pertinencia de María a la casa de David. En este sentido hablan antiguos Padres de la Iglesia. Así San Ignacio de Antioquia, San Ireneo, San Justino y Tertuliano, los cuales fundamentan su testimonio en una tradición oral constante.

Es de señalar que San Mateo, para indicar el Nacimiento de Jesús, usa una fórmula completamente diversa de la aplicada a los demás personajes de la genealogía. Con estas palabras, el texto enseña positivamente la concepción virginal de Jesús, sin intervención de varón.

 LA CONCEPCIÓN DE CRISTO

San Mateo narra aquí también como fué la concepción de Nuestro Señor Jesucristo. Por eso, verdaderamente, celebramos y veneramos por Madre de Dios, a María Santísima, por haber dado a luz a una persona que es juntamente Dios y hombre, como dice el Catecismo Romano.

Según las disposiciones de la Ley de Moisés, aproximadamente un año antes de las bodas se realizaban los esponsales. Estos tenían prácticamente ya el valor jurídico del matrimonio. Las bodas propiamente dichas consistían, entre otras ceremonias, en la conducción solemne y festiva de la esposa a la casa del esposo.

Por otra parte, ya desde los esponsales era preciso el libelo de repudio, en el caso de ruptura de las relaciones. Por su parte, todo el relato del Nacimiento de Jesús enseña a través del cumplimiento de la profecía de Isaías, 7, 14 : 1º Jesús es el que la Virgen da a luz, según la profecía; 2º el carácter milagroso de la concepción del Niño, sin intervención de varón; 3º descendiente de David, por la vía legal de José.

DIOS SE CONFIÓ EN SAN JOSÉ PARA OBRAR COSAS GRANDES

Como dice San José María en Es Cristo que pasa, número 40, “San José era efectivamente un hombre corriente, en el que Dios se confió para obrar cosas grandes. Supo vivir, tal como el Señor quería, todos y cada uno de los acontecimientos que compusieron su vida. Por eso, la Escritura Santa alaba a San José, afirmando que era justo. Y, en el lenguaje hebreo, justo quiere decir piadoso, servidor irreprochable de Dios, cumplidor de la Voluntad divina, y también otras veces significa bueno y caritativo con el prójimo. En una palabra, el justo es el que ama a Dios y demuestra ese amor, cumpliendo sus mandamientos y orientando  toda su vida en servicio de sus hermanos, los demás hombres.”

Efectivamente, San José consideraba santa a su esposa no obstante los signos de su maternidad. Por tanto se encontraba ante una situación inexplicable para él. Tratando precisamente de actuar con arreglo a la voluntad de Dios se sentía obligado a repudiarla, pero, con el fin de evitar la infamia pública de María, decide dejarla privadamente.

ADMIRABLE SILENCIO DE MARÍA

Como vemos, es admirable el silencio de María. Su entrega perfecta a Dios le lleva incluso a no defender su honra y su inocencia. Prefiere que recaiga en Ella la sospecha y la infamia, que  manifestar el profundo misterio de Gracia. Ante un hecho inexplicable por razones humanas, se abandona confiadamente en el amor y providencia de Dios.

Finalmente, considero que hemos de contemplar la magnitud de la prueba a la que Dios sometió a estas dos almas santas de José y María. No nos puede extrañar que también nosotros seamos sometidos a veces, a lo largo de la vida, a pruebas duras; en ellas hemos de confiar en Dios y permanecerle fieles a ejemplo de José y María.

José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico y Licenciado en Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229. Durante un puñado de años, Asesor Religioso y Redactor Jefe de la Sección de Información Religiosa, de la Agencia Internacional de Prensa “Europa Press”, con sede en Roma y Madrid.

 

 


NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, AÚN EN MEDIO DEL CANSANCIO, NO DESPRECIA LA OCASIÓN PARA HACER EL BIEN A LAS ALMAS. (HOMILIA:domingo III de Cuaresma 19-III-2017)

Había dos caminos usuales para ir de Judea a Galilea. El más corto pasaba por la ciudad de Samaría. El otro, junto al Río Jordán, era más largo. Jesús recorre el de Samaría, tal vez no sólo por ser el más corto y frecuentado, sino también para tener ocasión de predicar a los samaritanos. Al aproximarse a Samaría, cerca de Sicar, la actual Askar, al pie del monte Ebal, tiene lugar el encuentro de Jesús con la samaritana.

Los Evangelios, y en especial el de San Juan, narran a veces detalles que pueden parecer irrelevantes, pero no lo son. Jesús, como nosotros, se fatiga realmente, necesita reponer fuerzas, siente hambre y sed; pero aún en medio del cansancio no desprecia ocasión para hacer el bien a las almas.

 ES CONMOVEDOR OBSERVAR A JESÚS AGOTADO

“Recoged los ojos del alma –dice San José María Escrivá en Amigos de Dios- y revivid despacio la escena: Jesucristo, perfectus Deus, Perfectus homo (Símbolo Atanasiano) está fatigado por el camino y por el trabajo apostólico. Como quizá os ha sucedido alguna vez a vosotros, que acabáis rendidos, porque no aguantáis más. Es conmovedor observar al Maestro agotado. Además, tiene hambre: los discípulos han ido al pueblo vecino para buscar algo que comer. Y tiene sed”.

Y sigue diciendo San José María: “Cuando nos cansemos -en el trabajo, en el estudio, en la tarea apostólica-, cuando encontremos cerrazón en el horizonte, entonces, los ojos a Cristo: a Jesús bueno, a Jesús cansado, a Jesús hambriento y sediento. ¡Cómo te haces entender, Señor! ¡Cómo te haces querer! Te nos muestras como nosotros, en todo menos en el pecado: para que palpemos que contigo podremos vencer nuestras malas inclinaciones, nuestras culpas. Porque no importan ni el cansancio, ni el hambre, ni la sed, ni las lágrimas… Cristo se cansó, pasó hambre, estuvo sediento, lloró. Lo que importa es la lucha –una contienda amable, porque el Señor permanece siempre a nuestro lado- para cumplir la voluntad del Padre que está en los cielos” 

VINO A SALVAR LO QUE ESTABA PERDIDO

Jesús ha venido a salvar lo que estaba perdido. No ahorrará ningún esfuerzo para conseguirlo. Proverbiales eran los odios entre judíos y samaritanos; pero Jesucristo no excluye a nadie, sino que su amor se extiende a todas las almas, y por todas y cada una va a derramar su sangre.

Inicia el diálogo con una mujer mediante una petición, que indica la gran delicadeza de Dios con los hombres: Dios Omnipotente pide un favor a la pobre criatura humana. “Dame de beber”: Jesús pide de beber no sólo por la sed física sino porque tenía sed de la salvación de los hombres, por amor a ellos. No olvidemos que estando enclavado en la Cruz volvió a decir: “Tengo sed”. (Así está en el Evangelio de San Juan, 19, 28).

José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico y Licenciado en Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229. Durante un puñado de años, Asesor Religioso y Redactor Jefe de la Sección de Información Religiosa, de la Agencia Internacional de Prensa “Europa Press, con sede en Roma y Madrid.


LO QUE IMPORTA NO ES ESTAR AQUÍ O ALLÍ, SINO HALLARSE SIEMPRE CON JESÚS (Homilía: II Domingo de Cuaresma, 12-III-2017

“Oigo en mi corazón: buscad mi rostro. Tú rostro buscaré. Señor, no me escondas tu rostro”, dice la Antífona de entrada de la Misa del Domingo Segundo de Cuaresma, que celebramos hoy, doce de marzo del año dos mil dieciséis.

El Evangelio nos narra lo que sucedió en el Monte Tabor. Pocos días antes Jesús había declarado a sus discípulos, en Cesarea de Filipo, que iba a padecer y sufrir en Jerusalén, a morir a manos de los príncipes de los sacerdotes, de los ancianos y de los escribas.

Los Apóstoles habían quedado sobrecogidos y entristecidos por este anuncio. Y es ahora, cuando Nuestro Señor Jesucristo tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, y los llevó a ellos solos aparte, para orar. Son los tres discípulos que serán testigos de la Agonía de Nuestro Señor Jesucristo, en el Huerto de Olivos.  Y mientras él oraba, cambió el aspecto de su rostro y su vestido se volvió blanco, resplandeciente.

Y le ven conversar con Elías y Moisés, que aparecían gloriosos y le hablaban de su muerte, que había de cumplirse en Jerusalén. Efectivamente, seis días llevaban los Apóstoles entristecidos por la predicación de Cesarea de Filipo. La ternura de Jesús hace que ahora contemplen su glorificación. Precisamente San León Magno dice en un sermón, que “el principal fin de la transfiguración era desterrar del alma de los discípulos el escándalo de la cruz”.

SAN PEDRO LO RECORDARÀ HASTA EL FINAL DE SUS DÍAS

 Nunca olvidarían los Apóstoles esta gota de miel, que Jesús les daba en medio de su amargura. Años más tarde, San Pedro tiene perfectamente nítidos estos momentos. Y lo recordará hasta el final de sus días. Y consideremos que siempre hace así Jesús con los suyos. En medio de los mayores padecimientos da el consuelo necesario para seguir adelante.

Este destello de gloria divina transportó a los Apóstoles a una inmensa felicidad, que hace exclamar a San Pedro: Señor, ¡bueno es permanecer aquí! Hagamos tres tiendas… El Apóstol lo que quiere es alargar aquella situación. Pero, como dirá más adelante el Evangelista, no sabía lo que decía; porque lo bueno, lo que importa, no es hallarse aquí o allí, sino el estar siempre con Jesús, en cualquier parte, y verle detrás de las circunstancias en que nos hallamos. Si estamos con Él, es igual que nos encontremos en medio de los  mayores consuelos del mundo, o en la cama de un hospital entre dolores indecibles.

Lo que importa es sólo eso: verle y vivir siempre con Él. Es lo único verdaderamente bueno e importante en esta v ida y en la otra. Si permanecemos con Jesús, estaremos muy cerca de los demás y seremos felices. Sea cual sea nuestro lugar y la situación en que nos encontremos, Y dirijiremos. Vultum tuum, Domine requiram: Deseo verte y buscaré tu rostro, Señor en las circunstancias ordinarias de mi jornada.

Y termino con unas palabras de San Josemaría Escrivá, escritas en un libro suyo titulado SURCO: “Para tu examen diario: ¿he dejado pasar alguna hora, sin hablar con mi padre Dios?… ¿He conversado con Él, con amor de hijo? -¡Puedes!”

José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico y Licenciado en Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229. Durante un puñado de años, Asesor Religioso y Redactor Jefe de la Sección de Información Religiosa, de la Agencia Internacional de Prensa “Europa Press”, con sede en Roma y Madrid.