NO OLVIDEMOS QUE LA FE CRISTIANA ORDINARIA INCLUYE EL SER AUTÉNTICOS CONFESORES DE LA FE. (HOMILÍA DEL DOMINGO XII DEL TIEMPO ORDINARIO, 25-VI-2017)

Nuestro Señor Jesucristo manda a sus discípulos que no tengan miedo a las calumnias o murmuraciones. Pues llegará un día en que venga en conocimiento de todos quién es cada uno, sus verdaderas intenciones y la disposición exacta de su alma. Mientras tanto, los que son de Dios pueden ser presentados como si no lo fueran por aquellos que, por apasionamiento o por malicia, utilizan la mentira. Este es el secreto que llegará a saberse.

Ahora bien, junto a estas recomendaciones, Nuestro Señor Jesucristo manda también que los Apóstoles hablen con claridad y abiertamente. Y todos sabemos que por razones de pedagogía divina, Nuestro Señor Jesucristo ya había hablado a las muchedumbres en parábolas y les había descubierto gradualmente su verdadera personalidad. Y los Apóstoles, después de la venida del Espíritu Santo, como se nos dice en Los Hechos de Apóstoles, han de predicar a plena luz, desde los terrados, lo que Nuestro Señor Jesucristo les ha ido dando a conocer.

Y pensemos ahora en la época apostólica en que vivimos, en que nos toca hoy también continuar manifestando, sin ambigüedades, toda la doctrina que enseñó Nuestro Señor Jesucristo, sin dejarnos llevar por falsas prudencias humanas o por miedo a las consecuencias.

CON CLARIDAD, NO OLVIDEMOS QUE EXISTE EL INFIERNO

Amigo lector mío, la Santa Madre Iglesia apoyada en éste y otros muchos pasajes de los Evangelios, que aparecen en los Evangelios de San Mateo, 5, 22-29; 18,9; de San Marcos, 9,43-45; y de San Lucas 12,5, que enseña con claridad que existe el Infierno, donde reciben castigo eterno las almas que mueren en pecado grave, como nos dice el Catecismo Romano, I, 6,3.

Y allí los condenados sufren las penas de daño y de sentido eternamente, de un modo que nosotros ignoramos en esta vida. Por eso el Señor proviene a sus discípulos contra el falso miedo. Porque no hay que temer a los que solamente pueden quitar la vida del cuerpo.  La realidad es que sólo Dios es quien tiene poder de arrojar alma y cuerpo en el Infierno.

 Por eso, el verdadero temor y respeto lo debemos a Dios, que es nuestro Príncipe y Juez Supremo, y no a los hombres. Y la realidad es que los mártires son los que mejor han vivido este precepto del Señor; sabían que la vida eterna valía mucho más que la vida terrena. Y por eso, también, el Señor nos ha enseñado que la confesión pública de la fe, con todas sus consecuencias, es condición indispensable para la salvación eterna. Efectivamente, Cristo recibirá en el Cielo, tras el Juicio, a los que dieron testimonio de su fe, y condenará a los que cobardemente se avergonzaron de El.

Como todos sabemos, la Santa Madre Iglesia siempre enseñó las palabras con las que Cristo recibirá en el Cielo, tras el Juicio, a los que dieron testimonio de su fe, y condenará a los que  cobardemente se avergonzaron de El.  Y como también todos sabemos, bajo el nombre de “confesores” la Iglesia honra a los santos que, sin haber sufrido el martirio de sangre, con su vida, dieron testimonio de la fe católica. Si bien todo cristiano debe estar dispuesto al martirio. No olvidemos que la vocación cristiana ordinaria es la de ser confesores de la fe.

 José Manuel Ardións Neo. Natural de San Vicente de Aro, Ayuntamiento de Negreira, provincia de La Coruña. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico y Licenciado en Derecho Civil y en  Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229. Durante un puñado de años, Asesor Religioso y Redactor Jefe de la Sección de Información Religiosa, de la Agencia Internacional de Prensa “Europa Press”, con sedes en Roma y Madrid y en otras muchas partes del Mundo.

 


NO OLVIDEMOS QUE LA FE CRISTIANA ORDINARIA INCLUYE EL SER AUTÉNTICOS CONFESORES DE LA MISMA FE. (HOMILÍA DEL DOMINGO XII DEL TIEMPO ORDINARIO, 25-VI-2017)

Nuestro Señor Jesucristo manda a sus discípulos que no tengan miedo a las calumnias o murmuraciones. Pues llegará un día en que venga en conocimiento de todos quién es cada uno, sus verdaderas intenciones y la disposición exacta de su alma. Mientras tanto, los que son de Dios pueden ser presentados como si no lo fueran por aquellos que, por apasionamiento o por malicia, utilizan la mentira. Este es el secreto que llegará a saberse.

Ahora bien, junto a estas recomendaciones, Nuestro Señor Jesucristo manda también que los Apóstoles hablen con claridad y abiertamente. Y todos sabemos que por razones de pedagogía divina, Nuestro Señor Jesucristo ya había hablado a las muchedumbres en parábolas y les había descubierto gradualmente su verdadera personalidad. Y los Apóstoles, después de la venida del Espíritu Santo, como se nos dice en Los Hechos de Apóstoles, han de predicar a plena luz, desde los terrados, lo que Nuestro Señor Jesucristo les ha ido dando a conocer.

Y pensemos ahora en la época apostólica en que vivimos, en que nos toca hoy también continuar manifestando, sin ambigüedades, toda la doctrina que enseñó Nuestro Señor Jesucristo, sin dejarnos llevar por falsas prudencias humanas o por miedo a las consecuencias.

CON CLARIDAD, NO OLVIDEMOS QUE EXISTE EL INFIERNO

Amigo lector mío, la Santa Madre Iglesia apoyada en éste y otros muchos pasajes de los Evangelios, que aparecen en los Evangelios de San Mateo, 5, 22-29; 18,9; de San Marcos, 9,43-45; y de San Lucas 12,5, que enseña con claridad que existe el Infierno, donde reciben castigo eterno las almas que mueren en pecado grave, como nos dice el Catecismo Romano, I, 6,3.

Y allí los condenados sufren las penas de daño y de sentido eternamente, de un modo que nosotros ignoramos en esta vida. Por eso el Señor proviene a sus discípulos contra el falso miedo. Porque no hay que temer a los que solamente pueden quitar la vida del cuerpo.  La realidad es que sólo Dios es quien tiene poder de arrojar alma y cuerpo en el Infierno.

Por eso, el verdadero temor y respeto lo debemos a Dios, que es nuestro Príncipe y Juez Supremo, y no a los hombres. Y la realidad es que los mártires son los que mejor han vivido este precepto del Señor; sabían que la vida eterna valía mucho más que la vida terrena. Y por eso, también, el Señor nos ha enseñado que la confesión pública de la fe, con todas sus consecuencias, es condición indispensable para la salvación eterna. Efectivamente, Cristo recibirá en el Cielo, tras el Juicio, a los que dieron testimonio de su fe, y condenará a los que cobardemente se avergonzaron de El.

Como todos sabemos, la Santa Madre Iglesia siempre enseñó las palabras con las que Cristo recibirá en el Cielo, tras el Juicio, a los que dieron testimonio de su fe, y condenará a los que  cobardemente se avergonzaron de El.  Y como también todos sabemos, bajo el nombre de “confesores” la Iglesia honra a los santos que, sin haber sufrido el martirio de sangre, con su vida, dieron testimonio de la fe católica. Si bien todo cristiano debe estar dispuesto al martirio. No olvidemos que la vocación cristiana ordinaria es la de ser confesores de la fe.

 José Manuel Ardións Neo. Natural de San Vicente de Aro, Ayuntamiento de Negreira, provincia de La Coruña. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico y Licenciado en Derecho Civil y en  Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229. Durante un puñado de años, Asesor Religioso y Redactor Jefe de la Sección de Información Religiosa, de la Agencia Internacional de Prensa “Europa Press”, con sedes en Roma y Madrid y en otras muchas partes del Mundo.

 


HOMILÍA DEL DOMINGO DÍA 18 DE JUNIO del año 2017: SOLEMNIDAD DE “CORPUS CHRISTI”

  • “Oh Sagrado Banquete en el que Cristo es nuestro alimento espiritual, se celebra el memorial de la Pasión, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la futura gloria”. Así canta la Santa Madre Iglesia  en la Liturgia de las Horas de  la fiesta del Corpus Christi. Y todos los católicos entendemos perfectamente el sentido propio y directo de las palabras del Señor. Pero muchos oyentes no creen que tal afirmación pueda ser verdad. Y de haberlo entendido en sentido figurado o simbólico, no les hubiera causado tan gran extrañeza ni se hubiera producido la discusión. Y Nuestro Señor Jesucristo después insistirá en su afirmación confirmando lo que ellos habían entendido.“Oh Sagrado Banquete en el que Cristo es nuestro alimento espiritual, se celebra el memorial de la Pasión, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la futura gloria”. Así canta la Santa Madre Iglesia  en la Liturgia de las Horas de  la fiesta del Corpus Christi. Y todos los católicos entendemos perfectamente el sentido propio y directo de las palabras del Señor. Pero muchos oyentes no creen que tal afirmación pueda ser verdad. Y de haberlo entendido en sentido figurado o simbólico, no les hubiera causado tan gran extrañeza ni se hubiera producido la discusión. Y Nuestro Señor Jesucristo después insistirá en su afirmación confirmando lo que ellos habían entendido.

JESUS REITERA LA NECESIDAD DE RECIBIRLE EN LA EUCARISTÍA

Ciertamente, Nuestro Señor Jesucristo reitera, con gran fuerza, la necesidad de recibirle en la Eucaristía, para participar en la vida divina, para que crezca y se desarrolle la vida de la gracia recibida en el Bautismo. Ciertamente, ningún padre se contenta con dar la existencia a sus hijos, sino que les proporciona alimentos y medios para que puedan llegar a la madurez. Precisamente en el número 289 del Catecismo de la Doctrina Cristiana, se dice que “Recibimos a Jesucristo, en la Sagrada Comunión, para que sea alimento de nuestras almas, nos aumente la gracia y nos dé la vida eterna”.

EL CUERPO Y SANGRE DE CRISTO, PRENDA DE VIDA ETERNA

Y Jesús también afirma claramente que su Cuerpo y su Sangre son prenda de la vida eterna y garantía de la Resurrección Corporal.  Y Santo Tomás de Aquino da esta explicación: “El Verbo da vida a las almas, pero el Verbo hecho carne vivifica los cuerpos. En este Sacramento no se contiene sólo el Verbo con su divinidad sino también con su humanidad; por lo tanto, no es sólo causa de la glorificación de las almas, sino también de los cuerpos”.

Es bueno que tengamos en cuenta también que el Señor emplea una expresión más fuerte que el mero comer (el verbo original podría traducirse por “masticar”), expresando así el realismo de la Comunión: se trata de una verdadera comida. No cabe, pues, una interpretación simbólica, como si participar en la Eucaristía fuera tan sólo una metáfora, y no el comer y beber realmente el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo.

En definitiva, debemos tener en cuenta que así como el alimento corporal es necesario para la vida terrena, la Sagrada Comunión es necesaria para mantener la vida del alma. Por esto, la Iglesia ha exhortado siempre a recibir este Sacramento con frecuencia: “Diariamente, como es de desear, los fieles en gran número participen activamente en el Sacrificio de la Misa, se alimenten con corazón puro y santo de la Sagrada Comunión, y den gracias a Cristo nuestro Señor por tan gran don. Y recordemos todos estas palabras, del Decreto de la Sagrada Congregación del Concilio, del 20-XII-1905: “El deseo de Jesús y de la Iglesia de que todos los fieles se acerquen diariamente al sagrado banquete que consiste sobre todo en esto: que los fieles unidos a Dios por virtud del sacramento, saquen de él fuerza para dominar la sensualidad, para purificarse de las leves culpas cotidianas y para evitar los pecados graves, a los que está sujeta la humana fragilidad” (Decreto “Mysterium fidei”, de la Sagrada Congregación del  Concilio de 20 -XII-1905).

 José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico y Licenciado en Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229. Durante un puñado de años, Asesor Religioso y Redactor Jefe de la Sección de Información Religiosa, de la Agencia Internacional de Prensa “Europa Press”, con sede en Madrid (España).

 


José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico y Licenciado en Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229. Durante un puñado de años, Asesor Religioso y Redactor Jefe de la Sección de Información Religiosa, de la Agencia Internacional de Prensa “Europa Press”, con sede en Madrid (España