APOSTOLADO DE LA OPINIÓN PÚBLICA: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio”. (Homilía: La Ascensión y la Jornada Mundial de la Comunicaciones Sociales. Domingo, 20.VI.2012).

HOMBRES DE GALILEA ¿QUÉ HACÉIS AHÍ MIRANDO AL CIELO?, LES DICEN LOS ÁNGELES, INVITÁNDOLES A HACER APOSTOLADO..
La Resurrección y la Ascensión del Señor, al Cielo, es una llamada al apostolado, hasta el fin de los tiempos, para todos los cristianos. Desde entonces, los Apóstoles comenzaron a dar testimonio de lo que han visto y oído, y a predicar a todas las naciones, comenzando por Jerusalén. En aquellos Once estamos representados todos los cristianos, de todos los tiempos, que recibimos el gozoso mandato de comunicar a quienes encontramos, en nuestro caminar, que Cristo vive, que en Él ha sido vencido el pecado y la muerte, que nos llama a compartir una vida divina, que todos nuestros males tienen solución: el mismo Cristo nos ha dado este derecho y este deber.
NO PODEMOS CALLAR
Nadie nos debe impedir el ejercicio de este derecho, el cumplimiento de este deber. Y tampoco podemos callar. Es mucha la ignorancia a nuestro alrededor, es mucho el error, son incontables los que andan por la vida perdidos y desconcertados porque no conocen a Cristo. La fe y doctrina que hemos recibido debemos comunicarla, con valentía y audacia, aunque contemos con incomprensiones, señal cierta de predilección divina y de que seguimos los pasos del Señor, pues no es el discípulo más que el Maestro.
Trataremos siempre bien a los demás, con comprensión, ahogando el mal en abundancia de bien. No nos extrañaremos de que en muchas ocasiones hayamos de ir contra corriente, en un mundo que parece alejarse cada vez más de Dios, que tiene como fin el bien material, y que desconoce o relega a segundo plano los valores espirituales; un mundo que algunos quieren organizar completamente a espaldas de su Creador. Tengamos en cuenta que el Señor nos espera en la familia, en la Universidad, en los Medios de Comunicación, en la fábrica, en las asociaciones más diversas, dispuestos siempre a recristianizar el mundo.
Es la nuestra, la época en la que Cristo necesita hombres y mujeres que sepan estar junto a la Cruz, fuertes, audaces, sencillos, trabajadores, sin respetos humanos a la hora de hacer el bien, que tengan como fundamento de su vida la oración, que consiste en un trato lleno de amistad con Jesucristo y su Madre la Virgen María.
HABLAR CON CLARIDAD Y VALENTÍA
Las santas y santos nos enseñan a hablar con claridad y valentía, cuando los asuntos de que se trate, afectan a la Iglesia, al Romano Pontífice o a la salvación de las almas. Serán muchos los casos en que tendremos la obligación grave de aclarar la verdad, y podemos y debemos aprender de los santos que nunca retrocedieron ante lo fundamental, porque tenían puesta su confianza en Dios. La fuerza de los primeros cristianos y la de los santos de todos los tiempos es que anunciaron entera la verdad, porque Dios es luz sin ninguna oscuridad. No enseñaban una verdad propia, sino el mensaje de Cristo que nos ha sido transmitido de generación en generación. Es el vigor de una verdad que está por encima de las modas y de la mentalidad de una época concreta.
Ante la campaña de silencio organizada sistemáticamente -tantas veces denunciada por los Papas- para oscurecer la verdad, silenciar los sufrimientos que los católicos padecen a causa de su fe, o las obras rectas y buenas, que a penas tienen eco en los grandes medios de difusión, nosotros, cada uno en su ambiente, hemos de servir de altavoz a la verdad.
APOSTOLADO DE LA OPINIÓN PÚBLICA
Varios Romanos Pontífices, entre ellos, por ejemplo el Papa Pío XI, han calificado de conspiración del silencio la actitud de muchos medios de comunicación, ante las buenas obras, literarias, científicas, religiosas, de promoción social, de buenos católicos o de las instituciones que las promueven. Efectivamente, por el hecho de ser llevadas a cabo por católicos, se callan o se dejan en la penumbra.
Sin embargo, pensemos que podemos hacer mucho bien en el campo del apostolado de la opinión pública. A veces llegaremos sólo a los vecinos o a los amigos que visitamos o nos visitan, o mediante una carta a los medios de comunicación o una llamada a una programa de radio que pide opiniones sobre un tema controvertido y que quizá tiene un fondo doctrinal que debe ser aclarado, respondiendo con criterio a una encuesta pública, aconsejando un buen libro, etc. Debemos rechazar la tentación el desaliento, de que quizá “podemos poco”. Un inmenso río que lleva un caudal enorme está alimentado de pequeños regueros que, a su vez, se han formado gota a gota. Que no falte la nuestra. Así comenzaron los primeros cristianos.
Pidamos a Dios Nuestro Señor, por medio la Virgen María, nos conceda el afán santo de dar a conocer la doctrina cristiana en todos los ambientes, con todos los medios a nuestro alcance, con imaginación, con amor, con sentido optimista y positivo, sin dejar a un lado una sola oportunidad.
José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico. Licenciado en Ciencias de la Información. (Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 253.).
LA AMISTAD, UN GRAN BIEN HUMANO PARA ACERCAR LAS ALMAS A DIOS. (Homilía: VI Domingo de Pascua. 13.V.2012).
El Señor comenzó su Vida Pública buscando a los Apóstoles y a las almas por medio de la amistad. El Evangelio de este Domingo Sexto de Pascua recoge precisamente las palabras cariñosísimas que Jesús dirige a los discípulos en la Última Cena: Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos. Ya no os llamo siervos. A vosotros os llamo amigos.
JESÚS ES NUESTRO AMIGO.
Ciertamente, no sólo se presenta como Amigo, sino que de verdad es el Amigo de las almas. Es nuestro Amigo. En Él encontramos la mejor amistad. Él es alguien que nos quiere, con quien podemos comunicar nuestras penas y alegrías, a quien también podemos preguntar con entera confianza. Y Él sabía muy bien lo que deseaba expresar cuando dijo: amaos los unos a los otros, como Yo os he amado. Las hermanas de Lázaro al solicitar la presencia de Jesús, le envían este recado: tu amigo está enfermo. Les parece el mayor argumento para lograr que Jesús vuelva pronto, puesto que se trata precisamente de su amigo.
Por otra parte, Jesús buscó y facilitó la amistad a todos aquellos que encontró por los caminos de Palestina. Aprovechaba siempre el diálogo para llegar al fondo de las almas y llenarlas de amor. Y además de su infinito amor por todos los hombres, manifestaba su amistad con personas bien determinadas: los Apóstoles, José de Arimatea, Nicodemo, Lázaro y sus hermanas María y Marta.
Por lo que se refiere a nosotros, la amistad con el Señor, que nace y se acrecienta en la oración y en la digna recepción de los sacramentos, junto con la seguridad de que el Mismo Jesucristo es el amigo que nunca traiciona, nos hace entender mejor el significado de la amistad humana, que la Sagrada Escritura califica como un tesoro: Un amigo fiel -dice el Eclesiastés- es poderoso protector; el que lo encuentra halla un tesoro. Nada vale tanto como un amigo fiel; su precio es incalculable.
EL TRATO DE AMISTAD CON JESUCRISTO FACILITA LA AMISTAD
El trato diario y la amistad con Jesucristo nos llevan a una actitud abierta, comprensiva, que aumenta la capacidad de tener amigos. El que reza y medita todos los días afina tal amistad y la hace especialmente apta para comprender a los demás. Al mismo tiempo, aumenta la generosidad, el optimismo, la cordialidad en la convivencia y la gratitud, virtudes que facilitan al cristiano el camino de la amistad.
Por otra parte, la amistad verdadera es desinteresada, pues consiste más en dar que en recibir. Y no busca el provecho propio, sino el del amigo. Dice Santo Tomás de Aquino que para haya verdadera amistad es necesario que exista correspondencia, porque es preciso que el afecto y la benevolencia sean mutuos. Y el Beato Elredo, en el Tratado sobre la amistad espiritual, precisa que “si es verdadera, la amistad tiende siempre a hacerse más fuerte: no se deja corromper por la envidia, no se enfría por las sospechas, crece en la dificultad, hasta sentir al amigo como otro yo”. En este sentido, bien dijo San Agustín cuando llamó a su amigo la mitad de su alma.
LA AMISTAD ES UN BIEN HUMANO
Además, la amistad es un bien humano y, a su vez, ocasión para desarrollar muchas virtudes humanas, porque, como enseñaba el Papa Pablo VI,” crea una armonía de sentimientos y gustos que prescinde del amor de los sentidos, pero, en cambio, desarrolla hasta grados muy elevados, e incluso hasta el heroísmo, la dedicación del amigo al amigo. Creemos -añadía- que los encuentros dan ocasión a las almas nobles y virtuosas para gozar de esta relación humana y cristiana que es la amistad. Lo cual supone y desarrolla la generosidad, el desinterés, la simpatía, la solidaridad y, especialmente, la posibilidad de mutuos sacrificios”.
Bien sabemos que el buen amigo no abandona en las dificultades, no traiciona. Nunca habla mal del amigo, ni permite que, ausente, sea criticado, porque sale en su defensa. La amistad es sinceridad, confianza, compartir penas y alegrías, animar, consolar, ayudar con el ejemplo.
LA AMISTAD, BASE EXCEPCIONAL PARA DAR A CONOCER A CRISTO
A lo largo de los siglos, la amistad ha sido un camino por el que muchos hombres y mujeres se han acercado, y se están acercando, a Dios y han alcanzado el Cielo. Así se difundió la fe de Cristo en la primera cristiandad: a través de los hermanos, de padres a hijos, de los hijos a los hijos y a los padres, del siervo a su señor y a la inversa, del amigo al amigo.
No lo dudemos. La amistad es una base excepcional para dar a conocer a Cristo, porque es el medio natural para comunicar sentimientos, compartir penas y alegrías de quienes están junto a nosotros por razones de familia, de trabajo, de aficiones o por otros muchos más motivos.
Porque es propio de la amistad dar al amigo lo mejor que se tiene. Nuestro más alto valor, sin posible comparación, es el haber encontrado a Cristo. Y no tendríamos verdadera amistad con una persona amiga si no le comunicáramos el don inmenso de nuestra fe cristiana. Nuestros amigos deberán encontrar en cada uno de nosotros, los cristianos que quieren seguir de cerca a Jesús, el apoyo, la fortaleza y el sentido sobrenatural para su vida. La seguridad de que encuentren en nosotros comprensión, interés y atención, les moverá a abrir su corazón confiadamente, con la certeza de que se les quiere, de que se estamos dispuestos a ayudarles.
Y, en el mundo en que vivimos ahora, si nos portamos así, la amistad nos llevará, en muchos casos, a iniciar a nuestros amigos en una verdadera vida cristiana, si están lejos de la Iglesia de Dios, o a que reemprenda el camino que un mal día han abandonado, si dejaron de practicar la fe que recibieron. Y veremos como, con paciencia y constancia, sin prisa y sin pausa, se irán acercando a Dios Nuestro Señor, que les espera.
Tengamos la seguridad de que la amistad todo lo puede con la ayuda de la gracia. El Señor desea que tengamos muchos amigos porque es infinito su amor por los hombres y nuestra amistad es instrumento para llegar a ellos. Tenemos que tener la certeza de que muchas son las personas, con las que nos relacionamos cada día, que están esperando, aun sin saberlo, que les llegue la luz de Cristo. Jesús, que pasó haciendo el bien, y que se ganó el corazón de tantas personas, es nuestro modelo. Así hemos de pasar nosotros por la familia, el trabajo, los vecinos, los amigos, haciendo lo que Él hizo, es decir, el bien.
José Manuel Ardións Neo. Párroco de la Parroquia-Santuario de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico. Licenciado en Ciencias de la Información. (Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 253).
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