LA HOMILÍA DEL 15 –X-2017 NOS ELEVA A CONTEMPLAR NUESTRO FUTURO DEFINITIVO, LA ALEGRÍA ETERNA DEL CIELO.¬

La liturgia del domingo XXVIII del Tiempo Ordinario, que se celebra el quince de Octubre, nos eleva a contemplar nuestro futuro definitivo, la alegría eterna del Cielo. Y utiliza para ello el símbolo del banquete festivo preparado por el Señor que, como dice

La Primera Lectura de la Misa de hoy, enjugará las lágrimas de todos los rostros,  Y, por su parte el Evangelio presenta la parábola del banquete de bodas, al que todos estamos convidados.

 Y, por lo tanto, nos tenemos que preguntar si nosotros somos de los que, con nuestro modo de vivir, estamos rechazando esa invitación. Pero, todavía estamos a tiempo de cambiar y de revestirnos de la gracia de Dios, para poder participar en la Eucaristía que, celebrada con amor, nos lleva a la gloria del Cielo, como dice la Oración sobre las Ofrendas, la Casa del Señor, donde habitaremos por años sin término.

ESTAR VIGILANTES

Precisamente, el Concilio Vaticano II recuerda la verdad de los “Novísimos”, al hablar de la índole escatológica de la Iglesia e invocar la advertencia del Señor en el sentido de que estemos vigilantes contra las asechanzas del demonio, para poder resistir en el día malo. “Pero –dice la Carta a los Hebreos- como no sabemos ni el día ni la hora, por aviso del Señor, debemos vigilar constantemente para que, terminado el único plazo de nuestra vida terrena” (Hebreos 9,27), y “si queremos entrar con El a las bodas, merezcamos ser contados entre los elegidos, no sea que como aquellos siervos malos y perezosos, seamos arrojados al fuego eterno” (San Mateo, 25, 41), a las tinieblas exteriores en donde habrá llanto y crujir de dientes (Lumen gentium, n. 48).

VOLUNTAD SALVÍFICA UNIVERSAL DE DIOS

Ahora bien, tengamos en cuenta que estas palabras no contradicen, en modo alguno, la voluntad salvífica universal de Dios, como afirma la Primera Carta a Timoteo en 2, 4). En efecto, Cristo, en su Amor por los hombres, busca la conversión de cada alma con infinita paciencia, hasta el extremo de morir en La Cruz.

Esta es la doctrina que enseña el Apóstol San Pablo, cuando dice que Cristo nos amó y “se entregó a sí mismo por nosotros como oblación y víctima” (Carta a los Efesios 5, 2).

Por lo tanto, cada uno de nosotros puede afirmar con el Apóstol que Cristo “me amó y se entregó a sí mismo por mi” (Carta a los Gálatas, 2,20). No obstante, Dios en su infinita sabiduría, respeta la libertad del hombre, que tiene la tremenda posibilidad de rechazar la gracia” (San Mateo 7,13-14).

José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico y Licenciado en Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229. Durante un puñado de años, Asesor Religioso y Redactor Jefe de la Sección de Información Religiosa, de la Agencia Internacional de Prensa “Europa Press”, con sede en Roma y Madrid.


CRONOLOGÍA DE LA VIDA DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO. HOMILIA DEL DOMINGO XXVII DEL TIEMPO ORDINARIO. 8/X/2017

San Juan Bautista había enseñado el camino de la santidad, anunciando el Reino de Dios y predicando la conversión. Los escribas y fariseos no le habían creído, a pesar de jactarse de una actitud oficial de fidelidad a los planes de Dios. Estaban representados por el hijo que dice “voy” y luego no va. En cambio, los publicanos y las meretrices que se arrepintieron y rectificaron su vida les precederán en el Reino: bien en a ser el hijo que dice “no voy”, pero luego va. El Señor pone de relieve que la penitencia y la conversión pueden enderezar y situar a todos en camino de santidad, aunque hayan vivido mucho tiempo alejados de Dios.

Ahora bien, con la parábola de la viña y los labradores perversos en el evangelio de hoy, Nuestro Señor Jesucristo presenta la historia de la salvación: cómo el pueblo de Israel, la viña que no dio sus frutos, rechazando a los profetas y, por último, asesinando al hijo del dueño de la viña, el mismo que será crucificado. A partir de ahí, el   reino de  los cielos será quitado a la casa de Israel y se le dará a un pueblo que produce sus frutos, la Iglesia. Pero muchas veces no damos tampoco los cristianos los frutos de las buenas obras que el Señor espera de nosotros y estamos como devastados por los enemigos de  la fe. Con el salmo pidamos: “Señor, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve”.

EL SEÑOR COMPARA A ISRAEL CON UNA VIÑA ESCOGIDA

Esta parábola, tan importante, completa a la anterior. La parábola de los dos hijos se limitaba a mostrar el hecho de la indocilidad de Israel; la de los viñadores homicidas proyecta su luz sobre el castigo consiguiente. Efectivamente, el Señor compara a Israel con una viña escogida, provista al uso oriental de su cerca, de su lugar, con su torre de vigilancia algo elevada, donde se coloca el guardián, encargada de proteger la viña contra los ladrones y los chacales. Dios no ha escatimado nada para cultivar y embellecer su viña. Los viñadores, en la parábola, son colonos; el dueño es Dios, y la viña es Israel.

Los viñadores a quienes Dios había entregado el cuidado de su pueblo representan a los sacerdotes, escribas y ancianos. La ausencia del dueño da a entender que Dios confió realmente Israel a sus jefes; y de aquí nace su responsabilidad y las cuentas exigidas por el dueño de la viña.

EL DUEÑO ENVÍA SUS SIERVOS PARA PERCIBIR LOS FRUTOS

El dueño envía sus siervos de vez y cuando para percibir sus frutos. Esta fue la misión de los profetas. El segundo envió los siervos para reclamar lo que debían a su dueño, y que corre la misma suerte que el primero, es una alusión a los malos tratos infligidos a los profetas de Dios, por los reyes y sacerdotes de Israel.

Finalmente les envió a su hijo, pensando que a Él si lo respetarían.. Aquí se señala la diferencia entre Jesús y los profetas, que eran siervos, pero no “el Hijo”: la parábola se refiere a la filiación trascendente y única que expresa la divinidad de Jesucristo.

La perversa intención de los viñadores de asesinar el hijo heredero, para quedarse ellos con las herencias, es el destino con que los jefes de la sinagoga esperan quedar como dueños indiscutibles de Israel al matar a Cristo (Mateo 12,14; 26,4). No piensan en el castigo: la ambición les ciega. Entonces “lo echaron fuera de la viña y lo mataron”; referencia a la Crucifixión de Nuestro Señor Jesucristo  que tuvo lugar fuera de los muros de Jerusalén.

Jesucristo profetiza el castigo que Dios impondrá a los malvados: les dará muerte, y arrendará la viña a otros. Estamos ante una profecía de la máxima importancia: San Pedro repetirá más tarde ante el sanedrín: la piedra que los constructores rechazaron, ésta vino a ser piedra angular (Act 4,11; 1 Pet 2,4)- La piedra es Jesús de Nazaret, pero los arquitectos de Israel, los que construyen y gobiernan al pueblo. No han querido usarla en la construcción. Por eso, a causa de su infidelidad, el Reino de Dios será transferido a otro pueblo, los gentiles, que sabrán dar a Dios los frutos que Él espera de su viña (cfr Mt 3,8-10; Gal 6,16).

Es necesario descansar sobre esta piedra para estar sólidamente edificado. Y ¡desgraciado el que tropiece con ella! (Mt 12,30; Lc 2,34). Aquellos judíos primero y después todos los enemigos de Cristo y de la Iglesia lo comprobarán con dura experiencia (Isaías 8,14-15)

Los cristianos de todos los tiempos deberán considerar esta parábola como una exhortación a construir con fidelidad sobre Cristo, para no reincidir en el pecado de aquella generación judaica. Al mismo tiempo debe llenarnos de esperanza y de seguridad: aunque el edificio, que es la Iglesia, parezca cuartearse en algún momento, su solidez está asegurada, porque tiene a Cristo piedra angular.

José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico y Licenciado en Derecho Civil y Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229. Durante un puñado de años, Asesor Religioso y Redactor Jefe de la Sección de Información Religiosa, de la Agencia Internacional de Prensa “Europa Press”, con sede en Roma y Madrid.


DIOS MANIFIESTA ESPECIALMENTE SU PODER CON EL PERDÓN Y LA MISERICORDIA. (HOMILIA DEL XXVI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (1-X-2017).

Nuestro Señor Jesucristo, en su entrada triunfal en Jerusalén, se manifestó como Mesías, hecho que San Mateo y San Juan, subrayan citando la profecía de Zacarías, según el texto hebreo, que es el que se sigue al traducir la cita profética. Los otros dos Sinópticos sólo mencionan el hecho fundamental de que Jesús hizo su entrada mesiánica en la Ciudad Santa, montado en un borrico.

Al estar el borrico junto con su madre, San Mateo ha visto cumplido un detalle más de la profecía, en la que se hablaba del borrico cría de asna. Esta parece ser la razón de haber mencionado el asna en todo el relato del episodio, porque realmente estaba con el borriquillo, aunque Jesús sólo montara en éste.

Precisamente, en la profecía de Zacarías se describe al futuro rey mesiánico con los epítetos de justo, salvador, humilde. El asno, antiguamente montura noble, fue sustituido, en tiempos de la monarquía israelita por el caballo. Por eso, en el vaticinio de Zacarías, con el asno se significa el rey de paz que triunfa no con armas y violencia, sino con humildad y mansedumbre.

SIGNIFICACIÓN PROFUNDA

Los Santos Padres han visto en este episodio una significación profunda. El asna aparece como símbolo del judaísmo, sometido desde hacía tiempo al yugo de la Ley, mientras que el borriquillo, en el que nadie había montado todavía, sería figura de la gentilidad. A unos y a otros Jesús introduce en la Iglesia, la nueva Jerusalén.

 LA REALEZA DE CRISTO

Tengamos también en cuenta que la palabra hebrea “Hosanna”, con la que la muchedumbre aclama al Señor, tuvo en un principio el sentido de una súplica dirigida a Dios: “Sálvanos”. Luego, fue empleada como grito de júbilo con el que se aclama a alguien, con un significado similar a “¡viva!” . La muchedumbre manifiesta su entusiasmo gritando: ¡ Viva el Hijo de David!

Ahora bien, la expresión “bendito el que viene en nombre del Señor” está tomada del Salmo 118, 26 y es un saludo jubiloso y agradecido a alguien que es portador  de una misión divina. La Iglesia ha recogido estas aclamaciones y las ha incorporado al prefacio de la Santa Misa. Y con ellas se pregona la realeza de Cristo.

 José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico y Licenciado en Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229. Durante un puñado de años, Asesor Religioso y Redactor Jefe de la Sección de Información Religiosa, de la Agencia Internacional de Prensa “Europa Press”, con sede en Roma y Madrid.


TODOS SOMOS LLAMADOS CON EL MISMO DERECHO A FORMAR PARTE DEL NUEVO PUEBLO DE DIOS, QUE ES LA IGLESIA. HOMILÍA DEL XXV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO. 24/IX/2017..

La parábola que nos ofrece el Evangelio del Domingo XXV del Tiempo Ordinario va dirigida directamente al pueblo judío. En efecto, Dios lo llamó a primera hora, desde hacía siglos. Últimamente ha llamado también a los gentiles. Todos son llamados, con el mismo derecho, a formar parte del nuevo pueblo de Dios, que es la Santa Iglesia: Una, Santa, Católica y Apostólica.

La invitación es gratuita para todos. Por eso, los judíos, que fueron llamados “primero”, no tendrían razón al murmurar contra Dios por la elección de los “últimos”, que tienen el mismo premio: formar parte de su Pueblo.. A primera vista, la protesta de los jornaleros de primera hora, parece justa. Y lo parece, porque no entienden que poder trabajar en la viña del Señor es un don divino. Jesús deja claro con la parábola que son diversos los caminos por los que llama, pero que el premio es siempre el mismo: el Cielo.

Por otra parte el “denario” era una moneda de plata, con inscripción e imagen de César Augusto y, como se ve aquí, equivalía al jornal de un obrero agrícola. Pero es bueno tener en cuenta aquí que los judíos calculaban el tiempo de modo distinto al nuestro. Dividían la totalidad del día en ocho partes, cuatro para la noche, que llamaban “vigilias”, y cuatro para el tiempo comprendido entre la salida y la puesta del sol, que llamaban “horas”: hora de prima, de tercia, de sexta y de nona.

La hora de prima comenzaba a la salida del sol y terminaba hacia las 9. La de tercia abarcaba hasta las 12; la de sexta hasta las 3 de la tarde y la de nona hasta la puesta del sol. Por tanto la duración de las horas de prima y de nona era inestable; menguaba durante el otoño y el invierno, y crecía durante la primavera y el verano; a la inversa ocurría con las vigilias primera y cuarta.

Conviene notar que a veces se contaban las horas intermedias como aparece en varios textos del evangelio, donde se habla de la hora undécima quizá para recalcar el poco tiempo que faltaba ya para la puesta del sol, fin del trabajo.

José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico y Licenciado en Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229. Durante un puñado de años, Asesor Religioso y Redactor Jefe de la Sección de Información Religiosa, de la Agencia Internacional de Prensa “Europa Press”, con sede en Roma y Madrid.