HOMILÍA, 2º Domingo de Cuaresma (28-II-2010): “FOMENTAR LA ESPERANZA DEL CIELO”

El Evangelio cuenta lo que sucedió en el monte Tabor: Jesús tomó consigo a Pedro, Santiago y Juan, y los llevó solos aparte, para orar. Mientras el Señor oraba, cambió el aspecto de su rostro y su vestido se volvió blanco, resplandeciente, dice San Lucas.Y los discípulos le ven conversar con Elías y Moisés, que aparecían gloriosos y le hablaban de su muerte, que había de cumplirse en Jerusalén.
Este destello de la gloria divina transportó a los Apóstoles a una inmensa felicidad, que hace exclamar a San Pedro: Señor, ¡bueno es permanecer aqui! Hagamos tres tiendas.

QUÉ ES EL CIELO
San Beda, comentando este pasaje evangélico, dice que el Señor, “en una piadosa permisión, les permitió (a Pedro, Santiago y Juan) gozar durante un tiempo muy corto la contemplación de la felicidad que durará siempre, para hacerles sobrellevar con mayor fortaleza la adversidad”.
San Pablo escribe, en la segunda Carta a los Corintios, que la existencia de los hombres es un caminar hacia el Cielo, nuestra morada. Pero este caminar, en ocasiones, es áspero y dificultoso, porque tendremos con frecuencia que ir contra corriente, y habrá que luchar con muchos enemigos dentro de nosotros mismos y de fuera. Pero el Señor quiere confortarnos con la esperanza del Cielo, de modo especial en los momentos más duros o cuando la flaqueza de nuestra condición se hace más patente.
Sobre el Cielo, pronunció San Juan Crisóstomo estas palabras: “Allí todo es reposo, alegría y regocijo; todo es serenidad y calma; todo paz, resplandor y luz. Y no luz como ésta de que gozamos ahora y que, comparada con aquella, no pasa de ser como lámpara junto al sol. Porque allí no hay noche, ni tarde, ni frío, ni calor, ni mudanza alguna en el modo de ser, sino un estado que sólo lo entienden quienes son dignos de gozarlo. No hay allí vejez, ni achaques, ni nada que semeje corrupción, porque es el lugar y aposento de la gloria inmortal…
“Y por encima de todo ello, el trato y goce sempiterno de Cristo, los ángeles…,todos perpétuamente en un sentir común, sin temor a Satanás ni a la asechanzas del demonio ni a las amenazas del infierno o de la muerte”.
En efecto, nuestra vida en el Cielo estará definitivamente exenta de todo posible temor. No sufriremos la inquietud de perder lo que tenemos, ni desearemos tener algo distinto. Entonces podremos decir verdaderamente con san Pedro: Señor, ¡qué bien estamos aquí!. Y el atisbo de gloria que tuvo el Apóstol lo tendremos en plenitud en la vida eterna.
El pensamiento de la gloria que nos espera debe espolearnos en nuestra lucha diaria. Nada vale tanto como ganar el cielo. Escribe Santa Teresa de Ávila, en su libro Camino de perfección:”Y con ir siempre con esta determinación de antes morir que dejar de llegar al fin del camino, si os llevare el Señor con alguna sed en esta vida, daros ha de beber con toda abundancia en la otra y sin temor de que os haya de faltar”.

LA VOZ DE DIOS VIENE A TRAVÉS DE LAS ENSEÑANZAS DE LA IGLESIA
Concluye el Evangelio que una nube los envolvió enseguida. Y de ella surge la voz poderosa de Dios Padre: Este es mi Hijo, el Amado, escuchadle a Él.
Dios Padre habla a a través de Jesucristo a todos los hombres de todos los tiempos. Decía Juan Pablo II: Su voz se oye en cada época, de modo singular a través de las enseñanzas de la Iglesia, que busca continuamente los caminos para acercar este misterio de su Maestro y Señor al género humano: a los pueblos, a las naciones, a las generaciones que se van sucediendo, a todo hombre en particular”.
Termina diciendo San Mateo que al alzar sus ojos no vieron a nadie sino sólo a Jesús. A este Jesús debemos ahora encontrar nosotros en nuestra vida ordinaria, en medio del trabajo, en la calle, en quienes nos rodean, en la oración, cuando perdona en el Sacramento de la Penitencia, y, sobre todo, en la Sagrada Eucaristía, donde se encuentra verdadera, real y sustancialmente presente .
Nunca debemos olvidar que aquel Jesús con el que estuvieron en el monte Tabor aquellos tres privilegiados, es el mismo que está junto a nosotros cada día. Escribió San Alfonso María de Ligorio que “cuando Dios os concede la gracia de sentir su presencia y desea que le habléis como al amigo más querido, exponedle vuestros sentimientos con toda libertad y confianza. Él sólo espera de vosotros una palabra para demostraros que está a vuestro lado y dispuesto a escucharos y consolaros…. Los amigos del mundo tienen horas que pasan conversando juntos y horas en que están separados; pero entre Dios y vosotros, si queréis, jamás habrá una hora de separación”.
>José Manuel Ardións. Párroco de San Benito de La Coruña (España).


Novenas, Vía-Crucis, Ayuno y Abstinencia…

NOVENA DE GRACIA
Del 4 al 12 de marzo, en la Parroquia-Santuario de San Benito de La Coruña, se reza la Novena de la Gracia en honor de San Francisco Javier. Se hace por la mañana y por la tarde, unida al ejercicio del Santo Rosario. Los días laborales, el Rosario se reza de 9,30 a 10 de la mañana, y de 7 a 7,30 de la tarde. Los domingos, se reza sólo de 9,30 a 10 de la mañana.

NOVENA DE SAN JOSÉ
El día 11 de marzo empieza la Novena en honor del Patriarca San José. El ejercicio de la Novena se hace mañana y tarde, en el curso del rezo del Santo Rosario, de acuerdo con los horarios que quedan indicados en la información anterior. La novena concluirá el mismo día de la Solemnidad de San José, el 19 de marzo.

LOS 7 DOMINGOS DE SAN JOSÉ
La Fiesta de San José, en la Parroquia-Santuario de San Benito, se prepara, además de hacer la Novena, con el Ejercicio de los Siete Domingos de San José. Una devoción hermosa que lleva a vivir con intensidad, los dolores y gozos más importantes de la vida del Santo Patriarca, para de esta forma, aumentar más la devoción a él y prepararnos mejor para su fiesta.

NOVENA DE LOS DOLORES
Del 18 al 26 de marzo se celebrará también en la Parroquia Santuario de San Benito, la Novena en honor de Nuestra Señora de los Dolores. Esta Novena está organizada por la Cofradia Parroquial del mismo nombre. El Ejercicio se hará como los anteriores actos, en el curso del rezo del Santo Rosario. La Fiesta se celebrará el día 26 de marzo, conocido como “Viernes de Dolores”.

VIA-CRUCIS
En la Parroquia-Santuario de San Benito de la Coruña, todos los viernes de Cuaresma se hace el Ejercicio del Vía-Crucis, al terminar la Misa de 7,30 de la tarde. En esta parroquia, debido a que las estaciones del Vía-Crucis están “eregidas canónicamente”, se puede ganar indulgencia plenaria todos los días del año, según las normas acostumbradas.

AYUNO Y ABSTINENCIA
Recordamos que el Ayuno obliga a todos los bautizados, desde los 18 años a los 59 cumplidos. Los días de Ayuno son dos: el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo. Los enfermos están siempre dispensados.
Por su parte, la Abstinencia de Carne, obliga a todos los cristianos desde los 14 años. Los viernes que no sean de Cuaresma, la obligación de no comer carne se puede cambiar por otro sacrificio: por ejemplo, rezar el Rosario, leer un trozo del Evangelio o dar una limosna. Cuando un viernes coincida con una fiesta de precepto, no se guarda Abstinencia . (Por ejemplo, este año, la Fiesta de San José, debido a que cae en viernes, no se guarda Abstinencia). Los enfermos están siempre dispensados.


Homilía del Domingo 1º de Cuaresma, 21-II-2010: “EL DEMONIO EXISTE Y CAUSA ESTRAGOS EN LA HUMANIDAD”

El Evangelio de la Misa de este primer Domingo de Cuaresma dice: “De nuevo lo llevó el diablo a un monte muy alto…Entonces le respondió Jesús: Apártate, Satanás…”
El diablo existe. La Sagrada Escritura habla de él desde el primero hasta el último libro revelado, desde el
Génesis al Apocalipsis.
Algunos, sin embargo, inclinados a un superficial optimismo, piensan que el mal es meramente una imperfección incidental en un mundo en continua evolución hacia días mejores. Sin embargo, la historia del hombre ha padecido la influencia del diablo. Hay rasgos presentes en nuestros días de una intensa malicia, que no se explican por la sola actuación humana. El demonio, en formas muy diversas, causa estragos en la Humanidad.
Decía Juan Pablo II, en el curso de una audiencia general, que “el demonio provoca numerosos daños de naturaleza espiritual e, indirectamente, de naturaleza incluso física en los individuos y en la sociedad”. En efecto, la actuación del demonio es misteriosa, real y eficaz. Ya San Pedro advertía a los primeros cristianos: sed sobrios y estad en vela, porque vuestro enemigo el diablo anda girando alrededor de vosotros como león rugiente, en busca de presa que devorar. Resistidle firmes en la fe.
De todas formas, con Jesucristo ha quedado mermado el dominio del diablo. Por la obra redentora de Cristo, el demonio sólo puede causar verdadero daño a quienes libremente le permitan hacérselo, consintiendo en el mal y alejándose de Dios. Y, además, para librarnos del influjo diabólico, también ha dispuesto Dios un ángel Custodio o de la Guarda que nos ayuda y proteje. Escribe San Josemaría: Acude a tu Custodio, a la hora de la prueba, y te amparará contra el demonio y te traerá santas inspiraciones.

QUIÉN ES EL DEMONIO
El demonio es un ser personal, real y concreto, de naturaleza espiritual e invisible, que por su pecado se apartó de Dios para siempre. Y su único fin en el mundo es nuestra perdición. Y cada día intentará llevar a cabo ese fin a través de todos los medios a su alcance. Un reflejo de esta actitud se encuentra en las palabras del tentador a nuestros primeros padres: Seréis como dioses.
El demonio es el primer causante del mal y de los desconciertos y rupturas que se producen en las familias y en la sociedad. Decía el Cardenal Newman: “El espíritu maligno que actúa sobre los hijos de la incredulidad, el dios de este mundo, como dice San Pablo, ha cegado los ojos de los que no creen. Y he aquí que se hallan forzados a reñir y discutir porque han perdido su camino; y disputan unos con otros, diciendo uno esto y otro aquello, porque no ven”.
En sus tentaciones, el demonio utiliza el engaño, ya que sólo puede presentar bienes falsos y una felicidad ficticia, que se torna siempre en soledad y amargura. Fuera de Dios no existen, no pueden existir, ni el bien ni la felicidad verdaderos. Fuera de Dios sólo hay oscuridad, vacío y la mayor de las tristezas.
Aunque también es verdad que el demonio no puede llegar a penetrar en nuestra intimidad si nosotros no queremos. El demonio no puede violentar nuestra libertad para inclinarla hacía el mal. Un padre de la Iglesia, llamado Casiano decía que “es un hecho cierto que el demonio no puede seducir a nadie, si no es aquel que libremente le presta el consentimiento de su voluntad”. Y el Santo Cura de Ars afirmaba que “el demonio es un gran perro encadenado, que acosa, que mete mucho ruido, pero que solamente muerde a quienes se le acercan demasiado”.

CRISTO, VENCEDOR DEL DEMONIO
Cristo es el verdadero vencedor del demonio: ahora el príncipe de este mundo será arrojado fuera,dirá Jesús en la Última Cena, pocas horas antes de la Pasión. El Concilio Vaticano II, en el decreto “Ad gentes”, dice que Dios “dispuso entrar en la historia humana de modo nuevo y definitivo, enviando a su Hijo en carne nuestra, a fin de arrancar por Él a los hombres del poder de las tinieblas y de Satanás”.
Sin embargo, el demonio continúa detentando cierto poder sobre el mundo, en la medida en que los hombres rechazan los frutos de la redención. Por eso, no debe extrañarnos el ver, en tantas ocasiones, triunfar aquí el mal y quedar lesionada la justicia.
Pero el Señor nos ha dejado muchos medios para vencer y para vivir en el mundo con la paz y la alegría de un buen cristiano. Entre esos medios está: la oración, la mortificación, la frecuente recepción de la Sagrada Eucaristía y la Confesión, y el amor a la Virgen. ¡Con Nuestra Señora estamos siempre seguros!. El uso del agua bendita es también eficaz protección contra el influjo del diablo. Decía Santa Teresa de Ávila: “De ninguna cosa huyen más los demonios, para no tornar, que del agua bendita”.
José Manuel Ardións, Párroco de San Benito de La Coruña (España).


Homilía del 17 de febrero, Miércoles de Ceniza: “LA CUARESMA, TIEMPO DE CAMBIO Y ESPERANZA”

Comienza la Cuaresma, “tiempo de penitencia y de renovación interior para preparar la Pascua del Señor”, dice el Concilio Vaticano II, en el documento sobre la Sagrada Liturgia.
“Acuérdate, hombre, de que eres polvo y en polvo te has de convertir”, nos dice el sacerdote al imponernos la Ceniza. Y sin embargo, a veces olvidamos que sin el Señor no somos nada. ” De la grandeza del hombre no queda, sin Dios, más que este montoncito de polvo, en un plato, a un extremo del altar, en este Miércoles de Ceniza, con el que la Iglesia nos marca en la frente como con nuestra propia substancia”, afirma J. Leclerq.
Quiere el Señor que nos despeguemos de las cosas de la tierra para volvernos a Él, y que dejemos el pecado que envejece y mata, y retornemos a la Fuente de la Vida y de la alegría: “Jesucristo mismo es la gracia más sublime de toda la Cuaresma. Es Él mismo quien se presenta ante nosotros en la sencillez admirable del Evangelio”,dijo Juan Pablo II, precisamente en una Homilía, en el día de Ceniza.

PENITENCIA: AYUNO Y ABSTINENCIA
La verdadera conversión se manifiesta en la conducta, y además en la preparación y cuidado de la Confesión. Y de un modo especial, el Señor nos pide que le ofrezcamos hoy con alegría, la abstinencia y el ayuno.
Efectivamente, durante la Cuaresma, nos pide la Iglesia esas muestras de penitencia (la abstinencia de carne los Viernes a partir de los 14 años, y el ayuno entre los 18 y los 59 cumplidos) que nos acercan al Señor y dan al alma una especial alegría. También nos pide la limosna que, ofrecida con un corazón misericordioso, desea llevar un poco de consuelo al que está pasando necesidad o contribuir según nuestros medios con las labores de nuestra parroquia u otra obra apostólica.

TIEMPO DE CAMBIO Y ESPERANZA
No podemos dejar pasar este día sin fomentar en nuestra alma un deseo profundo y eficaz de volver una vez más, como el hijo pródigo, para estar más cerca del Señor. San Pablo, en la segunda lectura de la Misa de hoy, nos dice que éste es un tiempo excelente que debemos aprovechar para una conversión. Ahora se nos presenta un tiempo en el cual este recomenzar de nuevo en Cristo va a estar sostenido por una particular gracia de Dios, propia del tiempo litúrgico que hemos comenzado. Por eso, el mensaje de la Cuaresma está lleno de alegría y de esperanza, aunque sea un mensaje de penitencia y mortificación.
Escribe García Dorronsoro, -compañero mío de estudios, en la facultad de Derecho Canónico de la Universidad de Navarra-, en su libro “Tiempo para creer”, que, “cuando uno de nosotros reconoce que está triste, debe pensar: es que no estoy suficientemente cerca de Cristo. Cuando uno de nosotros reconoce en su vida, por ejemplo, la inclinación al mal humor, al mal genio, tiene que pensar eso; no echar la culpa a las cosas de alrededor, que es una manera de equivocarnos, es una manera de desorientar la búsqueda”.
La Cuaresma, concluye Dorronsoro, “es tiempo para que cada uno se sienta urgido por Jesucristo. Para que los que alguna vez nos sentimos inclinados a aplazar esta decisión sepamos que ha llegado el momento. Para que los que tengan pesimismo, pensando que sus defectos no tienen remedio, sepan que ha llegado el momento. Comienza la Cuaresma; mirémosla como un tiempo de cambio y de esperanza”. José Manuel Ardións, párroco de San Benito de La Coruña (España).