Como reacción contra las costumbres paganas y por amor a María, surgió dedicarla el mes de mayo (Homilía: 5º Domingo de Pascua: 2.V.2010)


La dedicación a la Virgen del mes de mayo, nació de la reacción contra las costumbres paganas que existían en muchos lugares en el “mes de la flores”, y sobre todo del amor a la Madre de Dios. Entre las Cantigas de Santa María del rey Alfonso X el sabio, existe una que comienza con las palabras” “¡Bienvenido mayo, mes hermoso y florido!”. En ella, el rey exalta el retorno de mayo porque nos invita a rogar con más honor a María, para que nos libre del mal y nos colme de bienes.

ME LLAMARÁN BIENAVENTURADA
En efecto, la profecía contenida en el canto de María ante Isabel –me llamarán bienaventurada todas las generaciones-, comienza a cumplirse. A través de los siglos, poetas, intelectuales, reyes y guerreros, artesanos, madres de familia, hombres y mujeres, de edad madura y niños que apenas han aprendido a hablar; en el campo, en la ciudad, en la cima de los montes, en las fábricas y en los caminos; en tantas y tan diversas situaciones, millares de voces, en lenguas diversísimas, han cantado las alabanzas a la Madre de Dios.
“Desde los tiempos más antiguos -recuerda el Concilio Vaticano II- la Bienaventurada Virgen María es honrada con el título de Madre de Dios, a cuyo amparo acuden los fieles, en todos sus peligros y necesidades, con sus oraciones”.

OMNIPOTENCIA SUPLICANTE
Todo el pueblo cristiano ha sabido siempre llegar a Dios a través de su Madre. Con una experiencia constante de sus gracias y favores, la ha llamado “Omnipotencia suplicante”, y ha encontrado en Ella el “atajo” para llegar a Dios.
El amor ha inventado numerosas formas para tratarla y honrarla. La Iglesia ha fomentado y bendecido constantemente esta devoción a Santa María, como “camino seguro” para llegar al Señor.
Decía el Papa Pablo VI: “María es siempre el camino que conduce a Cristo. Todo encuentro con Ella no puede menos de terminar en un encuentro con Cristo mismo. ¿Y qué otra cosa significa el continuo recurso a María sino buscar entre sus brazos, en Ella, por Ella y con Ella a Cristo, Nuestro Salvador, a quien los hombres -en los desalientos y peligros de aquí abajo- tienen el deber y experimentan la necesidad de dirigirse como a puerto de salvación y fuente transcendente de la vida?”.

MANIFESTACIONES DE PIEDAD
En el mes de mayo muchos buenos cristianos tienen singulares manifestaciones de piedad a la Virgen Santa María, que alegran todos sus días. Y le ofrecen además especiales obsequios, como romerías, visitas a alguna iglesia a Ella dedicada, pequeños sacrificios en su honor, horas de trabajo bien acabado, o el estudio y el rezo más atento del Santo Rosario.
También hay cristianos que se acuerdan de hacer propia la costumbre del uso del escapulario del Carmen, o se dedican a vivir con más intensidad a saludar las imágenes de María que hay en todo hogar cristiano o que adornan las calles e iglesias de nuestras ciudades y aldeas.

EFICACIA DE LAS ROMERÍAS MARIANAS
Una manifestación tradicional del amor a nuestra Madre es la “Romería” a un santuario o ermita de la Virgen María, con carácter penitencial -expresado quizá en un pequeño sacrificio: ir andando desde un lugar oportuno, vivir algunos detalles de sobriedad que cuesten sacrificio…- y con sentido de hacer algún apostolado, procurando acercar más a Dios -si se diera el caso- a aquellas personas que nos acompañan, y rezando con particular piedad el Santo Rosario.
En esos santuarios y ermitas, miles de personas han encontrado gracias ordinarias y extraordinarias de la Madre de Dios: unos han comenzado una vida nueva, después de realizar una buena Confesión de sus pecados, quizá después de muchos años. Otros han encontrado ayuda para salir adelante de dificultades graves del alma o del cuerpo. Nadie se marchó nunca de esos lugares con las manos vacías.
A tales lugares, pequeños o grandes, donde hay una especial presencia de la Virgen, acuden también personas para dar gracias, para alabar a María, para pedir (¡cuántas veces Santa María habrá escuchado allí peticiones urgentes y esperanzadas!) y también para recomenzar de nuevo después de haber vivido quizá lejos de Dios. Porque, como dijo el Papa Juan Pablo II, “la herencia de fe mariana de tantas generaciones no es, en esos lugares marianos, mero recuerdo del pasado, sino punto de partida hacia Dios”.
José Manuel Ardións, párroco de San Benito de La Coruña (España)


LOS PEREGRINOS A SANTIAGO Y LA VIRGEN DE MONTSERRAT (Su fiesta se celebra el 27 de abril)

El culto de la Virgen de Montserrat, Patrona de Cataluña, es antiquísimo, pues se remonta más allá de de la invasión de España por los Árabes, en el año 711.
La imagen, ocultada entonces, fue descubierta en el siglo IX, concretamente en el año 880. Para darle culto, se edificó inicialmente una capilla. A ella, el rey Wifredo el Velloso, agregó más tarde un monasterio benedictino.

LOS PEREGRINOS A SANTIAGO DIVULGAN LA DEVOCIÓN
En los orígenes, fue un santuario mariano de ámbito regional, pero lo milagros atribuidos a la Virgen de Montserrat fueron cada vez más numerosos, y los peregrinos que iban a Santiago de Compostela los divulgaron y la fama del santuario catalán trascendió las fronteras.
Así, por ejemplo, en Italia se han contado más de ciento cincuenta iglesias o capillas dedicadas a la Virgen de Montserrat. Bajo su advocación se erigieron algunas de las primeras iglesias de México, Chile y Perú, y con el nombre de Montserrat han sido “bautizados” monasterios, pueblos, montes e islas en América.

PEREGRINOS CÉLEBRES A MONTSERRAT
Entre los peregrinos célebres que visitaron el Santuario de Montserrat, destacan San Vicente Ferrer y San Ignacio de Loyola. Y en tiempos más cercanos a nosotros, lo visita también el Fundador del Opus Dei, San Josemaría Escrivá de Balaguer, como se recuerda en el Libro de Oro del Monasterio.
En épocas anteriores también peregrinaron a Montserrat hombres importantes, como Don Juan de Austria, que después de la victoria en la batalla de Lepanto, vuelve a dar gracias a Dios y a depositar su espada a los pies de la Virgen de Montserrat.
Por otra parte, el corazón de toda Cataluña está en Montserrat, donde los monjes benedictinos le hacen corte de honor; y día y noche le tributan culto magnífico a la Madre de Dios.

ANÉCDOTA DE SANTA TERESA
Y como cosa práctica para cada uno de nosotros, termino esta pequeña información sobre la Virgen de Montserrat,en el día de su fiesta, con una anécdota de Santa Teresa de Jesús. Efectivamente, cuenta ella, en el Libro de su “Vida”, que al morir su madre, cuando tenía unos doce años, se dio cuenta de lo que realmente había perdido, y “afligida -escribe la Santa- fuime a una imagen de Nuestra Señora y suplicaba que fuese mi madre, con muchas lágrimas. Paréceme que, aunque se hizo con simpleza, que me ha valido; porque conocidamente he hallado que esta Virgen soberana en cuanto me he encomendado a Ella y, en fin, me ha tornado a sí”.
Pues, también hoy, cada uno de nosotros, con la misma confianza, acudiremos a Nuestra Señora de Montserrat, pidiéndole que nos enseñe el camino de la esperanza, que es el mismo de la filiación divina. Ella, “sentada en su trono, con el Hijo en sus rodillas -como dijo Juan Pablo II, precisamente en Montserrat, el 17-XI-1982-, parece estar esperando poder abrazar con Él a todos sus hijos”.
José Manuel Ardións, párroco de San Benito de La Coruña (España).


DIOS, LA VIRGEN Y EL PAPA, LOS TRES AMORES DE TODO CATÓLICO (Homilía: 4º Domingo de Pascua)

La figura del Buen Pastor determina la liturgia de este domingo. Los primeros cristianos manifestaron una entrañable predilección por la imagen del Buen Pastor. Han quedado innumerables testimonios en pinturas murales, relieves, dibujos que acompañan epitafios, mosaicos y esculturas, en las catacumbas y en los más venerables edificios de la antigüedad. Se presenta, por tanto, una buena ocasión para recordar nuestro amor a los buenos pastores que Cristo dejó, en su nombre, para guiarnos y guardarnos, en la tierra.
En su última aparición, poco antes de la Ascensión, Cristo resucitado constituyó a Pedro pastor de su rebaño y guía de la Iglesia. La imagen del pastor que Jesús se había aplicado a sí mismo pasa a Pedro: él ha de continuar la Misión del Señor, ha de ser su representante en la tierra.
Las palabras de Jesús a Pedro -apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas- indican que la misión del mismo Pedro será la de guardar todo el rebaño del Señor, sin excepción.
Y “apacentar” equivale a dirigir y gobernar. Pedro queda constituido pastor y guía de la Iglesia entera. Como señala el Concilio Vaticano II, Jesucristo “puso al frente de los demás apóstoles al bienaventurado Pedro e instituyó en la persona del mismo el principio y fundamento, perpetuo y visible, de la unidad de la fe y de comunión”.
Donde está Pedro se encuentra la Iglesia de Cristo. Junto a él conocemos con certeza el camino que conduce a la salvación.

SOBRE EL PAPA SE ASIENTA EL EDIFICIO DE LA IGLESIA
Sobre el primado de Pedro -la roca- estará asentado, hasta el fin del mundo, el edificio de la Iglesia. La figura de Pedro se agranda de modo inconmensurable, porque realmente el fundamento de la Iglesia es Cristo, y, desde ahora, en su lugar estará Pedro. De ahí que el nombre posterior que reciban sus sucesores será el de Vicario de Cristo, es decir, el que hace las veces de Cristo.
Pedro -el Papa- es la firme seguridad de la Iglesia, frente a todas las tempestades que ha sufrido y padecerá a lo largo de los siglos. El fundamento que le proporciona y la vigilancia que ejerce sobre ella, como buen pastor, son la garantía de que saldrá victoriosa, a pesar de que estará sometida a pruebas y tentaciones.
Pedro morirá unos años más tarde, pero su oficio de pastor supremo, como dice el Concilio Vaticano II, “es preciso que dure eternamente por obra del Señor, para perpetua salud y bien perenne de la Iglesia, que, fundada sobre roca, debe permanecer firme hasta la consumación de los siglos”.

AMOR AL PAPA
El amor al Papa se remonta a los mismos principios de la Iglesia. Los Hechos de los Apóstoles narran la conmovedora actitud de los primeros cristianos, cuando San Pedro es encarcelado por Herodes Agripa, que espera darle muerte después de la fiesta de Pascua. Mientras tanto, la Iglesia rogaba incesantemente por él a Dios. “Observad los sentimientos de los fieles hacia sus pastores -dice san Juan Crisóstomo-. No recurren a disturbios ni a rebeldía, sino a la oración, que es el remedio invencible”.
Nosotros debemos rezar mucho por el Papa, que lleva sobre sus hombros el grave peso de la Iglesia, y por sus intenciones. Y también es bueno que lo hagamos por sus colaboradores.
En efecto, todos los días sube hacia Dios un clamor de la Iglesia entera rogando “con él y por él”, en todas partes del mundo. No se celebra ninguna Misa sin que se mencione su nombre y pidamos por su persona e intenciones. Por supuesto, el amor y la veneración por el Romano Pontífice es uno de los grandes dones que el Señor nos ha dejado.

NO, A VOCABULARIOS EXTRAÑOS
Junto a nuestra oración, nuestro amor y nuestro respeto para quien hace las veces de Cristo en la tierra. Chevrot, en su libro Simón Pedro, dice:”no cederemos a la tentación, demasiado fácil, de oponer un Papa a otro. No seremos de aquellos que añoran al Papa de ayer o que esperan al de mañana, para dispensarse de obedecer al jefe de hoy. El sucesor de Pedro tiene esos poderes directamente de Cristo. Cuando hablemos del Sumo Pontífice deben desaparecer de nuestro vocabulario expresiones tomadas de la polémica de los periódicos; y no permitamos que hombres extraños a nuestra fe se cuiden de revelarnos el prestigio que tiene sobre el mundo el jefe de la Cristiandad”.

“EL DULCE CRISTO EN LA TIERRA”
Y no habría respeto y amor verdadero al Papa si no hubiera una obediencia fiel, interna y externa a sus enseñanzas y a su doctrina. En el Papa debemos ver a quien está en lugar de Cristo en el mundo: al “dulce Cristo en la tierra”, como solía decir Santa Catalina de Siena; y amarle y escucharle, porque en su voz está la verdad. Y haremos que sus palabras lleguen a todos los rincones del mundo, sin deformaciones. Y daremos a conocer sus enseñanzas, que es parte importante de la tarea apostólica de todo católico.Y así, como dice una bella jaculatoria: “Todos con Pedro (con el Papa)), iremos a Jesús por María. “Omnes cum Petro ad Jesum per Mariam”.
José Manuel Ardións, párroco de San Benito de La Coruña (España)


PROTECCIÓN ECONÓMICA DE SANTIAGO, DURANTE LOS SIGLOS: votos de Santiago, posesiones, privilegios, obras (Año Santo 2010)


Sobre todo en la Edad Media, los Romanos Pontífices han protegido, con su autoridad espiritual, la base material de las iglesias e instituciones. En efecto, apenas habrá Catedral o Monasterio que no tenga en su archivo algún documento, con esa finalidad. Por lo que se refiere a Santiago de Compostela, se conservan más de cincuenta de estos documentos.

GRANDES SUMAS DE BIENES
Efectivamente, como fruto de una devoción y peregrinación universales y crecientes, se reunieron en Santiago de Compostela, grandes sumas de bienes económicos. Aparte del valor comercial extraordinario de un gran foco de viajeros, fluían a Santiago donaciones de numerosas sitios.
Estos bienes se aplicaban al mantenimiento del culto, a la realización de obras, de una tal grandiosidad, que todavía admiramos hoy. También se dedicaron al sustento de hospitales para peregrinos pobres o enfermos, que eran el capítulo más hermoso de la peregrinación compostelana, como decía el célebre obispo Guerra Campos.
A veces, estos bienes se dedicaban a fines universales o nacionales, o iban en ayuda del Papa o de los Reyes. Pero se hicieron también, con estos fondos, muy buenas iglesias, en muchos pueblos de la archidiócesis de Santiago. Tales, como la iglesia parroquial de Santiago de Carril, la parroquial de Corcubión, la iglesia de Santiago de La Coruña y otras.

DONACIONES NACIONALES Y EL VOTO DE SANTIAGO
Las primeras donaciones procedieron de la nación española. Sus reyes -desde Alfonso II, en el tiempo del descubrimiento del Sepulcro de Santiago-le asignaron posesiones. El Apóstol Santiago es el Patrono en el que confía con ardor el Reino astuiano. Por la intercesión del Apóstol, preferido del Señor, se espera la reconquista y la salvación de toda España, después de la invasión árabe del año 711.
Y según se va conseguiendo esta Reconquista, los sucesivos Reyes, intérpretes del sentir del pueblo, manifiestan de distintas maneras, el agradecimiento a Santiago.
Y así sucede cuando el Apóstol hace una demostración milagrosa de su ayuda a los soldados españoles. Entonces, el rey Ramiro I instituyó el célebre Voto de Santiago, por el cual, todas las tierras del Reino se obligaban a pagar un censo anual, y los ejércitos entregarían una parte del botín de guerra, a la iglesia del Apóstol, al que denominaban, Primer Señor y Caballero de la Patria.
Y cuando se logró la liberación total de España, con la incorporación de Granada, los Reyes Católicos incorporaron también a Santiago los nuevos Votos de esta región.

LO PAPAS Y EL CUMPLIMIENTO DE LOS COMPROMISOS
Por su parte, los Pontífices Romanos ratifican y recuerdan expresamente estos compromisos de las tierras españolas y ordenan a los obispos que los hagan cumplir. Se conservan cerca de veinte documentos de los Papas en los que se dan indicaciones sobre su cumplimiento. Entre ellos, están los Papas siguientes: Pascual II, Inocencio II y Alejandro III, en cartas a los prelados de España y Portugal. Celestino III aclara que el Voto es un tributo nacional, sin prescripción. Y lo mismo hacen Inocencio III, Alejandro IV, Martín V, Eugenio IV, Calixto III, Pío II, Paulo V e Inocencio XII. Y otro número largo de Papas afirman que el patrocinio del santo Apóstol cubre posesiones y privilegios jurídicos en España e incluso en otras naciones. Entre ellas, se citan iglesias y hospitales en las diócesis de Agen, Aunch, Vercelli, Cremona, Ferrara, Bolonia, Callense y Palermo.

LA DEFENSA DE OTROS INTERESES
Los Papas Inocencio III, Alejandro IV, Gregorio X y Clemente V, defendieron para Santiago, la posesión del derecho exclusivo a fabricar conchas o insignias de pegrinación, con licencia del Cabildo Compostelano.
Roma intervino también,en algunas ocasiones, a favor de piadosos donantes que deseaban la conservación de su ofrenda, en la Catedral compostelana. Así lo hizo, por ejemplo, Clemente VII de Aviñón, quien prohibe retirar del Altar Mayor una imagen en plata de Santiago, ofrecida por Inguerrano, Señor de Coucy. Igualmente, Nicolás V protegió un objeto donado por Ludovico, Delfín de Francia.

FAVOR PONTIFICIO DE OBRAS COSTOSÍSIMAS, EN SANTIAGO
También los Papas han favorecido las obras costosísimas de reparación, de fábrica o de ornamentación que debió emprender el Cabildo compostelano, en diversas épocas. Los Pontífices lo hicieron de distintas formas. Unas veces dando facilidades para la aplicación de fondos de la iglesia o del arzobispado, y otras, estimulando, con múltiples gracias e indulgencias, la contribución de los fieles, del todo el mundo, para las obras de la Basílica Catedral de Santiago y para el Hospital de Peregrinos. Aparte de varias cartas papales y otros documentos, existe una, por ejemplo, del Papa Paulo IV, llamada “Bula de la Iglesia y Hospital de Santiago”, cuyo Comisario General fue Suárez de Carvajal, obispo de Lugo y Consejero Real. José Manuel Ardións, párroco de San Benito de La Coruña (España).