El misterio de la Virgen de las Nieves: la Basílica de Santa María la Mayor en Roma, su origen y significado. (Homilía: Domingo XVIII del Tiempo Ordinario. 5.VIII.2012).

INTERIOR DE LA BASÍLICA DE SANTA MARÍA LA MAYOR DE ROMA, QUE LA VIRGEN PIDIÓ QUE SE EDIFICARA, A UN MATRIMONIO Y AL PAPA LIBERIO,EN EL SIGLO IV.

Hoy se celebra, en la Ciudad Eterna, la Dedicación de la Basílica de Santa María la Mayor de Roma, levantada en el siglo IV, por el Papa Liberio y  la colaboración de un matrimonio patricio. Esta Basílica, junto al hecho de ser consagrada de un modo muy solemne, en el siglo V, después del Concilio de Éfeso, donde se definió el dogma de la Maternidad de María, también es conocida bajo la advocación de María del Pesebre, porque, en el siglo VII, fué traslado allí desde Belén, el Pesebre que sirvió de cuna al Niño Jesús, la primera noche de Navidad.

 

UN POCO DE HISTORIA

 
En el siglo IV, bajo el pontificado del Papa Liberio, un patricio romano llamado Juan y su esposa, no habiendo tenido hijos, hicieron voto de dejar  por Heredera de su fortuna a la Reina de los Cielos, pero sin saber a ciencia cierta como hacerlo. Al mismo tiempo tuvo un sueño, y también el Papa, por el que supo que la Virgen deseaba que se edificara un hermoso templo en su honor en el monte Esquilino, que apareció cubierto de nieve, cosa insólita, el día 5 de Agosto. Efectivamente, era el 5 de Agosto y arreciaban los calores estivales. El Papa, acompañado de numerosos prelados, sacerdotes y fieles, halló el suelo cubierto por una espesa capa de nieve, en el lugar donde después se edificó la basílica, que se llamó de Santa María la Mayor y que es una de las más célebres del mundo.

 

La Santísima Virgen aceptó agradecida una donación temporal para devolverla centuplicada en bienes celestiales. Quiso que en su honor se construyera un templo para que en él tuvieran asilo las almas y refugio los pecadores. ¡Qué maternal bondad la de María!, desde que el Dios de amor fue concebido y se encarnó para salvarnos en sus virginales entrañas, su corazón se dilató en favor nuestro como un mar inmenso de compasión, dónde podemos ahogar nuestras miserias. ¿No nos dice Ella también como su Hijo divino: Venid a mí todos los que estáis cansados, los que andáis agobiados con cargas y trabajos, que yo os aliviaré?

 

SIMBOLISMO DE LA NIEVE MILAGROSA

 

La intención de la iglesia, al celebrar la fiesta de hoy, no es solamente la de reanimar nuestra confianza en la bondad de María sino además la de honrar su pureza virginal de la que la nieve es emblema, según San Sofronio. El Espíritu Santo no encontró mancha alguna en su purísima esposa. La inocencia de los ángeles, dice San Bernando, no llega a la incomprensible pureza de la Virgen madre. Exenta de pecado original, inundada desde el instante de su Inmaculada Concepción por las más abundantes gracias, enriquecida de los más preciosos privilegios, fué siempre de la blanca y purísima Paloma, la preferida del Dios de santidad, que en Ella encuentra su reposo y sus delicias.

La Virgen colocaba en Dios sólo todos sus afectos, todo su amor. Porque cuanto más amemos a Dios, más habrá de desprenderse nuestra alma de todo lo creado, con lo que la castidad se afirma y se hace fácil. Mientras estemos apegados a nosotros mismos, a nuestro cuerpo, a las satisfacciones de los sentidos y a las criaturas, nos veremos expuestos a lastimar esta angelical virtud. El alma que se eleva por encima de los sentidos y que desea unirse al Señor, se asemeja a las aguas límpidas y transparentes. La luz divina las penetra, les hace ver la nada de los placeres terrenales, y cuán verdaderas son las alegrías que provienen de la virtud.

Finalmente, San Sofronio afirma que, la blancura de la nieve, es emblema de la pureza que  constituye a María Reina de todas las Vírgenes. Por eso la pedimos que nos conceda constante atención a nuestro corazón, para conservarlo siempre para Dios. El papa Juan Pablo II pronunció una homilía en la basílica de Santa María la Mayor de Roma, el 12 de Diciembre de 1978. Y terminó con estas palabras dirigidas a la Santísima Virgen: “Soy todo tuyo, y todas mis cosas tuyas son. Sé Tú mi guía en todo”. Quiera Dios, que nosotros, imitando al Santo Padre, hagamos nuestras estas palabras suyas.

 
José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico. Licenciado en Ciencias de la Información. (Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas nº3613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 253).


UNA PERSONA QUE CONFIARA SÓLO EN SÍ MISMA Y NO EN AL AUXILIO DIVINO, TENTARÍA A DIOS.(Homilía: Domingo XVII del Tiempo Ordinario. 29. VII.20012).

“AQUÍ HAY UN MUCHACHO QUE TIENE CINCO PANES Y DOS PECES”.

Dice Santo Tomás de Aquino, en la Suma Teológica, que “una persona que no se esforzara por hacer lo que está de su parte esperándolo todo del auxilio divino tentaría a Dios, y la gracia de Dios dejaría de actuar”. 

 

CONFIAR EN DIOS Y PONER LOS MEDIOS HUMANOS 

 

A veces, nos hace ver Jesús que los problemas nos superan, que podemos poco o nada ante la situación que tenemos por delante. Y nos pide que no nos fijemos demasiado en los recursos humanos porque nos llevarían al pesimismo, sino que nos apoyemos más en los medios sobrenaturales. Nos pide ser sobrenaturalmente realistas; es decir, contar con Jesús, con su poder. Quiere el Señor que huyamos tanto de pensar en el esfuerzo humano como única ayuda, como de la pasividad, que, bajo pretexto de un abandono total en las manos de Dios, convierte la esperanza en una pereza espiritual disimulada. 

 

Como vemos en el Evangelio de este domingo, el Señor utiliza lo que hay: unos pocos panes y unos pocos peces; lo único que habían podido recoger los Apóstoles. Él puso lo demás. Pero no quiso prescindir de los medios humanos, aunque fueran  pocos. Así hace el Señor en nuestra vida: no quiere que, por insuficientes o escasos los instrumentos con que contamos, nos quedemos sin hacer nada. Jesús nos pide fe, obediencia, audacia y hacer siempre lo que esté en nuestras manos. No dejar de poner ningún medio humano a nuestro alcance y, a la vez, contar con Él, conscientes de que nuestras posibilidades son siempre muy pequeñas. No esperemos a tener todos los medios humanos, no esperemos a que desaparezcan todas las dificultades. En lo sobrenatural siempre hay fruto: El Señor se encarga de ello, el Señor bendice nuestros esfuerzos y los multiplica.

 

OPTIMISMO SOBRENATURAL 

 

Cuando Jesús envía a sus discípulos, en su primera misión apostólica, les urge que salgan sin demora al cumplimiento de su labor. Y, desde el principio, aprendan a apoyarse en los medios sobrenaturales. Y, para que, también desde el principio, aprendan a apoyarse en los medios sobrenaturales les quita toda ayuda humana. Salen así los apóstoles- sin nada- para que se vea que no son suyas las curaciones, las conversiones, los milagros que realizan; que sus cualidades humanas no bastan para que las gentes se dispongan a recibir el Reino de Dios. No deben preocuparse por carecer de bienes materiales y de cualidades humanas extraordinarias. Lo que falte, Dios lo proveerá en la medida necesaria.  

 

Esta audacia santa se repite, una y otra vez, en todo apostolado. ¡Cuántas cosas grandes se han acometido sin disponer de los medios humanos más imprescindibles!. Así han obrado los santos. Ellos han conocido bien que, -como el Concilio Vaticano II, en el Decreto Apostólicam actuositatem-, una persona “que no se esforzara por hacer lo que está de su parte, esperándolo todo del auxilio divino, tentaría a Dios” y la gracia de Dios dejaría de actuar.

 

HACER LO QUE PODAMOS Y EL RESTO LO PONE DIOS

 

Efectivamente, leemos en el Evangelio de la Misa de este domingo, que Jesús se retiró a un lugar solitario con sus discípulos, a la otra parte del lago de Tiberíades. Pero, cuando las muchedumbres se dieron cuenta, le siguieron: El Señor acogió a las gentes  que le buscaban: les hablaba del Reino de Dios, y daba la salud a los que carecían de ella. Jesús se compadece del dolor y de la ignorancia. Pero empezaba a declinar el día. Y los Apóstoles, inquietos, por la hora avanzada y la lejanía del lugar, se ven en la necesidad de advertir al Maestro: Despide a la muchedumbre, para que vayan a los pueblos y aldeas de alrededor, a buscar albergue y a proveerse de alimentos; porque aquí estamos en un lugar desierto.

 

El Señor les sorprende con una pregunta: ¿Con qué compraremos panes para que coman éstos?. Les hace ver la falta de medios económicos: le contestó uno: Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo. Pero los Apóstoles hacen lo que pueden: encuentran cinco panes y dos peces. No poseen más medios. Y había unos cinco mil hombres. Demasiada gente para lo que habían conseguido.

 

El Señor quiso también enseñar a los Apóstoles, desde el principio, a que aprendan a apoyarse en los medios sobrenaturales. Y les quieta incluso todo ayuda humana, por ejemplo cuando les envía sin nada para evangelizar. Y Efectivamente, salen los Apóstoles -sin nada- para que se vea que no son suyas las curaciones, las conversiones, los milagros que realizan; que sus cualidades humanas no bastan para que las gentes reciban el Reino de Dios. No deben preocuparse por carecer de bienes materiales. Lo que falte, Dios lo proveerá en la medida necesaria.

 Esta audacia santa se repite una y otra vez en todo Apostolado. No obstante, el Señor nos pedirá que pongamos todos los medios humanos a nuestro alcance, como si de ello dependiera todo el éxito de la empresa. Ciertamente, siendo los medios sobrenaturales lo más importante en todo apostolado, quiere el Señor que utilicemos también todas las posibilidades  materiales que tengamos.

 

José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico. Licenciado en Ciencias de la Información. (Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 253).

 


NUNCA DEBEMOS OLVIDAR QUE EL DESCANSO ES UNA SITUACIÓN QUE HEMOS DE SANTIFICAR.(Homilía: Domingo XVI del Tiempo Ordinario: 22.VII.2012).

DESPUÉS DE LA PREDICACIÓN,EL SEÑOR INVITA A LOS APÓSTOLES A DESCANSAR UN POCO EN UN SITIO TRANQUILO.

Nunca debemos olvidar que el descanso es una situación que hemos de santificar. Precisamente, el Evangelio de este domingo dice que los Apóstoles después de unas jornadas duras llenas de trabajo, el Señor les dijo: Venid vosotros solos a un sitio a descansar un poco. Se nota que los discípulos, tras una intensa misión apostólica, sienten el cansancio y el desgaste de fuerzas. El Señor, tras darse cuenta enseguida, los cuida. Y añade el Evangelio que se fueron en una barca a un lugar tranquilo y apartado.

CRISTO SINTIÓ LA FATIGA 

En otras ocasiones es el mismo Señor quien se encuentra cansado y se sienta junto al Pozo de Jacob, en Samaría. Y esto nos demuestra como Jesucristo sintió algo tan propio de la naturaleza humana como es la fatiga. Además, en muchas ocasiones, terminaba la jornada extenuado. Así sabemos, por ejemplo, como tras un día de intensa de predicación, se quedó dormido en un extremo de una barca y no se despertó a pesar del fuerte oleaje. Pensemos además que en estos momentos de desgaste físico real, Jesucristo está también redimiendo a la humanidad. Y a nosotros nos debe servir de gran consuelo contemplar al Señor agotado.

Consideremos que, en cuanto a nosotros también, es natural que aparezca el cansancio, en el cumplimiento de nuestros deberes, en la tarea profesional que realizamos, en la mayoría de las veces, como servicio a los demás. Y esos momentos, en los que aparece el cansancio, como compañero inseparable, en vez de quejarnos, hemos de aprender a descansar cerca de Dios y recuperar nuestras fuerzas, teniendo en cuenta que el Señor entiende bien nuestra fatiga, porque Él pasó por situaciones similares. Y así nos recuperaremos acudiendo a Él, recordando las palabras que Él mismo nos dijo: venid a Mí todos los que andáis cansados y agobiados y yo os aliviaré. Y cada uno ofrecemos ese cansancio, unido al de Cristo, por la salvación de las almas y viviremos lo mejor posible la caridad amable con quienes nos rodean.

SABER SANTIFICAR EL DESCANSO

Jesús, aún en los momentos de descanso, toma fuerzas para remover un alma. Así le vemos junto al pozo de Jacob, a pesar de estar agotado, cuando ve que una mujer se acerca para coger agua, Jesús aprovecha la oportunidad para remover a la samaritana a un cambio total de vida. El célebre autor espiritual, Chevrot, en su libro “El pozo de Sicar”, dice que “sólo después de la muerte sabremos a cuántos pecadores les hemos ayudado a salvarse con el ofrecimiento de nuestro cansancio. Sólo entonces comprenderemos que nuestra inactividad forzosa y nuestros sufrimientos pueden ser más útiles al prójimo que nuestros servicios efectivos”.

BENEFICIOS DEL CANSANCIO

Ciertamente, el cansancio nos enseña a ser humildes y a vivir mejor la caridad. En esos momentos, advertimos que no lo podemos todo, que necesitamos de los demás, y el tenerse que dejar ayudar favorece la humildad. Ya lo decía San Pablo, en la Carta a los Gálatas, cuando afirmó: Llevad los unos las cargas de los otros. Y es cierto totalmente que cualquier ayuda a quienes vemos agobiados es siempre una gran manifestación de caridad.

El cristiano debe siempre considerar la vida como un bien inmenso, que no le pertenece y que ha de cuidar. Tengamos en cuenta que hemos de vivir los años que Dios quiere, pero debemos hacerlo dejando realizada la tarea que el Señor tiene prevista para cada uno de nosotros.

José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico. Licenciado en Ciencias de la Información. (Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 253).

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CADA SACERDOTE ES UN INMENSO REGALO DE DIOS AL MUNDO.(Homilía: Domingo Décimo Quinto del Tiempo Ordinario. 15.VII-2012).

Grupo de sacerdotes que se dispone para celebrar la Fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote.

 “No quiero que mengüe la reverencia y el respeto que se debe profesar a los sacerdotes, porque la reverencia y el respeto que se les manifiesta no se dirige a ellos, sino a Mí, en virtud de la Sangre que Yo les he dado para que la administren. Si no fuera por esto, deberías dedicarles la misma reverencia que a los seglares y no más. No se les ha de ofender: ofendiéndoles, se me ofende a Mí, y no a ellos. Por eso lo he prohibido, y he dicho que no admito que sean tocados mis Cristos”. Palabras del Señor a Santa Catalina de Siena.  

 

INSTRUMENTO DE CRISTO VIVO, EN EL MUNDO  

 

Ciertamente, el Señor, presente de muchas maneras entre nosotros, se nos muestra muy cercano en la figura del sacerdote. Cada sacerdote es un inmenso regalo de Dios al mundo; es Jesús, que pasa haciendo el bien, curando enfermedades, dando paz y alegría a las conciencias. El sacerdote es “el instrumento vivo de Cristo en el mundo”, dijo el Concilio Vaticano II. Decía San Josemaría que el sacerdote presta a Nuestro Señor la voz, las manos, todo su ser. Y, en la Santa Misa renueva –in persona Christi- el mismo Sacrificio redentor del Calvario. Hace presente y eficaz, en el tiempo, la Redención obrada por el Señor.  “Jesús -recordaba el Papa Beato Juan Pablo II, a los sacerdotes brasileños, en julio de 1980- nos identifica de tal modo consigo en el ejercicio de los poderes que nos confirió, que nuestra personalidad es como si desapareciese delante de la suya, ya que es Él quien actúa por medio de nosotros”.   

 

En la Santa Misa, es Jesucristo quien cambia la sustancia del pan y del vino en su Cuerpo y en su Sangre. Y el citado San Josemaría, afirmaba en una Homilía: “es el propio Jesús quien, en el Sacramento de la Penitencia, pronuncia la palabra autorizada y paterna: Tus pecados te son perdonados. Y es Él quien habla cuando el sacerdote, ejerciendo su ministerio en nombre y en el espíritu de la Iglesia, anuncia la Palabra de Dios. Es el propio Cristo quien cuida de los enfermos, a los niños y a los pecadores, cuando les envuelve el amor y la solicitud pastoral de los ministros sagrados”.  Pensemos que, un sacerdote es para la humanidad más valioso que todos los bienes materiales y humanos juntos. Por eso, hemos de pedir mucho por la santidad de los sacerdotes, y hemos de ayudarles y sostenerlos con la oración y nuestro aprecio. Y debemos ver en ellos al mismo Cristo.  

 

EL SACERDOTE ACTÚA EN LA PERSONA DE CRISTO  

 

El sacerdote actúa en la persona de Cristo. Y Dios toma posesión del que ha llamado al sacerdocio, lo consagra para el servicio de los demás hombres, sus hermanos, y le confiere una nueva personalidad. Y este hombre elegido y consagrado al servicio de Dios y de los demás, lo es siempre y en todos los momentos. Lo mismo que un cristiano no puede dejar a un lado su carácter, recibido en el Bautismo, tampoco el sacerdote puede hacer abstracción de su carácter sacerdotal.  Afirma San Pablo que el sacerdote es constituido administrador de los tesoros de Dios: el Cuerpo y la Sangre de Cristo, que dispensa en la Misa y en la Comunión; y también de la gracia de Dios en los sacramentos; de la palabra divina, mediante la predicación, la catequesis, los consejos de la Confesión, etc. Consideremos, por tanto, como es nuestra oración por los sacerdotes  y cómo les ayudamos para que sean fieles y santos. 

 

 LOS SACERDOTES PROLONGAN LA HUMANIDAD SANTÍSIMA DE CRISTO 

 

Los sacerdotes son como una prolongación de la Humanidad Santísima de Cristo, pues a través de ellos se siguen obrando en las almas los mismos milagros que realizó el Señor, en su paso por la tierra. Pues bien sabemos que los que mueren a la vida sobrenatural por el pecado mortal, recuperan la vida de la gracia, en el Sacramento de la Confesión.  En realidad, el sacerdote no busca compensaciones humanas, ni honra personal, ni prestigio humano, ni medidas humanas de su labor. Sino que viene a traernos la vida eterna. Y esto es  lo específico del sacerdocio. Y es también de lo que más necesitado está el mundo. Por eso, hemos de rezar y pedir mucho que haya siempre los sacerdotes necesarios en la Iglesia. Igualmente debemos rezar para que luchen por ser santos. Y, si es posible, hemos de pedir y fomentar vocaciones al sacerdocio, entre los miembros de nuestra familia, entre los hijos, entre los hermanos y parientes.

 

Pensemos ¡qué inmensa será la alegría para una familia si Dios la bendice con el don de un sacerdote!.  Realmente, todos los fieles católicos tenemos la gratísima obligación de ayudar a los sacerdotes, especialmente con la oración: para que celebren con dignidad la Santa Misa y dediquen muchas horas al confesionario; para que tengan en el corazón la administración de los sacramentos a los enfermos y a los ancianos y cuiden con esmero la catequesis. Igualmente hemos de rezar para que se preocupen del decoro de la Casa de Dios y para que sean alegres, pacientes, generosos, amables y trabajen infatigablemente por la extensión del Reino de Cristo. Y también debemos ayudarles con generosidad,  en sus necesidades económicas. Y procuraremos prestarles nuestra colaboración en aquello que podamos.  Finalmente, hagamos el propósito firme de jamás hablar mal de ellos. Precisamente, San Josemaría en un libro suyo, tan conocido, como es Camino, dejó escrito lo siguiente: “¡De los sacerdotes de Cristo no se ha de hablar más que para alabarles!”.  

 

José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico. Licenciado en Ciencias de la Información. (Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, n. 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 253).