EN LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO, LOS HOMBRES SE DIRIGIRÁN HACIA JESÚS TRIUNFANTE: (HOMILÍA: 1º Domingo de Adviento. 2.XII.2012).

LA VUELTA DE JESUCRISTO, AL FINAL DE ESTE MUNDO.

El tiempo de Adviento prepara nuestras almas a la expectación de la segunda venida de Cristo al final de los tiempos; entonces el mundo verá al Hijo del hombre venir sobre una nube con gran poder y majestad para juzgar a vivos y muertos en un juicio universal, antes de que lleguen los cielos nuevos y la tierra nueva donde mora toda justicia. Y mientras tanto,la Iglesia peregrina lleva en sus Sacramentos e instituciones la imagen de este siglo que pasa, y ella misma vive entre las criaturas que gimen con dolores de parto al presente, en espera de la manifestación de los hijos de Dios”, afirma el Concilio Vaticano II, en la Constitución Lumen gentium.

 

APARECERÁ EN EL CIELO LA SANTA CRUZ

 

Vendrá Jesucristo como el Redentor del mundo, como Rey, Juez y Señor de todo el Universo. Y sorprenderá a los hombres ocupados en sus negocios, sin advertir la inminencia de su llegada: como el relámpago sale de Oriente y brilla hasta el Occidente, así será la venida del Hijo del Hombre. Se reunirán a su alrededor buenos y malos, vivos y difuntos: todos los hombres se dirigirán irresistiblemente hacia Cristo triunfante, atraídos los unos por el amor, forzados los otros por la justicia.

 

Aparecerá en el cielo la señal del Hijo del hombre, la Santa Cruz. Esa Cruz tantas veces despreciada, tantas abandonada, escándalo para los judíos, necedad para los gentiles, que había sido considerada como algo sin sentido; esa Cruz se presentará ante la mirada asombrada de los hombres, como signo de salvación. Jesucristo, con toda su gloria, se mostrará ante aquellos que -en El o en su Iglesia- le negaron; ante los que, no contentos con esto, le persiguieron; ante los que vivieron ignorándole. También se manifestará a quienes le amaron con obras. La humanidad entera se dará cuenta de que Dios le ensalzó y le dio un nombre superior a todo nombre, a fin de que al nombre de Jesús, se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en el infierno, y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor para la gloria de Dios Padre.

 

LLEGADA DE JESÚS

 

El Señor enviará a su ángeles que, con trompeta clamorosa, reunirán a los elegidos desde los cuatro vientos, de un extremo al otro de los cielos. Allí estarán todos los hombres desde Adán. Y todos comprenderán, con entera claridad, el valor de la abnegación, del sacrificio, de la entrega a Dios y a los demás. En la segunda venida de Cristo se manifestará públicamente el honor y la gloria de los santos, porque muchos de ellos murieron ignorados, despreciados, incomprendidos, y serán ahora glorificados a la vista de todos.

 

Los propagadores de herejías recibirán el castigo que acumularon a lo largo de los siglos, cuando sus errores pasaban de unos a otros, siendo un obstáculo para que muchos encontraran el camino de la salvación. De  la misma manera, quienes llevaron la fe a otras almas y encendieron a   otros en el amor de Dios recibirán el premio por el fruto que su oración y sacrificio produjo a lo largo de los tiempos. Verán los resultados en el bien que tuvieron cada una de sus oraciones, de sus sacrificios, de sus desvelos.

 

Se verá el verdadero valor de hombres tenidos por sabios, pero maestros del error, que muchas generaciones rodearon de alabanza y consideración, mientras que otros eran relegados al olvido, cuando debieron ser considerados y llenos de honor. Estos recibirán entonces la paga de sus trabajos, que el mundo les negó.

 

El juicio del mundo servirá para glorificación de Dios, pues hará patente Su Sabiduría en el gobierno del mundo, Su bondad y Su paciencia con los pecadores y, sobre todo, Su justicia retributiva. La glorificación del Dios-Hombre, Jesucristo, alcanzará su punto culminante en el ejercicio de su potestad judicial sobre el Universo. Los juicios particulares no serán revisados en el juicio universal, sino confirmados y dados a conocer públicamente. En el juicio universal cada hombre será juzgado ante toda la humanidad y como miembro de la sociedad humana. Entonces se complementarán el premio y el castigo al hacerlos extensivos al cuerpo resucitado, como dijo Santo Tomás de Aquino.

 

PREPARAR AHORA EL JUICIO

 

Pero para quienes le tratamos a lo largo de la vida, Jesucristo no será un juez desconocido, porque procuramos servirle cada día de nuestra existencia terrena. Podemos ser amigos íntimos del que ha de juzgarnos, y cada día debe ser más grande esa amistad. Y nos conviene meditar con alguna frecuencia sobre el propio juicio al que nos encaminamos. Cada vez nos encontramos más cerca. Y veremos la mirada de Cristo -juez y amigo- sobre nuestra vida, que nos animará a  ir  llenándola de pequeñas cosas que no pasan inadvertidas para El, aunque los hombres muchas veces no las perciban ni las valoren. El examen de conciencia diario y la práctica de la Confesión frecuente son medios importantes para preparar cada día ese encuentro definitivo con el Señor, que tendrá lugar dentro de un tiempo quizá no muy largo.

 

José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico. Licenciado en Ciencias de la Información. (Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 253).


EL REINADO DE CRISTO NO ES COMO LOS DE LA TIERRA. (Domingo 34º del Tiempo Ordinario: Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo. 25.XI.2012).

            

PILATO LE DIJO:¿TÚ ERES REY?. JESÚS LE CONTESTÓ: “SOY REY. PARA ESTO HE VENIDO AL MUNDO; PARA SER TESTIGO DE LA VERDAD”.

Jesús es rey de todos los seres, pues todas las cosas han sido hechas por Él, y de los hombres en particular, que hemos sido comprados a gran precio. A María le dijo el Ángel: Darás a luz un hijo, al cual dará Dios el trono de David, y su reino no tendrá fin. Pero su reino no es como los de la tierra. Durante su Vida Pública no cede nunca al entusiasmo de las multitudes, demasiado humano y mezclado con esperanzas meramente temporales: sabiendo que le buscaban para proclamarlo rey, huyó. Sin embargo, acepta el acto de fe mesiánica de Natanael: tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel. Es más, el Señor evoca una antigua profecía para confirmar y dar profundidad a sus palabras: Veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar en torno al Hijo del Hombre. 

 

JESÚS QUIERE REINAR SOBRE NOSOTROS 

 

Jesús afirmó su condición de Mesías y de Hijo de Dios. Sin embargo, las autoridades judías, en la ceguera de su incredulidad, llegan a reconocer al César romano un poder político exclusivo, con tal de rechazar la realeza de Jesús y acabar con Él. A pesar de todo, en el madero de la Cruz estará para siempre escrito: Jesús nazareno, Rey de los judíos. A Pilato le ha dicho que su Reino no es de este mundo. A nosotros nos dice que su reinado es de paz, de justicia, de amor; Dios Padre ha arrancado (a los hombres) del dominio de las tinieblas para trasladarlos al Reino de su Hijo, en quien tiene la Redención.

 

Sin embargo, ahora son también muchos quienes le rechazan. Parece oírse, en muchos ambientes, aquel grito pavoroso: no queremos que reine sobre nosotros. ¡Qué misterio de iniquidad tan grande es el pecado! ¡Rechazar a Jesús!. El reino del pecado -donde el pecado habita- es un reino de tinieblas, de tristeza, de soledad, de engaño, de mentira. Todas las tragedias y calamidades del mundo, y nuestras miserias, tienen su origen en estas palabras: No queremos que  Cristo reine sobre nosotros. Pero tú y yo, le decimos con Leclerq, célebre escritor francés: “Tú eres el rey de mi corazón. Rey de este mundo íntimo dentro de mí mismo donde nadie penetra y donde únicamente yo soy señor. Jesús es Rey ahí en mi corazón. Tú lo sabes bien Señor”.

 

 UN REINO DE SANTIDAD Y DE GRACIA 

 

Por desgracia, son muchos lo que ignoran que Cristo es el único Salvador, el que da sentido a los acontecimientos humanos, a nuestra vida. Aquel que constituye la alegría y la plenitud de los deseos de todos los corazones, el verdadero modelo, el hermano de todos, el Amigo insustituible, el único digno de toda confianza.Y, al contemplar al Rey con corona de espinas, le decimos que queremos que Cristo reine en nuestra vida, en nuestros corazones, en nuestras obras, en todo lo nuestro. 

 

José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico. Licenciado en Ciencias de la Información. (Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 253).


LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO, SI HEMOS SIDO FIELES, SERÁ UNA GRAN FIESTA. (Homilía: 33º Domingo del Tiempo Ordinario: 18-XI-2012).

EL JUICIO FINAL TAL COMO ESTÁ REPRESENTADO EN LA CAPILLA SIXTINA DEL VATICANO.

El Catecismo Romano testifica dos venidas del Hijo de Dios. Una, cuando, por nuestra salvación tomó carne y se hizo hombre en el seno de la Virgen. Otra, cuando vendrá al fin del mundo a juzgar a todos los hombres. Esta última es llamada día del Señor.

 

ESPERANZA EN ESTE DÍA

 

La esperanza en este día del Señor, sin duda nos ayudará a ser fieles, especialmente si alguna vez el ambiente que nos rodea es adverso y está lleno de dificultades. Es cierto que el Señor permite que, en ocasiones, suframos algo por ser fieles a sus enseñanzas o que nos llegue la enfermedad o el dolor, para que aumentemos nuestra confianza en Él y vivamos mejor el desprendimiento de la honra, de la salud, del dinero, etc., para hacernos dignos del reino que nos tiene preparado.

 

Y esto sucede así, porque como dijo el Papa Pablo VI, en el Credo del Pueblo de Dios, “el reino de Dios, iniciado aquí abajo en la Iglesia de Cristo, no es de este mundo, cuya figura pasa, y su  crecimiento propio no puede confundirse con el progreso de la civilización, de la ciencia o de la técnica humanas, sino que consiste en conocer cada vez más profundamente las riquezas insondables de Cristo, en esperar cada vez con más fuerza los bienes eternos, en corresponder cada vez más ardientemente al amor de Dios, en dispensar cada vez más abundantemente la gracia y la santidad entre los hombres”.

 

VENDRÁ RODEADO DE MAJESTAD Y GLORIA

 

Ciertamente,  al  final de los siglos, como anunció el profeta Daniel, rodeado de majestad y gloria, vendrá Jesucristo,  como Rey, Juez y Señor del Universo, no para ser juzgado, sino para llamar a su tribunal a aquellos por quienes fue llevado a Juicio. Aquel que antes, mientras es juzgado, guardó silencio, ahora refrescará la memoria de los malhechores que osaron insultarle cuando estaba en la Cruz.

 

“Entonces -enseña San Cirilo de Jerusalén-, por su clemente providencia, vino a enseñar a los hombres, con suave persuasión; en otra ocasión, futura, lo quieran o no, los hombres tendrán que someterse, necesariamente a su reinado. Por esa razón, en nuestra profesión de fe, tal como la hemos recibido por tradición, decimos que creemos en aquel que subió al Cielo, y está sentado a la Derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin”.Y se mostrará glorioso a quienes le fueron fieles a lo largo de los siglos, y también ante quienes le negaron, o le persiguieron, o vivieron como si su Muerte en la Cruz hubiera sido un acontecimiento sin importancia.

 

 Y, entonces, la humanidad entera se dará cuenta de cómo Dios Padre, a Jesucristo -dice San Pablo a los Filipenses-, le ensalzó y le dio un nombre superior a todo nombre, a fin de que al nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en el infierno, y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor para la gloria del Padre.

 

José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico. Licenciado en Ciencias de la Información. (Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 253).


LA LIMOSNA, PRELUDIO DE BIENES ETERNOS. (Homilía: 32º Domingo del Tiempo Ordinario. 11.XI.2012).

EL SEÑOR OBSERVA COMO UNA POBRE VIUDA ECHA LIMOSNA, EN EL TEMPLO DE JERUSALÉN.

“Esto dice el Señor: Me diste poco, recibirás mucho; me diste bienes terrenos, te los devolveré celestiales; me los diste temporales, los recibirás eternos”, afirma San Agustín, en uno de sus Sermones.

 

EL SEÑOR OBSERVA A LOS QUE ECHAN LIMOSNA

 

Efectivamente, el Evangelio de este Trigésimo Segundo Domingo del Tiempo Ordinario presenta al Señor ante el cepillo de las ofrendas para el Templo de Jerusalén. Observa cómo las gentes depositan allí su limosna y bastantes ricos echaban mucho.

 

Entonces, se acercó una viuda pobre y echó dos monedas, que hacen la cuarta parte de un as. Se trataba de dos monedas de escaso valor. Mientras ella se marchaba, el Señor congregó a sus discípulos y les dijo: En verdad os digo que esta viuda pobre ha echado más que todos los otros, pues todos han echado algo de lo que les sobraba; ella, en cambio, en su necesidad, ha echado todo lo que tenía, todo su sustento. El Señor alaba en esta mujer la generosidad de las limosnas. Y más que en la cantidad misma, Jesús se fija en las disposiciones interiores que mueven a obrar. Como dice San Juan Crisóstomo, no mira tanto “la cantidad que se ofrece, sino el afecto con que se le ofrece”.

 

La limosna es una obra de misericordia gratísima al Señor, que no deja nunca de recompensar. Jamás será pobre una casa caritativa, repetía el santo Cura de Ars. Su práctica habitual atrae la benevolencia divina. En la Sagrada Escritura es vivamente recomendada. Nunca temás dar limosna –se lee en el Libro de Tobías- porque de ese modo atesoras una buena reserva para el día de la necesidad. Porque la limosna libra de la muerte e impide caer en las tinieblas. Es un don valioso para cuantos la practican en presencia del Altísimo.

 

LA LIMOSNA BROTA DE UN CORAZÓN MISERICORDIOSO

 

En realidad, la limosna brota de un corazón misericordioso que lleva consuelo al que padece necesidad, o contribuye al sostenimiento de la Iglesia y de obras buenas dirigidas al bien de la sociedad. Esta práctica conduce al desprendimiento y prepara el corazón para entender mejor los planes de Dios.

 

Los primeros cristianos manifestaron su amor a los demás viviendo con especial esmero la preocupación por atender las necesidades de sus hermanos. De ahí las innumerables referencias que encontramos en los Hechos de Apóstoles y en las Epístolas de San Pablo sobre el modo de vivir esta obra de misericordia. No sólo daban de  lo que les sobraba: en muchos casos -como ocurría en Macedonia- pasaban entonces por duros momentos económicos. Y el Apóstol no deja de alabarlos, pues en medio de una gran tribulación y extrema pobreza, se desbordaron en tesoros de generosidad.

 

Y no sólo contribuyeron con generosidad en la colecta en favor de los cristianos de Jerusalén, sino que se dieron a sí mismos, primeramente al Señor y luego, por voluntad de Dios, a nosotros. Precisamente, comentando este pasaje, Santo Tomás de Aquino afirma que “así debe ser el orden en el dar: que primero el hombre sea acepto a Dios, porque si no es grato a Dios, tampoco serán recibidos sus dones”.

 

LA LIMOSNA ATRAE LA BENDICIÓN DE DIOS

 

Dice el Catecismo Romano que la limosna atrae la bendición de Dios y produce abundantes frutos: cura las heridas del alma, que son los pecados. Y San Cipriano afirma que es “defensa de esperanza, tutela de la fe, medicina del pecado; está al alcance de quien la quiere efectuar, grande y fácil a la vez, sin peligro de que nos persigan por ella, corona de la paz, verdadero y máximo don de Dios, necesaria para los débiles, gloriosa para los fuertes. Con ella el cristiano alcanza la gracia espiritual, consigue el perdón de Cristo juez y cuenta a Dios entre sus deudores”.

 

La limosna, en fin, debe nacer de un corazón compasivo, lleno de amor a Dios y a los demás. Dios premiará con creces nuestra generosidad. No demos nunca con mala gana o con tristeza, porque -dice San Pablo-Dios ama al que da con alegría. Y “aún en esta vida -escribe Santa Teresa- los paga Su Majestad por unas vías que sólo quien goza de ello lo entiende”.

 

José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico. Licenciado en Ciencias de la Información. (Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 253).