EL RICO EGOISTA, EL DRAGÓN Y LOS ÁNGELES MALOS, AL INFIERNO. EL POBRE LÁZARO Y LOS ÁNGELES FIELES, AL CIELO. (Homilía: Domingo XXVI del Tiempo Ordinario. 29-IX-2013).

 

EL QUE NO VIVE EL DESPRENDIMIENTO TERMINA ADORANDO UN BECERRO DE ORO.

 

 El Evangelio de la Misa del Domingo XXVI del Tiempo Ordinario nos presenta a un hombre rico que hacía mal uso de sus bienes y a un pobre, llamado Lázaro, que se le negaban incluso las migajas que caían de la mesa del acaudalado.

 

Tristemente, este personaje acaudalado tenía un sentido de la vida, una manera de vivir que consistía en banquetearse, vivir para sí, como si Dios no existiera, como si no lo necesitara. Y, de esta forma, vive –como se dice vulgarmente- a sus anchas, en la abundancia. No dice la parábola, que pronuncia Jesús, que esté contra Dios ni contra el pobre: únicamente está ciego para ver a Dios y a uno que lo necesita. Vive constantemente para sí mismo. Quiere encontrar la felicidad en el egoísmo, no en la generosidad. Y debemos tener en cuenta que el egoísmo ciega y degrada a la persona.

 

Además, bien sabemos que el egoísmo y el aburguesamiento impiden ver las necesidades ajenas. Y la consecuencia es que esto lleva a tratar a las personas como cosas sin valor, que se toman o se dejan, según interese. Y la realidad es que todos tenemos mucho que dar: afecto, comprensión, cordialidad y aliento, trabajo bien hecho y acabado, limosna a gente necesitada o a obras buenas, la sonrisa cotidiana, un buen consejo, ayudar a nuestros familiares y amigos para que se acerquen a los sacramentos, animarlos a asistir a  la Santa Misa los domingos y los demás días de precepto.

 

Con el ejercicio que hagamos de la riqueza –mucha o poca- que Dios ha depositado en nosotros, nos ganamos la vida eterna. El tiempo que estamos en la tierra es tiempo de merecer. Es tiempo también de ser generosos, tratando a los demás como hijos de Dios. De esta forma, seremos felices aquí en la tierra y más tarde en la otra vida. No olvidemos que la caridad, en sus muchas formas, es siempre realización del reino de Dios, y el único bagaje que sobrenadará en este mundo que pasa. Y tal desasimiento ha de ser efectivo, natural y discreto, positivo, interno, actual y alegre.

 

COINCIDENCIA CON EL DÍA DE SAN MIGUEL

 

 En coincidencia con la Fiesta de San Miguel que celebramos hoy, recordamos que precisamente, en la primera lectura de la Misa de este santo Arcángel, tomada del Apocalipsis, se dice que, en el Cielo se entabló un gran combate. Miguel y sus ángeles lucharon contra el dragón. También lucharon el dragón y sus ángeles, pero no prevalecieron, ni hubo ya lugar para ellos en el Cielo. Fué arrojado aquel dragón, la serpiente antigua, llamado Diablo y Satanás, que seduce a todo el universo y también fueron arrojados sus ángeles con él.

 

Y dice el Papa San Gregorio Magno que los Santos Padres interpretan estos versículos del Apocalipsis como testimonio de la lucha entre San Miguel y el diablo, cuando fueron sometidos a prueba los espíritus angélicos. Bajo esta luz entendieron también la lucha que Satanás sostiene contra la Iglesia a lo largo de los siglos y que se radicalizará al final de los  tiempos.

 

Esta actuación del diablo en la sociedad y en las personas, que a veces se expresa con gran fuerza y se percibe de forma casi palpable, ha llevado a la Iglesia a invocar a San Miguel como guardián en las adversidades y contra las asechanzas del demonio. Manda, Señor, en ayuda de tu pueblo al gran Arcángel Miguel, para que nos sintamos protegidos en nuestras luchas contra Satanás y sus ángeles, se dice en las preces de Laudes, del día de San Miguel. Y el Papa beato Juan Pablo II, en 1987, en el curso de una alocución, recitó, en nombre de toda la Iglesia, una antigua oración a San Miguel, que dice así: Arcángel San Miguel, defiéndenos en la lucha, sé nuestro amparo contra la maldad y las asechanzas del demonio. Pedimos suplicantes que Dios lo mantenga bajo su imperio; y tú, Príncipe de la milicia celestial, arroja al infierno, con el poder divino, a Satanás y a los otros espíritus malvados que andan por el mundo tratando de perder a las almas. Amén.

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José Manuel Ardións Neo, Párroco de San Benito deLa Coruña.Doctor en Derecho Canónico y Licenciado en Ciencias de la Información.Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229.


Catecismo de la Doctrina Cristiana –(Lección 14ª). EL PADRENUESTRO Y SUS SIETE PETICIONES.

REZANDO EL PADRE NUESTRO:”VENGA A NOSOTROS TU REINO”.

 

EL PADRENUESTRO

Jesús mismo nos enseñó esta oración. Es la oración de los hijos de Dios, dirigida al Padre y compuesta a modo de siete peticiones.

Padre nuestro que estás en el Cielo,
1ª Santificado sea tu nombre;
2ª Venga a nosotros tu reino;
3ª Hágase tu voluntad en la tierra
como en el Cielo.
4ª Danos hoy nuestro pan de cada día;
5ª Perdona nuestras ofensas, como también
nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
6ª No nos dejes caer en la tentación,
7ª Y líbranos del mal.
Amén.

– ¿Por qué decís primero: “Padre nuestro, que estás en el Cielo?”
– Decimos Padre nuestro, que estás en Cielo, para levantar el corazón a Dios y pedirle gracias con humildad y confianza.

¿Cuál es la primera petición?
– La primera petición es: “santificado sea tu nombre”.
-¿Qué pedís en la primera petición?
– Pedimos en la primera petición que el nombre de Dios sea conocido y honrado por todo el mundo.
¿Cuál es la segunda petición?
– La segunda petición es: “venga a nosotros tu reino”.
-¿Qué pedís en la segunda petición?
– Pedimos en la segunda petición que reine Dios en nuestras almas acá, en la tierra, por gracia, y después nos dé la gloria.
-¿Cuál es la tercera petición?
– La tercera petición es “hágase tu voluntad en la tierra como en el -Cielo”.
– ¿Qué pedís en la tercera petición?
– Pedimos en la tercera petición que hagamos la voluntad de Dios los que estamos en la tierra, como lo hacen los bienaventurados en el Cielo.
-¿Cuál es la cuarta petición?
-La cuarta petición es: “Danos hoy nuestro pan de cada día”.
-¿Qué pedís en la cuarta petición?
– Pedimos en la cuarta petición que nos dé Dios el mantenimiento conveniente para el cuerpo, el espiritual de la gracia y los Sacramentos para el alma.
-¿Cuál es la quinta petición?
-La quinta petición es: “perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.
-¿Qué pedís en la quinta petición?
-Pedimos en la quinta petición que nos perdone Dios nuestros pecados, así como nosotros perdonamos a los que nos han agredido y hecho mal.
-¿Cuál es la sexta petición?
-La sexta petición es: “no nos dejes caer en la tentación”.
-¿Qué pedís en la sexta petición?
-Pedimos en la sexta petición que no nos deje Dios caer ni consentir en los malos pensamientos y tentaciones, con que el demonio procura hacernos caer en pecado.
-¿Cuál es la séptima petición?
-La séptima petición es: “y líbranos del mal”.
-¿Qué pedís en la séptima petición?
-Pedimos en la séptima petición que nos libre Dios de todos los males y peligros espirituales y corporales.
-¿Qué quiere decir la palabra “Amén”, que decís al final?
-La palabra “Amén” quiere decir “así sea, así lo deseo, así lo pido al Señor y así lo espero”.


LA POBREZA ES UNA VIRTUD QUE TODOS LOS CRISTIANOS HAN DE VIVIR, EN MEDIO DEL MUNDO. (Homilía. Domingo XXV del Tiempo Ordinario: 22-IX-2013).

 

BIENAVENTURADOS LOS POBRES DE ESPÍRITU, PORQUE DE ELLOS ES EL REINO DE LOS CIELOS.

 

La pobreza es una virtud cristiana que el Señor pide a todos –religiosos, sacerdotes, madres de familia, abogados, profesores, estudiantes…-, pero es evidente que los cristianos en medio del mundo han de vivirla de un  modo distinto a los religiosos que, por su propia vocación, han de dar un testimonio, en cierto modo, público y oficial de su consagración a Dios.

 

Ciertamente, la pobreza del cristiano corriente se hace a base de desprendimiento, de confianza en Dios, de sobriedad y disposición a compartir con los demás. Por eso, el católico ha de aprender a armonizar que el corazón no se satisface con las cosas creadas, sino que aspira al Creador, que desea llenarse de amor de Dios y, a la vez, amar el mundo y todas las cosas buenas que hay en el mundo, utilizándolas para resolver los problemas de la vida humana. Y para establecer el ambiente espiritual y material que facilite el desarrollo de las personas y de la sociedad.

 

NO PODEMOS SERVIR A DIOS Y A LAS RIQUEZAS

 

El Señor hace resonar en todos los tiempos sus palabras que recoge el evangelista San Lucas: no podéis servir a Dios y a las riquezas. Es imposible agradar a Dios, llevarle por todos los caminos de la tierra, si al mismo tiempo no estamos dispuestos a hacer renuncias –a veces costosas- en la posesión y disfrute de los bienes materiales.

 

Este aviso del Señor, puede a muchos parecer extraño, cuando un desmedido afán de comodidades alimenta a diario la codicia de las gentes. Y tristemente, son muchos los que aspiran a tener más, a gastar más, a conseguir el mayor número de placeres posibles, como si ese fuera el fin del hombre sobre la tierra.

 

Por su parte, en la práctica, la pobreza real tiene muchas manifestaciones. En primer lugar, estar desprendidos de los bienes materiales, disfrutándolos como bondad creada de Dios que son, pero sin considerar necesarias para la salud, para el descanso, etcétera, cosas de las que se puede prescindir con un poco de buena voluntad.

 

LA VERDADERA POBREZA

 

Ya San Agustín aconsejaba a los cristianos de su tiempo: “Buscad lo suficiente, buscad lo que basta. Lo demás es agobio, no alivio; apesadumbra, no levanta”. ¡Qué bien conocía el  corazón humano! Porque la verdadera pobreza cristiana es incompatible, no sólo con los bienes superfluos, sino también con la inquieta solicitud de los necesarios. Si se diera esa apetencia desordenada, tristemente indicaría que su vida espiritual se está deslizando hacia la tibieza, hacia el desamor.

 

Debemos tener en cuenta que, la pobreza se manifiesta en cumplir acabadamente el propio quehacer profesional; en el cuidado de los instrumentos de trabajo, sean nuestros o no…; en evitar gastos desproporcionados, aunque los pague la empresa en la que trabajamos; en aceptar con paz y alegría la escasez, la falta incluso de lo necesario; en evitar gastos personales motivados por el capricho, la vanidad, el deseo de lujo, la poltronería; en ser austeros con nosotros mismos –comida, bebida…- y generosos siempre con los demás. Pensemos que hoy, cuando es tan fuerte la presión externa de un ambiente impregnado de materialismo, los cristianos hemos de amar esta virtud con particular empeño.

 

FRUTOS DE LA VIRTUD DE LA POBREZA

 

De la virtud de la pobreza cristiana se derivan muchos frutos. En primer lugar, el alma se dispone para los bienes sobrenaturales y el corazón se ensancha para ocuparse seriamente de los demás. Pensemos que, la pobreza cristiana vivida hasta las últimas consecuencias es un don que ya tiene su premio en esta vida. Porque el Señor da al alma desprendida una especial alegría, incluso en medio de las privaciones de lo que parecía más necesario.

 

La pobreza verdadera nos permite disponer de nosotros mismos para entregarnos a Cristo, forma suprema de libertad, que nos abre sin reservas ni restricciones a la amorosa Voluntad de Dios, como nos enseña el mismo Cristo. Como dice una Instrucción Pastoral de la Conferencia Episcopal Española, del 20 de noviembre de 1990, titulada La verdad os hará libres, para amarla –querer ser pobres, cuando todo parece inducir a querer ser ricos- es necesario comprender bien que la pobreza como virtud –como toda virtud- es algo bueno y positivo para el hombre: le pone en condiciones de vivir según  el querer divino, utilizando los bienes materiales para ganar el Cielo y ayudar a que el mundo sea más justo, más humano.

 

POBREZA Y VIDA DE FE

 

La virtud de la pobreza es consecuencia de la vida de fe. En la Sagrada Escritura, la pobreza expresa la condición de quien se ha puesto, absolutamente, en manos de Dios, dejando en Él las riendas de la propia vida, sin buscar otra seguridad. Es el firme propósito de no tener más que un solo Señor, porque nadie puede servir a dos señores, como dijo Jesucristo, según relata el evangelista San Mateo.

 

Pensemos que cuando a quien se sirve es a la riqueza, al dinero, a los bienes terrenos sean cuales fueren, éstos se convierten en un ídolo. Es esa idolatría de la que San Pablo advertía a los primeros cristianos, que ni siquiera debía nombrarse entre ellos.

 

Tristemente, hoy muchos cristianos se ven tentados por esta idolatría moderna del consumo, que les hace olvidar la inmensa riqueza del amor a Dios, que es lo único que puede llenar el corazón. En esta sociedad en la que tanto abunda el afán por las riquezas, por la comodidad, por un desmedido bienestar, nuestra vida sobria y desprendida servirá de fermento para llevarla a Dios.

 

José Manuel Ardións Neo, párroco de San Benito de La Coruña. Doctor en Derecho Canónico. Licenciado en Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229.


CATECISMO DE LA DOCTRINA CRISTIANA. (Lección 13ª) Qué cosa es rezar y cómo debemos hacerlo.

 

ESTA JOVEN ESTÁ REZANDO, ES DECIR, ESTÁ HABLANDO CON DIOS.

 

 

                Hemos visto en las lecciones anteriores lo que hemos de creer, que es lo primero. Vayamos ahora a lo segundo: que es lo que se ha de pedir y cómo debemos hacerlo. Y por lo que se refiere a algunas de las oraciones fundamentales, recordamos que ya las dejamos puestas en la Lección 6ª.

 

-Decid: ¿ quién dijo el Padre nuestro?

-Jesucristo dijo el Padre nuestro.

-¿Para qué?

-Para enseñarnos a orar.

-¿Qué cosa es orar?

-Orar es hablar con Dios, nuestro Padre celestial, para alabarle, darle gracias y pedirle toda clase de bienes.

-¿Qué es la oración?

-La oración es la elevación del alma a Dios o la petición al Señor de bienes conformes a su voluntad. La oración es siempre un don de Dios que sale al encuentro del hombre. La oración cristiana es relación personal y viva de los hijos de Dios con su Padre infinitamente bueno, con su Hijo Jesucristo y con el Espíritu Santo, que habita en sus corazones.

 

MANERAS DE ORACIÓN

-¿De cuántas maneras es la oración?

-La oración es de dos maneras: mental y vocal.

-¿Qué cosa es la mental?

-Oración mental es la que se hace ejercitando las potencias del alma: acordándonos, con la memoria, de alguna cosa buena; pensando y discurriendo con el entendimiento sobre ella; y haciendo con la voluntad varios actos, como de dolor de los pecados, o varias resoluciones, como de confesarnos o de mudar de vida.

-¿Qué cosa es la vocal?

-Oración vocal es la que se hace con palabras exteriores; por ejemplo, la que hacemos cuando rezamos el Padre nuestro.

-¿Cómo hemos de orar?

-Hemos de orar con atención, humildad, confianza y perseverancia.

-¿Cuándo decís el Padre nuestro ¿con quién habláis?

-Cuando decimos el Padre nuestro hablamos con Dios nuestro Señor.

-¿Dónde está Dios nuestro Señor?

Dios nuestro Señor está en todo lugar, especialmente en los cielos y en el Santísimo Sacramento del Altar.

-Y Cristo, en cuanto hombre, ¿dónde está?

-Cristo, en cuanto hombre, está solamente en el Cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

-¿Cuál de las oraciones es la mejor?

-La mejor de todas las oraciones es el Padre nuestro.

-¿Por qué?

-Porque la dijo Cristo por su boca, a petición de los Apóstoles.

-¿Por qué más?

-Además, porque tiene siete peticiones fundadas en toda caridad.

Nota. Los  textos de todas las lecciones del Catecismo que se ponen en esta página WEB, están recogidos por el Párroco de San Benito de La Coruña (España), José Manuel Ardións Neo. Para ello, uso el Catecismo del Astete, el Catecismo de San Pío X, el primero, segundo y tercer grado de los catecismos del Episcopado Español, el Catecismo de la Iglesia Católica y el Compendio del mismo Catecismo de la Iglesia Católica. Lo irán observando a lo largo de la publicación semanal -una por una- de todas las lecciones, que, en conjunto, serán unas ochenta.