ORACIÓN: TRATO DE AMISTAD Y CONFIANZA CON JESÚS Y CÓMO ACUDIR A LA VIRGEN MARÍA Y A SAN JOSÉ (Homilía del día primero de enero de 2014, Solemnidad de Santa María, Madre de Dios)

SAN JOSÉ CONTEMPLA LA ESCENA: EL NIÑO JESÚS EN BRAZOS DE MARÍA MIENTRAS LOS PASTORES LO ADORAN.

Jesús es el Sol que ilumina nuestra existencia. Todo lo nuestro, si queremos que tenga sentido, ha de hacer referencia a Dios hecho Hombre Y la Virgen María que centró toda su existencia en Jesús, y San José que nos allanó el camino, poniendo la vida entera al servicio de Jesús y de su Madre Santísima, nos servirán de modelo y ayuda, en el transcurrir de nuestra vida cristiana.

 

Por dos veces, el Evangelista San Lucas hace referencia, en el Evangelio, a la actitud de la Virgen, ante los hechos que iban ocurriendo. Ella conservaba, meditaba y se recogía interiormente para mejor valorar y guardar los acontecimientos, grandes y pequeños de su vida. En su intimidad, enriquecida por la plenitud de la gracia, reinaba aquella armonía primitiva en la que el hombre fue creado.

 

Después del pecado original, como sabemos, el alma perdió el dominio de los sentidos y la orientación natural hacia las cosas de Dios. En la Virgen no fue así; en nosotros, sí. En Ella, por haber sido preservada de la mancha original, todo era armonía. Y estaba embellecida además, por la presencia, del todo singular y extraordinaria, de la Santísima Trinidad en su alma.

 

En realidad, podemos decir que María estaba siempre en oración, porque toda su vida hace referencia al Hijo de sus entrañas: y así también, cuando habla a Jesús, hace oración, porque precisamente la oración es hablar con Dios. Y pensemos que cada vez que uno de nosotros miramos con fe a Jesús Sacramentado, presente en los Sagrarios, o hablamos con Él en el interior de nuestra alma, también estamos haciendo oración.

 

LA VIRGEN NOS ALIENTA A NO DEJAR NUNCA LA ORACIÓN

 

Ciertamente, la Virgen nos alienta en estos días de Navidad a no dejar nunca la oración, es decir, el trato con Dios Nuestro Señor. Sin oración estamos perdidos, y con ella somos fuertes y sacamos adelante nuestros trabajos o tareas.

 

Decía el beato Juan Pablo II, en una audiencia con los jóvenes en el año 1979, que “debemos orar porque somos frágiles y culpables. Es preciso reconocer humilde y realmente que somos pobres criaturas, con ideas confusas, frágiles y débiles, con necesidad continua de fuerza interior y consuelo. La oración da fuerzas para los grandes ideales, para mantener la fe, la caridad, la pureza, la generosidad. La oración da ánimo para salir de la indiferencia y de la culpa, si por desgracia se ha cedido a la tentación y a la debilidad; la oración da luz para ver y juzgar los sucesos de la propia vida y de la misma historia, desde la perspectiva de Dios y desde la eternidad.”

 

“Por esto –continuaba el Papa-, ¡no dejéis de orar! ¡No pase un día sin que hayáis orado un poco! ¡La oración es un deber, pero también es una alegría, porque es un diálogo con Dios por medio de Jesucristo!”.

 

Todos hemos de aprender a tratar cada vez mejor al Señor, a través de la que llamamos oración mental, mediante esos ratos que dedicamos a hablarle calladamente de nuestras cosas, y también debemos hacerlo con esas oraciones vocales, que desde pequeños hemos aprendido o las acabamos de conocer ahora. Y nos convencemos de que nadie nos escucha como lo hace el Señor. Ciertamente, nadie toma tan en serio nuestras palabras como lo hace Jesús.

 

Y en la oración también debemos hablar al Señor con toda sencillez. Dice Santa Teresa de Jesús, en su libro Camino de perfección que en la oración debemos “pensar y entender lo que hablamos y con quién hablamos, y quienes somos los que osamos hablar con tan gran Señor, pensar en esto y otras cosas semejantes: de lo poco que le habemos servido y lo mucho que estamos obligados a servir, es oración mental; no penséis que es otra algarabía ni os espante el nombre”.

 

EN LA ORACIÓN DEBE PREDOMINAR LA FE Y LA HUMILDAD

 

Efectivamente, en la oración, es importante la perseverancia y las buenas disposiciones: entre ellas, están la fe y la humildad. El Señor pone el ejemplo de un publicano que no hacía oración, porque en vez de alabar a Dios se alababa a sí mismo, y el centro de sus pensamientos y alabanza era el mismo. Por el contrario, podemos aprender mucho de la oración de un publicano que era humilde y atenta, sencilla y que reconocía sus faltas y pecados.

 

Santa Teresa de Jesús habla de la importancia del uso de un libro, en su obra Camino de perfección, con las siguientes palabras. “Si no era acabando de comulgar, jamás osaba comenzar a tener oración sin libro; que tanto temía mi alma estar sin él en oración, como si con mucha gente fuera a pelear. Con este remedio, que era como una compañía o escudo en que había de recibir los golpes de los muchos pensamientos, andaba consolada”.

 

Y al terminar nuestra de oración, considero que podemos hacer tres preguntas al Señor: ¿qué deseas de mí en este asunto concreto que he estado considerando?, ¿cómo puedo mejorar yo ahora en esta virtud?, ¿qué debo proponerme de cara a los próximos meses para cumplir tu voluntad?

 

José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña. Doctor en Derecho Canónico. Licenciado en Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, Nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229.Durante un puñado de años, Redactor Jefe de la Sección Religiosa de la Agencia Internacional de Prensa “Europa Press”, con sede en Roma y Madrid.


CATECISMO DE LA DOCTRINA CRISTIANA (Lección 31ª)

DE RODILLAS, RECIBEN LA SAGRADA COMUNIÓN, ES DECIR, A DIOS MISMO.

 

Los Mandamientos de la Santa Madre Iglesia: Tercer Mandamiento: “COMULGAR POR PASCUA DE RESURRECCIÓN”

 

¿Cuál es el Tercer Mandamiento de la Santa Madre Iglesia? –El Tercer Mandamiento de la Santa Madre Iglesia es: Comulgar por Pascua de Resurrección.

 

¿Qué ordena la Santa Madre Iglesia con las palabras del Tercer Mandamiento: “COMULGAR POR PASCUA DE RESURRECCIÓN? –Con las palabras del Tercer Mandamiento: Comulgar por Pascua de Resurrección, la Iglesia obliga a todos los cristianos que han llegado a la edad de la discreción a que reciban todos los años la Santísima Eucaristía durante el Tiempo Pascual, y aconseja que se comulgue en la propia Parroquia. “Cuidese –dice el Catecismo Mayor, prescrito por el Papa San Pío X– de avisar a la propio párroco si se comulga en otra parte”.

 

 ¿Estamos obligados a comulgar en otro tiempo fuera de Pascua?  -Estamos obligados a comulgar también en peligro de muerte como Viático.

 

¿Hay que comulgar solamente por Pascua de Resurrección y en peligro de muerte? –Por obligación no, pero la Iglesia desea vivamente que no sólo por Pascua de Resurrección, sino lo más a menudo que podamos, nos acerquemos a la Sagrada Comunión, que es el mantenimiento divino de nuestras almas. Lo mejor es recibirla diariamente, dentro de la Santa Misa.

 

¿Se cumple el Segundo y el Tercer Mandamientos de la Santa Madre Iglesia con una Confesión o Comunión sacrílega? –Quienes hiciesen una Confesión o Comunión sacrílega no cumplen con el precepto, sino que además cometen un grave sacrilegio, y tienen que volver a confesarse y comulgar.

 

¿Por qué así? –Porque la intención de la Santa Madre Iglesia es que recibamos estos Sacramentos para el fin que fueron instituidos, que es nuestra santificación.

 

¿Desea la Iglesia que confesemos y comulguemos con frecuencia? –La Santa Iglesia desea que confesemos y comulguemos con frecuencia, y no debemos contentarnos con hacerlo una vez al año.

 

¿Se puede comulgar sin confesar después de haber faltado por ejemplo un domingo a Misa o cometido algún otro pecado mortal? – No. “Sólo quien tiene sincera conciencia de no haber cometido un pecado mortal puede recibir el Cuerpo de Cristo”. Lo dice claramente el Concilio de Trento cuando afirma que “nadie debe acercarse a la Sagrada Comunión con conciencia de pecado mortal, por muy contrito que le parezca estar, sin preceder la Confesión Sacramental”. Y esta sigue siendo la doctrina de la Iglesia también hoy”. (Mensaje de Juan Pablo II, el 8-III-2005).

 

 

 


LA SAGRADA FAMILIA, EJEMPLO PARA TODAS LAS FAMILIAS. (Homilía de la Fiesta Sagrada Familia: Primer Domingo después de Navidad: 29-XII-2013)

 

LA SAGRADA FAMILIA: EL NIÑO JESÚS, MARÍA Y JOSÉ.

Nuestro Señor Jesucristo quiso iniciar su misión redentora del mundo en el seno de una familia normal, formada por San José y María Santísima, unidos en Santo Matrimonio, en la que destacó de un modo extraordinario el papel femenino de la Madre del Salvador.

 

Entre José y María había cariño santo, espíritu de servicio, comprensión y deseo de hacerse mutuamente la vida feliz. Por lo tanto, formaban, una familia con las mismas cualidades, llena de amor, espíritu de servicio, comprensión y deseos de hacerse la vida agradable uno al otro. De esta forma, podemos decir que la familia de Jesús era sagrada, santa, ejemplar, modelo de virtudes humanas, dispuesta a cumplir siempre la voluntad de Dios.

 

La Sagrada Familia diría con devoción las oraciones tradicionales que se rezaban en todos los hogares israelitas. Por su parte, el Niño Jesús recitaría con fervor  los textos de la Biblia y también las oraciones aprendidas de los labios de José y María.

 

PREGUNTAS DE JUAN PABLO II

 

El beato Juan Pablo II, en una Exhortación Apostólica sobre la familia, dirigiéndose a los padres, hacía las siguientes preguntas: “¿Enseñáis a vuestros niños las oraciones del cristiano? ¿Preparáis, de acuerdo con los sacerdotes, a vuestros hijos para los sacramentos de la primera edad: Confesión, Comunión, Confirmación? ¿Los acostumbráis, si están enfermos, a pensar en Cristo que sufre? ¿A invocar la ayuda de la Virgen y de los santos? ¿Rezáis el Rosario en familia?”

 

Pensemos que en la Sagrada Familia, cada hogar cristiano tiene su ejemplo más acabado. Decía el Papa Pablo VI, en una Alocución pronunciada en Nazaret, el 5 de enero de l965, con motivo de la Bendición y Consagración de la Basílica de la Sagrada Familia: “Nazaret es la escuela donde empieza a entenderse la vida de Jesús, es la escuela donde se inicia el conocimiento de su Evangelio. Aquí aprendemos a observar, a escuchar, a meditar, a penetrar en el sentido profundo y misterioso de esta sencilla, humilde y encantadora manifestación del Hijo de Dios entre los hombres. Aquí se aprende incluso, quizá de una manera casi insensible, a imitar esta vida”.

 

EL GRAN PAPEL DE LA MUJER

 

En los Hechos de Apóstoles aparecen varios ejemplos en los que se observa la influencia de la mujer en la implantación del Evangelio. Pensemos, por ejemplo en Damaris en Atenas, que se presenta en el libro de los Hechos de Apóstoles, como manifestación clara de la implantación del Evangelio. San Lucas también nos ha dejado escrito que la evangelización de Europa se inició por una madre de familia, Lidia, quien comenzó enseguida su tarea apostólica por su propia familia, consiguiendo que recibieran el bautismo todos los de su casa. También entre los samaritanos fue una mujer la primera que recibió el mensaje de Cristo, y también la primera que lo difundió entre los de su ciudad.

 

En realidad, es verdad que en todas las épocas, la mujer desempeño un papel extraordinario en la difusión de la fe católica. Y lo tiene que desempeñar también en la nuestra. San José María escribió en un libro que se titula Conversaciones, que “La mujer está llamada a llevar a la familia, a la sociedad civil, a la Iglesia, algo característico, que le es propio y que sólo ella puede dar: su delicada ternura, su generosidad incansable, su amor por lo concreto, su agudeza de ingenio, su capacidad de intuición, su piedad profunda y sencilla, su tenacidad”.

 

Pienso que en estos momentos la Iglesia espera de la mujer compromiso y  testimonio, a favor de todo aquello que constituye la verdadera dignidad de la persona humana y su felicidad más profunda. En realidad, cuando estas cualidades con las que Dios ha dotado a la mujer, son desarrolladas y actualizadas, su vida y su trabajo, se harán realmente constructivos y fecundos, llenos de sentido, lo mismo si pasa el día dedicada a su marido y a sus hijos que si, habiendo renunciado al matrimonio por alguna razón  noble, se ha entregado de lleno a otras tareas. Cada una, en su propio camino, siendo fiel a la vocación humana y divina, puede realizar y realiza de hecho la plenitud de la personalidad femenina. No olvidemos que Santa María, Madre de Dios y Madre de los hombres, es no sólo modelo, sino también prueba del valor trascendente de una vida humana. Y en el caso en que estamos indicando, de una vida femenina.

 

José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña. Doctor en Derecho Canónico. Licenciado en Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, Nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, Nº 229. Durante un puñado de años, Redactor Jefe de la Sección Religiosa de la Agencia Internacional de Prensa “Europa Press”, con sede en Roma y Madrid.


CATECISMO DE LA DOCTRINA CRISTIANA (Lección 30ª)

CATECISMO DE LA DOCTRINA CRISTIANA (Lección 30ª)

Los Mandamientos de la Iglesia: 1º Asistir a Misa los Domingos y Festivos. 2º: Confesar los pecados mortales al menos una vez al año y si se ha de comulgar.

 

¿Qué otros mandamientos hemos de guardar además de los Mandamientos de la Ley de Dios? –Además de los Mandamientos de la Ley de Dios hemos de guardar los Mandamientos de la Santa Madre Iglesia.

 

 

¿Estamos obligados a obedecer a la Iglesia? –Sin duda alguna, estamos obligados a obedecer a la Iglesia, porque Jesucristo lo manda, y porque los Mandamientos de la Iglesia ayudan a guardar los Mandamientos de la Ley de Dios.

 

¿Cuál es el primer Mandamiento de la Santa Madre Iglesia? –El primer Mandamiento de la Santa Madre Iglesia es: Asistir a Misa entera todos los Domingos y Fiestas de Guardar.

 

¿Quiénes está obligados a asistir a Misa los Domingos y Fiestas de Guardar? –Están obligados a asistir a Misa los domingos y Fiestas de Guardar todos los cristianos que han cumplido siete años y tienen uso de razón.

 

¿Y cómo se ha de oír o asistir a Misa? –Se ha de oír o asistir estando presentes en ella (no vale verla por televisión u oírla por la radio), con atención y meditando o rezando con devoción.

 

Y el que no estando legítimamente impedido, no asiste, o está en ella o en parte notable, sin atención, o se pone en peligro de no asistir, ¿cómo peca? –El que no estando legítimamente impedido no asiste a Misa en Domingo o en Fiesta de Precepto, o está en ella o en parte notable sin atención, o se pone en peligro de no asistir, por ejemplo participando en viajes o proyectarlos en los que ya no se prevé asistir a Misa, peca mortalmente.

 

¿Cuál es el segundo Mandamiento de la Santa Madre Iglesia? –El segundo Mandamiento de la Santa Madre Iglesia es: Confesar los pecados mortales al menos una vez al año, y en peligro de muerte, y si se ha de comulgar.

 

¿A quiénes obliga el segundo mandamiento de la Santa Madre Iglesia? –El segundo Mandamiento de la Santa Madre Iglesia obliga a todos los cristianos que tienen uso de razón y están en pecado mortal.

                                   ————————————-

Notas importantes: 1ª) Quebrantar a sabiendas un Mandamiento de la Iglesia, en materia grave, es pecado mortal. 2ª) De cumplir un Mandamiento de la Iglesia, sólo puede dispensar el Papa, o quien de él tuviere facultad (por ejemplo, los párrocos pueden dispensar, en su territorio, del deber de no trabajar un domingo o festivo); 3ª) También son Mandamientos de la Iglesia no leer libros, revistas, películas, programas de TV o Internet, etcétera… que van contra la Moral Cristiana.