“TODO BUEN CRISTIANO TIENE EL DEBER Y EL DERECHO DE COMUNICAR LA FE Y LA DOCTRINA QUE HA RECIBIDO”. (Palabras de Álvaro del Portillo, que será beatificado el 27 de septiembre de 2014). (Homilía: 7º Domingo de Pascua: 1-VI-2014). (En algunos países se celebra la Ascensión del Señor).

 

MONSEÑOR ALVARO DEL PORTILLO QUE SERÁ BEATIFICADO EL PRÓXIMO 27 DE SEPTIEMBRE, EN LA CIUDAD DE MADRID (ESPAÑA)

 

Los cristianos de todos los tiempos hemos recibido el gozoso mandato de comunicar, a quienes encontramos en nuestros caminos de  la vida, que Cristo vive, que en Él ha sido vencido el pecado y la muerte. Lo dijo el Concilio Vaticano II, cuando, en el Decreto Apostolicam actuositatem, afirmó que “la vocación cristiana es, por su misma naturaleza, vocación también al apostolado”.

 

Ya Álvaro del Portillo, gran trabajador para el Concilio Vaticano II y para varios Dicasterios de la Curia Romana y que será beatificado el próximo 27 de septiembre, decía que “todo buen cristiano tiene el deber y el derecho de comunicar la fe y la doctrina que ha recibido”. Y afirmaba en un libro suyo, titulado Fieles y laicos en la Iglesia, que “todos los fieles, desde el Papa al último bautizado, participan de la misma vocación, de la misma fe, del mismo Espíritu, de la misma gracia. Y todos participan activa y corresponsablemente, en la única misión de Cristo y de la Iglesia”.

 

DERECHO A ENSEÑAR  LA VERDAD SOBRE CRISTO

 

Por lo tanto, nadie nos puede impedir el ejercicio de este derecho, ni el cumplimiento de este deber. Lo expresaron muy bien los Apóstoles San Pedro y San Juan cuando, a los judíos que les prohíbian predicar y enseñar, les replicaron: ¿Puede aprobar Dios que os obedezcamos a vosotros en vez de a Él? Juzgadlo vosotros. Nosotros no podemos menos de contar lo que hemos visto y oído. Y si lo pensamos bien, tampoco nosotros, los católicos, podemos callar hoy. Porque es mucha la ignorancia que existe a nuestro alrededor. Es mucho también  el error, y son incontables los que andan perdidos por la vida y desconcertados porque no conocen a Cristo.

 

Si repasamos la historia de la Iglesia, observaremos como los Apóstoles comenzaron, con valentía y audacia, a enseñar la verdad sobre Cristo, mientras los enemigos de Dios empezaron por poner obstáculos, y más tarde llegaron incluso a la persecución y a martirizar a los seguidores de Cristo. Sin embargo, y a pesar de tantos impedimentos, vemos como al poco tiempo la fe en Cristo traspasó Palestina, alcanzando Asia Menor, Grecia e Italia, llegando a hombres de toda cultura, posición social y raza.

 

IR CONTRA CORRIENTE

 

No nos debe extrañar, por tanto, que en muchas ocasiones hayamos de ir contra corriente, en un mundo que parece alejarse cada vez más de Dios, que tiene como fin el bienestar material, y que desconoce o relega a segundo plano los valores espirituales. Tristemente, un mundo que algunos quieren organizar completamente a espaldas de su Creador.

 

Y a la profunda y desordenada atracción que los bienes materiales ejercen sobre quienes han perdido todo trato con Dios, se suma el mal ejemplo de algunos cristianos que, como dice el Concilio Vaticano II, en la Constitución Gaudium et spes, “con el descuido de la educación religiosa, o con la exposición inadecuada de la doctrina, o incluso con los defectos de su vida religiosa, moral y social, han velado más bien que revelado, el genuino rostro de Dios y de la Religión”.

 

Leyendo la Primera Carta de San Pablo a los Corintios, se puede observar como el campo apostólico, en el que habían sembrado los Apóstoles y los primeros cristianos, era un terreno duro, con abrojos, cardos y espinos. Sin embargo, la semilla que esparcieron fructificó abundantemente. En unas tierras el ciento, en otras el sesenta, en otras el treinta por uno. Basta que haya un mínimo de correspondencia para que el fruto llegue, porque es de Dios la semilla, y Él es quien hace crecer la vida divina en las almas.

 

A nosotros, los católicos, con el sentido auténtico de cual es nuestro deber, nos toca el trabajo apostólico de preparar a las mismas almas, en primer lugar, con la oración, la mortificación y las obras de misericordia, que atraen siempre el favor divino. Y luego con la amistad, la comprensión, la ejemplaridad.

 

RECRISTIANIZAR EL MUNDO

 

Por eso, a todo buen católico, según sus circunstancias, le espera el Señor en la familia, en la Universidad, en la fábrica, en las asociaciones más diversas, dispuestos  a recristianizar de nuevo el mundo: Id al mundo entero y predicad el Evangelio a toda la creación, nos sigue diciendo el Señor. Es la nuestra una época en la que Cristo necesita hombres y mujeres que sepan estar junto a la Cruz, fuertes, audaces, sencillos, trabajadores, sin respetos humanos a la hora de hacer el bien, alegres, que tengan como fundamento de sus vidas la oración y un trabajo lleno de amistad con Nuestro Señor Jesucristo.

 

“Lo verdaderamente importante es tratar a las almas una a una, para acercarlas a Dios”, decía Álvaro del Portillo, en una Carta Pastoral. Por esto, debemos tener en cuenta que, sin una vida cristiana normal, no es posible atraer a Dios a los demás, porque seriamos absorbidos por el ambiente pagano que, con frecuencia, encontramos en quienes quizá, en otro tiempo, fueron buenos cristianos. Así que, echemos fuera de nuestra cabeza lamentaciones y derrotismos y pongámonos a trabajar con empeño para edificar una sociedad más cristiana y más humana. Los Apóstoles, cuando empezaron no eran más que once y llegaron al confín de la Tierra, y ahora somos muchísimos más.

 

José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico y Licenciado en Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229. Durante un puñado de años, Asesor Religioso y Redactor Jefe de la Sección de Información Religiosa, de la Agencia Internacional de Prensa “Europa Press”, con sede en Roma y Madrid.


CATECISMO DE LA DOCTRINA CRISTIANA (Lección 53ª) El Sacramento del Matrimonio (2ª Parte)

CATECISMO DE LA DOCTRINA CRISTIANA (Lección 53ª)El Sacramento del Matrimonio (2ª Parte)

Los textos están tomados del “Catecismo Mayor”,prescrito por el Papa San Pío X.

 

¿Qué intención ha de tener quien contrae matrimonio? –Quien contrae matrimonio ha de tener intención: 1º, de hacer la voluntad de Dios que le llama a tal estado; 2º, de procurar en él la santificación de sus  propia alma; 3º, de educar cristianamente a los hijos, si Dios se los diere.

 

¿Cómo se dispondrán los novios para recibir con fruto el Sacramento del Matrimonio? –Los novios, para recibir con fruto el Sacramento del Matrimonio; 1º, han de encomendarse de corazón a Dios para conocer su voluntad y alcanzar de Él las gracias necesarias en tal estado; 2º), han de consultar a sus respectivos padres antes de ninguna promesa, como lo exige la obediencia y respeto que se les debe; 3º, han de prepararse con una buena confesión, y aun general de toda su vida, si fuera menester; 4º, deben apartarse de toda peligrosa familiaridad en el trato mutuo, ya de palabra, ya de obra.

 

¿Cuáles son las principales obligaciones de los casados? –Las principales obligaciones de los casados son: 1º, guardar inviolablemente la fidelidad conyugal y portarse bien y en todo cristianamente; 2º, amarse uno al otro, soportarse con paciencia y vivir en paz y concordia; 3º, si tienen hijos, pensar seriamente en proveerlos de lo necesario, darles cristiana educación y dejarles en libertad de escoger el estado al que Dios los llamare.

 

Condiciones e impedimentos (1ª parte)

 

¿Qué es necesario para contraer VÁLIDAMENTE el matrimonio cristiano? –Para contraer válidamente el matrimonio cristiano es necesario estar libre de todo impedimento dirimente del matrimonio y dar libremente su consentimiento delante del propio Párroco o del Ordinario del Lugar o de un sacerdote delegado por alguno de los dos, y ante dos testigos, por lo menos.

 

¿Qué es necesario para contraer LÍCITAMENTE el matrimonio cristiano? –Para contraer lícitamente el matrimonio cristiano es necesario estar libre  de impedimentos impedientes del matrimonio, saber las cosas principales de la religión y hallarse en estado de gracia; de otra forma se cometería un sacrilegio.

 

¿Qué son los impedimentos del matrimonio? –Los impedimentos del matrimonio son ciertas circunstancias que hacen el matrimonio o inválido o ilícito. En el primer lugar caso que se llaman impedimentos dirimentes; en el segundo, impedimentos impedientes.


LA PRESENCIA DE DIOS EN EL ALMA EN GRACIA, ENSEÑANZA FUNDAMENTAL PARA LA VIDA CRISTIANA (Homilía: VI Domingo de Pascua, 25-V-2014).

 

SI NO OS HICIÉRAIS COMO NIÑOS NO ENTRARÉIS EN EL REINO DE LOS CIELOS.

 

 

“¿Qué más quieres, ¡oh alma!, y que más buscas fuera de ti, pues dentro de ti tienes tus riquezas,tus deleites,tu satisfacción,tu Amado, a quien desea y busca tu alma? Gózate y alégrate en tu interior recogimiento con Él, pues le tienes tan cerca”. Así se expresa San Juan de la Cruz, en su obra: Cántico espiritual.

 

NUESTRA ALMA, UN PEQUEÑO CIELO

 

Ciertamente, debemos aprender a tratar cada vez más y mejor a Dios Nuestro Señor, que mora en nosotros si vivimos en gracia. Nuestra alma, por esa presencia divina, se convierte en un pequeño cielo. ¡Cuánto bien nos puede hacer esta consideración! En el momento del Bautismo vinieron a nuestra alma las tres personas de la Beatísima Trinidad –el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo-, con el deseo de permanecer unidos a nuestra existencia.

 

Esta impresionante presencia, sólo se pierde por el pecado mortal; pero se recupera de nuevo por la recepción del Sacramento de la Confesión. Pero los cristianos no debemos contentarnos con no perder a Dios, sino que además debemos buscarle en nosotros mismos, dialogar con Él, darle gracias, pedirle ayuda, desagraviarle por nuestros pecados y por todos aquellos que se cometen cada día.

 

Un gran santo como San Agustín, en su obra Confesiones, describe esta cercanía de Dios Nuestro Señor, con las siguientes palabras: “¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé!; he aquí que Tú estabas dentro de mi y yo fuera, y por fuera te buscaba. Tú estabas conmigo, mas yo no estaba contigo. Me tenían lejos de Ti las cosas que, si no estuviesen en Ti, no serían. Tú me llamaste claramente y rompiste mi sordera; brillaste, resplandeciste y curaste mi ceguedad”.

 

APRENDER A HABLAR CON DIOS

 

Ahora bien, para aprender a hablar con Dios, es necesario el recogimiento de los sentidos y sabernos “templos de la Trinidad Beatísima”, rodeando nuestro corazón y nuestra alma de un silencio interior, que nos descubre la presencia del Señor en nuestra alma. “¿Por qué andar corriendo por las alturas del firmamento y por los abismos de la tierra en busca de Aquel que mora en nosotros?”, se pregunta San Agustín.

 

Y, por su parte, un Papa como San Gregorio Magno, en sus Homilías sobre el profeta Ezequiel, enseñaba: “Mientras nuestra mente estuviere disipada en imágenes carnales, jamás será capaz de contemplar lo sobrenatural, porque la ciegan tantos obstáculos cuantos son los pensamientos que la traen y la llevan. Por tanto, el primer escalón –para que el alma llegue a contemplar la naturaleza invisible de Dios- es recogerse en sí misma”.

 

Y este recogimiento lo alcanzaremos si mortificamos la imaginación, librándola de pensamientos inútiles. Si la voluntad esta dirigida a cumplir con nuestros deberes de cada día. Si no nos dejamos dominar por la frivolidad, en el sentido de que nos convenzamos que toda vida humana, debe tener una dimensión profunda, íntima, expresada en un cierto recogimiento que alcanza su sentido pleno, en el trato con Dios.

 

LA DISIPACIÓN  Y LA FRIVOLIDAD, CHARCA EN EL CAMINO DE LA VIDA

 

No olvidemos que si nos dejamos mover por la disipación y la frivolidad, nuestros sentidos y nuestras potencias del alma, pueden convertirse en una charca en el camino de la vida, que duerme la voluntad y despierta la concupiscencia, y en definitiva nos aparta del trato con Dios.

 

Por el contrario, cuanto más se crece en obras buenas y cuanto más uno se purifica por medio de la recepción del Sacramento de la Penitencia, más se crece en obras santas. Porque “el Espíritu Santo actúa internamente dentro de cada una de las personas, como también sobre la entera comunidad, animando, vivificando, santificando”. Así se expresaba el Papa Pablo VI –que será proclamado Beato, el próximo 19 de octubre-, en el discurso de apertura de la Tercera Sesión del Concilio Vaticano II, con fecha del 14 de septiembre del año 1964.

 

José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico y Licenciado en Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229. Durante un puñado de años, Asesor Religioso y Redactor Jefe de la Sección de Información Religiosa, de la Agencia Internacional de Prensa “Europa Press”, con sede en Roma y Madrid.


CATECISMO DE LA DOCTRINA CRISTIANA (LECCIÓN 52ª)

CATECISMO DE LA DOCTRINA CRISTIANA (LECCIÓN 52ª) El Sacramento del Matrimonio (1ª Parte)

Los textos están tomados del “Catecismo Mayor”, prescripto por el Papa San Pío X.

                                  

Naturaleza del Sacramento del Matrimonio

 

 

¿Qué es el Sacramento del Matrimonio? –El Matrimonio es un Sacramento instituido por Nuestro Señor Jesucristo, que establece una santa e indisoluble unión entre el hombre y la mujer y les da la gracia para amarse el uno al otro santamente y educar cristianamente a los hijos.

 

¿Por quién fue instituido el Matrimonio?–El Matrimonio fue instituido por el mismo Dios, en el Paraíso terrenal; y, en el Nuevo Testamento, fue elevado por Jesucristo a la dignidad de Sacramento.

 

¿Tiene alguna particular significación el Sacramento del Matrimonio? El Sacramento del Matrimonio significa la indisoluble unión de Jesucristo con la Santa Iglesia, su Esposa y Madre nuestra amantísima.

 

¿Por qué se dice que el vínculo del Matrimonio es indisoluble? –Se dice que el vínculo del Matrimonio es indisoluble o que no puede desatarse si no es por la muerte de uno de los cónyuges, porque así lo estableció Dios desde el principio y así lo proclamó solemnemente Nuestro Señor Jesucristo.

 

En el Matrimonio cristiano, ¿puede el contrato separarse del Sacramento?  -No, señor; en el Matrimonio entre cristianos el contrato no puede separarse del Sacramento, porque para ellos no es otra cosa el Matrimonio que el mismo contrato natural, elevado por Jesucristo, a la dignidad de Sacramento.

 

¿No puede, por consiguiente, entre cristianos, haber verdadero Matrimonio que no sea Sacramento?  -Entre cristianos no puede haber verdadero Matrimonio que sea Sacramento.

 

¿Qué efectos produce el Sacramento del Matrimonio? –El Sacramento del Matrimonio: 1º, acrecienta la gracia santificante; 2º, confiere gracia especial para cumplir todos los deberes matrimoniales.

 

Ministro, ritos y disposiciones (1ª parte)

 

¿Cuáles son los ministros de este Sacramento? –Los ministros de este Sacramento son los mismos esposos, los cuales recíprocamente confieren y reciben el Sacramento.

 

¿De qué manera se administra este Sacramento? –Este Sacramento, como conserva la naturaleza de contrato, se administra por los mismos contrayentes con declarar en presencia del párroco o del sacerdote a quien él delegare y de dos testigos, que se unen en Matrimonio.

 

¿De qué sirve, pues, la bendición que da el párroco a los desposados? –La bendición que da el párroco a los desposados no es necesaria para constituir el Sacramento, pero sirve para sancionar la unión de los mismos en nombre de la Iglesia y para atraer sobre ellos más copiosamente las bendiciones de Dios.