EL NACIMIENTO DEL NIÑO JESÚS, EL HECHO MÁS IMPORTANTE DE LA HISTORIA DEL MUNDO, COMENZÓ MANIFESTANDOSE A UNOS PASTORES. (Homilía.1-enero-2015).

El hecho más importante de la Historia de la Humanidad, que fue el Nacimiento del Mesías Salvador del Mundo, Dios Nuestro Señor quiso sucediera de un modo  desconocido para el mundo, mientras era manifestado a unos pastores que  guardaban su ganado, en la Noche más grandiosa de la Creación.

 

Los pastores que estaban situados a una distancia de unos cuatro kilómetros, marcharon presurosos a Belén, movidos por la señal que se les ha dado. Y por ello, se constituyen en los primeros testigos del Nacimiento del Mesías. Y no satisfechos con creer lo que les había anunciado el ángel, y cuya realidad vieron llenos de asombro, manifestaban su alegría, no solo a la Virgen María y a San José, sino que lo hacían a todo el mundo, que encontraban en el camino.

 

EL TESTIMONIO DE LOS PASTORES

 

Todos los que les escucharon se maravillaban. “¿Y cómo  no habían de maravillarse –se pregunta un texto antiguo- viendo en la tierra a Aquel que está en los Cielos, y reconciliado en paz lo celestial con lo terreno; a Aquel inefable Niño, uniendo en sí lo que era celestial por su divinidad con lo que era terreno por su humanidad y haciendo en esta unión una alianza admirable? No sólo se admiran por el misterio de la Encarnación, sino también por el gran testimonio de los pastores, que no podían inventar lo que no hubieran oído y publicar la verdad con una elocuencia sencilla.”

 

Ciertamente, la prisa de los pastores es fruto de su alegría y, además, consecuencia de su deseo de ver al Salvador del Mundo. Un padre de la Iglesia como San Ambrosio comenta del comportamiento de los pastores, precisando que “nadie busca a Cristo perezosamente”. Y, efectivamente, ya el mismo evangelista San Lucas precisa que la misma Virgen María, después de la Anunciación del Ángel, se fue de prisa a visitar a su prima Santa Isabel. Y esto sucede así, porque el que ha dado entrada a Dios en su corazón, vive con alegría las visitas del Señor. Y esta alegría llena de gozo su alma y da alas apostólicas a toda su vida.

 

MARIA MEDITABA TODO ESTO EN SU CORAZÓN

 

Pero además, hay una frase del Evangelio de este día, en la que se destaca que María, la Madre de Dios “conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón”. En realidad, esta frase dice mucho de Santa María, por varias razones. En primer lugar, porque nos la presenta como serena y contemplativa ante las maravillas que se estaban cumpliendo en el Nacimiento de su divino Hijo. Efectivamente, podemos comprobar como María las penetra con mirada honda, las pondera y las guarda en el fondo de su alma y de su corazón.

 

Por eso, tratamos de afirmar con toda verdad que Santa María es maestra de oración. Y si la imitamos, si guardamos y ponderamos en nuestros corazones lo que oímos de Jesús y lo que El hace con nosotros, estamos en el camino verdadero hacia la santidad cristiana y no nos faltará en nuestra vida, ni la doctrina del Señor ni su divina gracia. Y meditando con Ella las enseñanzas que hemos recibido de  Jesucristo, iremos profundizando en el misterio de Dios Nuestro Señor, hecho hombre por nuestra salvación.

 

Y como afirma el Concilio Vaticano II, en la “Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación”, la Dei Verbum, la Tradición apostólica va creciendo en la Iglesia con la ayuda del Espíritu Santo; es decir, crece la comprensión de las palabras y de las cosas transmitidas cuando los fieles las contemplan y estudian repasándolas en su corazón, cuando comprenden internamente los misterios que viven, cuando las proclaman los Obispos, sucesores de los Apóstoles en el carisma de  la verdad”.

 

 

José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico y Licenciado en Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229. Durante un puñado de años, Asesor Religioso y Redactor Jefe de la Sección de Información Religiosa, de la Agencia Internacional de Prensa “Europa Press”, con sede en Roma y Madrid.


JORNADA DE LA FAMILIA Y DE LA DEFENSA DE LA VIDA.(Domingo, 28 de diciembre de 2014. Fiesta de la Sagrada Familia: Jesús, María y José).

El 28 de diciembre, domingo, la Santa Madre Iglesia celebra la Fiesta de la Sagrada Familia: Jesús, Maria y José. Se trata de una jornada que podemos llamar doble: por una parte, es la Jornada por la Familia, y por otra se trata también de una jornada por la defensa de la Vida. Y, como sabemos, tristemente en nuestros tiempos, son muchos los que no respetan ni la vida ni la formación cristiana de los hijos.

 

El Evangelio nos describe como la Sagrada Familia, a los cuarenta días del Nacimiento del Niño Jesús sube al Templo de Jerusalén, con el fin de cumplir dos prescripciones de la Ley de Moisés. Se trataba de la purificación de la madre y, por otra parte, de la consagración del Niño al Señor y de su rescate por medio de la ofrenda de un par de tórtolas o dos pichones, como estaba indicado en la misma Ley.

 

Este acontecimiento lo describe con mucha gracia un santo, como San Josémaría Escrivá, en un libro suyo, titulado Santo Rosario, cuando comentando el cuarto misterio gozoso, dice “¿Aprenderás con este ejemplo, niño tonto, a cumplir, a pesar de todos los sacrificios personales, la Santa Ley de Dios? ¡Purificarse! ¡Tú y yo si que necesitamos purificación! –Expiar, y, por encima de la expiación, el Amor. Un amor que sea cauterio, que abrase la roña de nuestra alma, y fuego, que encienda con llamas divinas la miseria de nuestro corazón”.

 

SIMEÓN, EN EL TEMPLO DE JERUSALÉN

 

Sigue describiendo el Evangelio el incidente que se produce en el templo de Jerusalén, cuando Simeón, calificado de hombre justo y temeroso de Dios, se dirige a Dios Nuestro Señor con una oración de agradecimiento, porque ve ahora que por fin ha llegado el momento, que ha dado sentido a toda su existencia. Y permitiéndosele tomar al Niño en sus brazos, conoce por gracia especial de Dios, que ese Niño es el Mesías prometido, la Consolación de Israel, la Luz de las gentes, la salvación del Mundo.

 

En esa oración o cántico muestra también que su alma está traspasada de profundo gozo, por haber visto al Mesías. Y, por conocimiento profético, canta los beneficios divinos que el Mesías traerá a Israel y al Mundo entero. De esta forma, Simeón destaca además el carácter universal de la Redención de Cristo, anunciada muchas veces ya por la Sagrada Biblia, en textos del Antiguo Testamento. Y salta de gozo al considerar que muchos patriarcas, profetas y reyes de Israel anhelaron ver al Mesías, y no lo vieron, y él, en cambio, lo tiene en sus brazos.

 

APRENDER  A CONTEMPLAR LO DIVINO

 

Nos dice también el mismo Evangelio de hoy que “José y María, la Madre de Jesús, estaban admirados por lo que se decía del Niño”. Y pensemos que se admiraban no porque desconocieran el misterio de Cristo, sino por el modo como Dios iba revistiendo todos los acontecimientos. Se trata, por tanto, de una gran enseñanza sobre cómo nosotros debemos aprender a contemplar los misterios divinos del Nacimiento de Cristo.

 

Simeón anuncia también que Jesús ha venido para la salvación de los hombres. Sin embargo –precisa- que será signo de contradicción, porque muchos se obstinarán en rechazarlo. Pero para otros, que lo aceptarán por la fe, será su salvación, librándolos del pecado en esta vida y resucitándolos para la vida eterna. Afirma también la participación de María en los sufrimientos de Jesús. Será un dolor que traspasará su alma. Y pensemos también que la espada de que habla Simeón expresa la participación de María en los sufrimientos del Hijo, que traspasarán su alma. Por eso, tenemos un deber de desagravio no sólo con Dios, sino también con su Madre, que es también Madre nuestra.

 

Tengamos en cuenta igualmente, según nos narra el Evangelio de este domingo,  que el Nacimiento de Cristo se manifiesta por la profetisa Ana que, movida por el Espíritu Santo, se convierte en instrumento apto para dar a conocer a Cristo. Siempre, el Señor, en sus planes redentores, se vale de almas sencillas, mediante las cuales concede muchas gracias a la humanidad entera.

 

José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico y Licenciado en Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229. Durante un puñado de años, Asesor Religioso y Redactor Jefe de la Sección de Información Religiosa, de la Agencia Internacional de Prensa “Europa Press”, con sede en Roma y Madrid.


EL EVANGELIO DEL DÍA DE NAVIDAD ES UN BELLO CANTO A LA DIVINIDAD Y ETERNIDAD DE JESÚS (Homilía. Navidad, 25-XII-2015)

 

En la  solemnidad de la Natividad del Niño Dios que hoy celebramos, el Evangelio de tan gran día es un bello canto que proclama la divinidad y la eternidad de Jesús. Se le señala como el Verbo increado, el Dios Unigénito que asume nuestra condición humana y nos brinda la posibilidad de ser hijos de Dios, esto es,  de participar real y sobrenaturalmente de la misma vida divina.

 

DIVINIDAD DE JESÚS

 

Todo el Evangelio de San Juan, del que hoy tomamos solo un “cachito”, subraya la divinidad del Señor: no comenzó a existir al hacerse hombre, sino que antes de tomar carne en las entrañas virginales de María, antes que todas las criaturas, existía en la eternidad divina como Verbo consustancial al Padre y al Espíritu Santo. Esta es la verdad luminosa, gracias a la cual se pueden valorar las palabras y los hechos recogidos  en  los Evangelios, y de un modo especial en el Evangelio de San Juan.

 

Efectivamente, San Juan llega a contemplar la divinidad de Jesucristo y expresarla como el Verbo de Dios, después de haber sido testigo de su ministerio público y de sus apariciones tras la Resurrección. Y en el prólogo de su Evangelio que hoy leemos en la Santa Misa, se puede apreciar la divinidad y eternidad del Verbo, su Encarnación y también su manifestación como hombre. Igualmente se observa, con todo detalle, la intervención del Verbo en la Creación y en la obra salvífica de la humanidad. Y también se observa el comportamiento diverso de los humanos, ante la venida del Salvador. Como sabemos, unos le aceptan con fe y otros lo rechazan. Y por su parte,  a San Juan el Bautista se le presenta, en el mismo Evangelio de San Juan, como el gran testigo de la presencia del Verbo, en el mundo.

 

PENETRACIÓN EN LOS MISTERIOS CENTRALES DE LA FE

 

Todos conocemos que la Santa Madre Iglesia ha dado siempre especial importancia a este prólogo. Y han sido muchos los Santos Padres y escritores de la antigüedad cristiana quienes lo comentaron ampliamente, y durante siglos se ha leído al final de cada Santa Misa, a modo de instrucción y meditación permanentes. En el texto, la doctrina se expone a modo de versos, agrupados en estrofas. Se trata, realmente de un modo de explicar las cosas, a la manera en que lo hacían los pueblos antiguos. Así se favorece la comprensión progresiva de los conceptos y se facilita la penetración en estos misterios centrales de nuestra Fe.

 

El texto sagrado del Evangelio llama Verbo al Hijo de Dios. Y, ciertamente, una analogía o comparación con las cosas humanas puede ayudarnos a entender la noción de “Verbo” o “Palabra”: así como un hombre al conocerse forma en su mente una imagen de sí mismo, así Dios Padre al conocerse engendra al Verbo Eterno. Este Verbo de Dios es uno y único, no puede existir otro porque en El se expresa toda la esencia de Dios. Por eso, en el texto del Evangelio no se  dice simplemente “Verbo”, sino “el  Verbo”. Y del Verbo se afirman tres verdades: que es eterno, que es distinto del Padre, y que es Dios.

 

Pablo VI resume la doctrina, en el Credo del Pueblo de Dios

 

El Papa, beato Pablo VI, con motivo del Año de la Fe (1967-1968), ha resumido esta verdad acerca de la Trinidad Santísima, en el llamado Credo del pueblo de Dios, con estas palabras: “Creemos en Nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios. El es el Verbo eterno, nacido del Padre antes de todos los siglos y consustancial al Padre, esto es  homoousios to Patri; por quien han sido hechas todas las cosas. Y se encarnó por obra del Espíritu Santo, de María Virgen, y se hizo hombre: por tanto, igual al Padre según la divinidad, menor que el Padre según la humanidad, completamente uno no por confusión de la sustancia (que no puede hacerse), sino por la unidad de la persona”.

 

Finalmente, como lo confirma la doctrina de la Iglesia, “en el principio: No significa otra cosa sino que fue siempre y es eterno. Porque si es Dios, como de verdad lo es, no hay nada antes que Él; si es Creador de todas las cosas, entonces El mismo es el primero; si es Dominador y Señor de todo, todo es posterior a El: las criaturas y los siglos”.

 

José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico y Licenciado en Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229. Durante un puñado de años, Asesor Religioso y Redactor Jefe de la Sección de Información Religiosa, de la Agencia Internacional de Prensa “Europa Press”, con sede en Roma y Madrid.


LA ANUNCIACIÓN Y LA ENCARNACIÓN DEL VERBO, EL ACONTECIMIENTO MÁS TRASCENDENTAL DE LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD. (Homilía. 4º Domingo de Adviento, 21 de diciembre del año 2014)

La Anunciación a María y la Encarnación del Verbo es el hecho más maravilloso, el misterio más entrañable de las relaciones de Dios con los hombres y el acontecimiento más trascendental de la Historia de la humanidad. Hoy contemplamos  la maravilla de que Dios se haga hombre, y podemos decir, que para siempre. Y hasta este punto ha llegado la bondad, la misericordia y el amor de Dios por todos nosotros.

 

Por eso, este gran día, cercano ya a la Navidad, contemplamos a Nuestra Señora que, “enriquecida desde el primer instante de su concepción -dice el Concilio Vaticano II en la Constitución dogmática sobre la Iglesia, que lleva por título Lumen Gentium– con el resplandor de una santidad enteramente singular, la Virgen Nazarena, por orden de Dios, es saludada por el arcángel de la Anunciación como llena de gracia, a la vez que ella responde al mensajero celestial: He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”.

 

MARIA ENTREGADA A LA VOLUNTAD SALVÍFICA DE DIOS

 

“Así, María, hija de Adán, al aceptar el mensaje divino –sigue diciendo el Concilio Vaticano II- se convirtió en Madre de Jesús y, al abrazar de todo corazón y sin entorpecimiento de pecado alguno la voluntad salvífica de Dios, se consagró totalmente, como esclava del Señor, a la Persona y a la obra de su Hijo, sirviendo con diligencia al misterio de la Redención con El y bajo El, con la gracia de Dios omnipotente. Con razón, pues, piensan los Santos Padres que María no fue instrumento puramente pasivo en las manos de Dios, sino que cooperó a la salvación de los hombres con fe y obediencia libres”.

 

Por lo tanto, la Anunciación a María y la Encarnación del Verbo son el hecho más maravilloso, el misterio más entrañable de las relaciones de Dios con los hombres y el acontecimiento más trascendental de la Historia de la humanidad. ¡Qué Dios se haga Hombre y para siempre! ¡Hasta dónde ha llegado la bondad, la misericordia y el amor de Dios por nosotros, por todos nosotros!

 

El evangelista San Lucas narra con sencillez el gran acontecimiento y la aparición del arcángel San Gabriel a la Santísima Virgen María. Por lo tanto, ¡con cuanta atención y reverencia hemos de considerar estas palabras que el Evangelio de la Misa de hoy nos ofrece! Y al mismo tiempo trataremos de rezar piadosamente el Angelus todos los días a las doce del mediodía, excepto en el Tiempo Pascual que se reza el Regina coeli. Y también será bueno que, en el rezo del Santo Rosario, cuando contemplemos los misterios gozosos,  hagamos con más devoción, si cabe, el primero de estos misterios.

 

DIOS QUISO NACER DE UNA MADRE VIRGEN

 

¡Qué gratificante resulta también, en un día como hoy, considerar que Dios quiso nacer de una madre virgen!. Precisamente, así lo había anunciado el profeta Isaías. Y las enseñanzas de la Santa Madre Iglesia nos lo recuerdan, al repetirnos la doctrina sobre la Encarnación del Hijo de Dios, en el seno de la Santísima Virgen María. Efectivamente, se afirma en la Ineffabilis Deus, que: “Dios desde la eternidad, la eligió y señaló como Madre para que su Unigénito Hijo tomase carne y naciese de Ella en la plenitud dichosa de los tiempos. Y en tal grado la amó, por encima de todas las criaturas, que sólo Ella se complació con señaladísima complacencia. Y este privilegio de ser virgen y madre al mismo tiempo, concedido a Nuestra Señora, es un don divino, admirable y singular”.

 

Dice el Catecismo Romano que Dios “tanto engrandeció a la Madre en la concepción y en el nacimiento del Hijo, que le dió fecundidad y la conservó en perpétua virginidad”. Y el Papa Beato Pablo VI recordó esta verdad de fe en el Credo del Pueblo de Dios, cuando afirmó: “Creemos que la bienaventurada María, que permaneció siempre Virgen, fue la Madre del Verbo encarnado, Dios y Salvador nuestro, Jesucristo”.

 

DESTINADA DESDE TODA LA ETERNIDAD

 

Ahora bien, consideremos que la Anunciación es el momento en el que la Virgen María conoce con claridad para lo que Dios Nuestro Señor la había destinado desde toda la eternidad. Y es el mismo arcángel San Gabriel quien la tranquiliza y le dice: “no temas María”. Pero esta actitud de la Virgen no significa que haya habido en María alguna imperfección, sino que simplemente se produce una reacción natural, ante la grandeza de lo sobrenatural. Y es entonces cuando el mismo Arcángel comunica a la Santísima Virgen su maternidad divina, recordando las palabras, en el Antiguo Testamento, del profeta Isaías, en las que se anunciaba ya el Nacimiento virginal del Mesías.

 

El Papa San Juan Pablo II, en una Homilía pronunciada en la Catedral de México, hablando de la Anunciación, dijo: “Toda fidelidad debe pasar por la prueba más exigente: la de la duración. Es fácil ser coherente por un día o algunos días. Difícil e importante es ser coherente toda la vida. Es fácil ser coherente en la hora de la exaltación, difícil serlo en la hora de la tribulación. Y sólo puede llamarse fidelidad una coherencia que dura a lo largo de toda una vida. El fiat  de María en la Anunciación encuentra su plenitud en el fiat  silencioso que repite al pie de la Cruz”.

 

José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico y Licenciado en Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229. Durante un puñado de años, Asesor Religioso y Redactor Jefe de la Sección de Información Religiosa, de la Agencia Internacional de Prensa “Europa Press”, con sede en Roma y Madrid.