PROPÓSITO DEL AÑO NUEVO: RECORRERLO DÍA A DÍA DE LA MANO DE LA VIRGEN MARÍA (Homilía: 1-enero-2016)

Hoy comenzamos un nuevo año. Hagamos, por tanto, el firme propósito de vivirlo cada día, llevados de la mano por la Virgen María. Este es el mejor modo de hacerlo con seguridad. Nunca iremos mejor. Consideremos como los pastores marchan corriendo a Belén, acuciados por la señal que les habían dado los ángeles de que había nacido el Salvador, constituyéndose así en los primeros testigos del Nacimiento del Mesías.

 Ahora bien, no satisfechos los pastores con creer la ventura que les habían anunciado los ángeles, y cuya realidad vieron llenos de asombro, manifestaron su alegría, no sólo a la Santísima Virgen María y a San José, sino también a todos sus conocidos. Y lo que es más todavía: lo grabaron fuertemente en su memoria. Y todos cuantos los escuchaban quedaban maravillados de sus palabras. Y no solo se admiraban del gran testimonio que le dieron los pastores, sino que lo publicaban con gran sencillez. Pensemos con qué amor, con qué delicadeza tratarían al Niño Dios. Consideremos, entonces, que así hemos de hacerlo nosotros, ante tantas personas que esperan unas palabras de aliento y consuelo.

 MARÍA, SERENA Y CONTEMPLATIVA

 Por su parte, el Santo Evangelio, dice mucho de la Santísima Virgen María, cuando en breves palabras nos la presenta serena y contemplativa, ante las maravillas que se estaban cumpliendo, en el Nacimiento de su divino Hijo. María las penetra con mirada honda y las guarda en el silencio de su alma. Por eso, podemos decir, sin temor a equivocarnos, que Santa María es maestra de oración, de trato con Dios Nuestro Señor.

 Consideremos que si imitamos a la Virgen María,  si guardamos y ponderamos en nuestros corazones lo que oímos de Jesús y lo que Él hace por nosotros, nos situamos de verdad en el camino hacia la santidad cristiana. Y así nunca faltará, en  nuestra vida, ni la doctrina del Señor ni el auxilio de su gracia.

 Además, meditando las enseñanzas que hemos recibido de Jesús, iremos profundizando en su misterio, y así “la Tradición apostólica –dice el Concilio Vaticano II en la Dei Verbum- va creciendo en la Iglesia con la ayuda del Espíritu Santo; es decir, crece la comprensión de las palabras y de las cosas transmitidas, cuando los fieles las contemplan y estudian repasándolas en su corazón, cuando comprenden internamente los misterios que viven, cuando los proclaman los obispos, sucesores de los Apóstoles en el carisma de la verdad.”

 MARÍA, HIJA DE DIOS PADRE Y MADRE NUESTRA

 Además, por ser María verdadera Madre del Hijo de Dios hecho hombre, se sitúa en una estrechísima relación con la Santísima Trinidad. Es la Hija del Padre, como la llamaron los Padres de la Iglesia y el Magisterio antiguo y reciente. Y a Ella dirigimos el pensamiento lleno de alegría y de alabanza y la decimos: “Dios te salve, María, Hija de Dios Padre; Dios te salve, María, Madre de Dios Hijo: Dios te salve, María, Esposa de Dios Espíritu Santo… ¡Más que tú, sólo Dios!”

 Y al comenzar un nuevo año, aprovechemos para hacer el propósito firme de recorrerlo día a día de la mano de la Virgen. Nunca iremos más seguros. Hagamos como el Apóstol San Juan, cuando Jesús le dió a María, en nombre de todos, como Madre suya: Desde aquel momento -escribe el Evangelista- el discípulo la recibió en su casa. ¡Con qué amor, con qué delicadeza la trataría! Así hemos de hacerlo nosotros en cada jornada de este nuevo año y siempre. ¡María Hija de Dios Padre y Madre nuestra!

 José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico y Licenciado en Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229. Durante un puñado de años, Asesor Religioso y Redactor Jefe de la Sección de Información Religiosa, de la Agencia Internacional de Prensa “Europa Press”, con sede en Roma y Madrid.


LA PRENSA CATÓLICA, O DE INSPIRACIÓN CATÓLICA, COMO META A CONQUISTAR. (Opinión Pública. Nº 29: 27-XII-2015)

Los autores, al estudiar la Prensa Católica, hacen casi siempre esta pregunta: ¿es necesaria una Prensa Católica? La mayoría de las respuestas se limitan a afirmar la necesidad de luchar contra el mal que lo ha invadido todo. La prensa neutra deforma la opinión pública. Otra, se sirve de ella para sus propios intereses. Por otra parte –continúan afirmando-, la Iglesia debe llevar su voz a todo el mundo, y los medios de difusión tienen la obligación y el deber de servirla, a fin de que su doctrina pueda llegar a todos los hombres.

 Planteando así el problema, podemos contestar: se necesita una Prensa buena para contrarrestar la acción de la Prensa. Es necesaria una Prensa que sirva a la difusión de la verdad de la Iglesia, contra otra prensa que no sólo daña sino que además impide la difusión. Sin embargo, este problema es bastante más complejo. Al ofrecer el concepto de Prensa católica es necesario, en primer lugar, delimitar cada uno de los términos: prensa y católica. Si tratamos de aplicar el concepto de prensa a la prensa católica, no tenemos que crear nada, solo necesitamos saber que se en entiende por Prensa.

 NFORMAR Y VALORAR LAS NOTICIAS

 El periódico, la empresa periodística, o simplemente la prensa, son términos sinónimos, con los que queremos significar aquello que corresponde a los deseos y fines de todo periódico: a) servir el deseo del público de saber y comunicarse; b) conseguir, por todos los medios técnicos, informar al público de todos los sucesos del día; c) el periódico, además de informar, formará; es decir, valorará las noticias; d) todo periódico, para servir verdaderamente a la Opinión Pública, tiene que estar libre de presiones económicas, sociales políticas…e) para que sea un órgano de información, como hoy necesita la opinión pública; contará también, con los medios económicos necesarios.

 Estos son los fines de la Prensa. Nos importa saber que se entiende por Prensa Católica. En realidad, el término Prensa ya sabemos lo que significa. Añadimos un calificativo: católica. Calificativo que no coincide con la denominada prensa religiosa, prensa oficial u oficiosa de la Iglesia, boletín del obispado u hoja parroquial. No coincide tampoco con los periódicos que tienen censura eclesiástica. Tampoco podemos admitir que la prensa católica merece un trato especial de un gobierno normal. Nada de esto.

 Y rechazamos también, la idea de quienes afirman que la Prensa Católica pertenece a las “cosas mixtas” y que, por tanto, la Iglesia y el Estado deben marchar de acuerdo. Así se expresa Alberto García, en un trabajo publicado con el título siguiente: “La libertad de Prensa, a la luz de la doctrina pontificia”.El problema es mucho más sencillo. Cuando hablamos de Prensa Católica, al término general Prensa añadimos tan solo el calificativo Católica. Prensa Católica querrá decir, por tanto, prensa de inspiración católica. Prensa que sigue las direcciones del Magisterio de la Iglesia: que acata la ley divina, la ley natural y la ley positivo-humana, de acuerdo con ley divino-positiva.

LA PRENSA SIRVE PARA HACER LIBRE AL HOMBRE

 En este concepto quisiéramos aclarar que no hablamos de la prensa católica en el sentido de que existe una prensa inmoral, otra que se llama neutra, sensacional, de sucesos… y también existe prensa católica. No. No esto. La prensa tendrá razón de ser cuando sierva a aquellos fines para los que naturalmente tienen razón de existir. Podemos repetirlo con una frase conocida en este trabajo: cuando sirva para hacer al hombre auténticamente libre. Una prensa inmoral o sensacionalista que no sirve para este fin no puede existir, porque el hombre necesita de todos los medios para conseguirse felicidad eterna. En esto consiste la verdadera libertad.

 Podrá existir una prensa de deportes, sensacionalista o gráfica, pero esa prensa, si sigue las direcciones marcadas por el Magisterio de la Iglesia, será de inspiración católica. La Iglesia tiene que llegar a todos y no puede existir un medio, como es la Prensa, del que se puede afirmar: puede existir una Prensa de inspiración católica y otra que no lo es. La realidad es esa, pero el deseo de la Iglesia no termina ahí.

 ¿Qué se entiende, entonces, por prensa católica o de inspìración católica? La prensa que cumple con la misión que corresponde pura y simplemente a la Prensa.

Se nos podrá objetar ¿por qué los papas hablan específicamente de la prensa Católica?

 Los Romanos Pontífices tratan de la prensa católica de un modo práctico. Quieren conseguir que la prensa católica sirva a la verdad, contrarrestando el daño que causa la prensa mala. Pero esto no supone un deseo distinto a la consecución de una prensa de inspiración católica en todo el mundo, como dijo el papa Pío XII en un Discurso al Tercer Congreso Internacional de Prensa Católica, el 29 de abril del año 1954.

 CONSECUENCIAS DE ESTA CONQUISTA

Los que hemos dicho puede reducirse a estos términos: todos los órganos de la sociedad tienen que cooperar a la auténtica libertad del hombre. Luego la prensa tiene que cumplir con su misión. Y el único modo de cumplir con ella es acatar la ley natural, la divino-positiva y la ley humano-positiva, de todo lo cual es depositaria la Iglesia. Si la prensa para cumplir con esta misión tiene que seguir sus direcciones será de inspiración católica.

 No tiene razón de ser una Prensa que es católica y otra que no lo es. No existe una prensa que pueda cooperar a la libertad del hombre y otra que no. Luego, toda la prensa que actualmente cumple con esta misión es prensa católica, de inspiración católica. La otra no tiene razón de existir, y no es católica, ni prensa. Es una enfermedad de la prensa. Y lo que es una enfermedad, no merece ningún calificativo. Basta decir que no es prensa. Podemos, por tanto, eliminar el calificativo “católica”. Es suficiente decir “prensa”. Prensa que cumple con su misión: cooperar a la auténtica libertad del hombre.

 José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico y Licenciado en Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229. Durante un puñado de años, Asesor Religioso y Redactor Jefe de la Sección de Información Religiosa, de la Agencia Internacional de Prensa “Europa Press”, con sede en Roma y Madrid.


HEMOS DE AMAR A DIOS, PARA ASÍ QUERER SU VOLUNTAD Y TENER DESEOS DE CORRESPONDER A SUS LLAMADAS. (HOMILÍA: FIESTA DE LA SAGRADA FAMILIA: 27.XII. 2015).

Sólo el evangelista San Lucas, ha recogido el suceso del Niño Jesús perdido y hallado en el templo, que piadosamente contemplamos en el 5º misterio gozoso del Santo Rosario. El viaje era obligatorio sólo para los varones de 12 años en adelante. La distancia entre Nazaret y Jerusalén, en línea recta, es de unos 100 kilómetros. Teniendo en cuenta las zonas montañosas, los caminos darían un rodeo que puede calcularse en unos 40 kilómetros.

 En las peregrinaciones a Jerusalén los judíos solían caminar en dos grupos: uno de hombres y otro de mujeres. Los niños podían ir en uno de cualquiera de los dos. Esto explica que pudiera pasar inadvertida la ausencia del Niño Dios, hasta que terminó la primera jornada, momento en el que se reagrupaban las familias para acampar. Dice San Josemaría Escrivá, en su libro Santo Rosario: “llora María.- por lo demás hemos corrido tú y yo de grupo en grupo, de caravana en caravana: no le hemos visto.- José, tras hacer inútiles esfuerzos por no llorar, llora también: … Y tú… Y yo. Yo, como soy un criadito basto, lloro a moco tendido y clamo al cielo y a la tierra…, por cuánto le perdí, por mi culpa y no clamé”.

 BUSCAR SIEMPRE A JESÚS

La solicitud con que la Santísima virgen María y San José buscan al Niño ha de estimularnos a nosotros también a buscar siempre a Jesús, sobre todo cuando le hayamos perdido por el pecado. Dice San Josemaría en el libro citado: “Jesús: que nunca más te pierda…y entonces la desgracia y el dolor nos une, como nos unió el pecado, y salen de todo nuestro ser gemidos de profunda contrición y frases ardientes que la pluma no puede, no debe estampar”.

 Seguramente, el Niño Jesús estaría en el atrio del templo, donde los doctores solían enseñar. Los que querían, escuchaban las explicaciones sentados en el suelo, interviniendo a veces con preguntas y respuestas. El niño Jesús siguió esta costumbre, pero sus preguntas y respuestas llamaron la atención de los doctores, por su sabiduría y ciencia.

 La Virgen María sabia, desde el anuncio del ángel, que el niño Jesús era Dios. Esta fe fundamentó una constante actitud de generosa fidelidad a lo largo de su vida, pero no tenía por qué incluir el conocimiento concreto de todos los sacrificios que Dios le pediría, ni del modo como Cristo llevaría a cabo su misión redentora. Lo iría descubriendo en la contemplación de la Vida de Nuestro Señor.

 LAS PALABRAS DEL NIÑO JESÚS ENSEÑAN SU FILIACIÓN DIVINA

La respuesta de Cristo es una explicación. Las palabras del Niño – que son las primeras que recoge el Evangelio- enseñan claramente su Filiación divina. Y afirman su voluntad de cumplir los designios de su Padre Eterno. San Lucas afirma “no los reprende, a María y a José, porque lo buscan como hijo, sino que les hace levantar los ojos de su espíritu para que vean lo que debe a Aquel de quién es hijo eterno. Con ello, Jesús nos enseña a todos que, por encima de cualquier autoridad humana, incluso la de los padres, está el deber primario de cumplir la voluntad de Dios: “Y, al consolarnos con el gozo de encontrar a Jesús- ¡tres días de ausencia!- disputando con los maestros de Israel, quedará muy grabada, en tu alma y en la mía, la obligación de dejar a los de nuestra casa por servir al Padre Celestial”.

Hay que tener en cuenta que Jesús conocía, con detalle desde su concepción, el desarrollo de toda su vida en la tierra. Las palabras con que responde a sus padres denotan ese conocimiento. María y José se dieron cuenta de que su repuesta entrañaba un sentido muy profundo que no llegaban a entender. Lo fueron comprendiendo a medida que los acontecimientos de la vida de su Hijo se iban desarrollando. La fe de María y José y su actitud de reverencia frente al Niño les llevaron a no preguntar más, por entonces, y a meditar, como en otras ocasiones, las obras y palabras de Jesús.

 El evangelio, al final nos resume la vida admirable de Jesús en Nazaret, con solo tres palabras “les estaba sujeto”, les obedecía: Jesús, obedece, y obedece a José y a María. Dios ha venido a la tierra para obedecer, y para obedecer a las criaturas. Son dos criaturas perfectísimas: Santa María, nuestra Madre, mas que Ella, solo Dios; y aquel varón castísimo, José. Pero criaturas. Y Jesús, que es Dios, les obedecía. Hemos de Amar a Dios. Para así amar su voluntad y tener deseos de responder a las llamadas que el mismo Dios nos dirige a través de las obligaciones de nuestra vida corriente: en los deberes de estado, en la profesión, en el trabajo, en la familia, en el trato social, en el propio sufrimiento y en el de los demás hombres, en la amistad, en el afán de realizar lo que es bueno y justo.

 CRECIMIENTO SOBRENATURAL Y MADUREZ HUMANA

Finalmente, dice el Evangelio que Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres. Con esto, el Señor ha querido que nuestro crecimiento sobrenatural vaya acompañado también de una madurez humana. Las virtudes humanas son cimiento de las sobrenaturales. No se concibe un buen cristiano sin que a la vez sea un buen padre, un buen ciudadano, un buen amigo. “Cuando un alma se esfuerza –dice Escrivá de Balaguer, en su obra Amigos de Dios- por cultivar las virtudes humanas, su corazón está ya muy cerca de Cristo. Y el cristiano percibe que las virtudes teologales –la fe , la esperanza y la caridad- y todas las otras que trae consigo la gracia, le impulsan a no descuidar nunca esas cualidades buenas que comparte con tantos hombres”.

José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico y Licenciado en Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229. Durante un puñado de años, Asesor Religioso y Redactor Jefe de la Sección de Información Religiosa, de la Agencia Internacional de Prensa “Europa Press”, con sede en Roma y Madrid.


HOY CELEBRAMOS EL NACIMIENTO DEL HIJO DE DIOS Y SALVADOR NUESTRO, JESUCRISTO. (HOMILÍA: 25-XII-2015)

Hoy, 25 de diciembre celebramos el Nacimiento del Hijo de Dios y Salvador Nuestro, Jesucristo, “luz verdadera que ilumina a todos los hombres”, como dice el Apóstol y Evangelista, San Juan. Y tu y yo, y cada uno de los cristianos, participamos de esa luz divina, como dijo el mismo Jesucristo cuando afirmó, “vosotros sois la luz del mundo”, porque todos los cristianos, dondequiera que vivamos, por el ejemplo de nuestra vida y el testimonio de nuestra palabra, estamos obligados a manifestar el hombre nuevo del que hemos sido revestidos en el Bautismo y robustecidos por el Sacramento de la Confirmación, para glorificar a Dios Padre y descubrir a todos los humanos el genuino sentido de su vida.

Consideremos, entonces, que la Segunda Persona de la Santísima Trinidad se hizo hombre para que cada uno de los humanos pudiéramos ser librados de los lazos de la muerte eterna y subir al Cielo. Ciertamente, el pesebre de Belén es toda una enseñanza, para que nosotros pudiéramos entender las lecciones que nos da Jesús ya desde Niño recién nacido. Dice San Josemaría que “Jesús se humilla para que podamos acercarnos a El, para que podamos corresponder a su amor con nuestro amor, para que nuestra libertad se rinda no sólo ante el espectáculo de su poder, sino ante la maravilla de su dignidad.”

QUE NUESTROS CORAZONES NAZCAN ESPIRITUALMENTE

Ojalá el mismo Jesús halle lugar en nuestros corazones, para nacer espiritualmente. Para ello, debemos aspirar a que Cristo nazca en nosotros. Y esto lo conseguiremos si cada uno de nosotros se esfuerza por nacer a una nueva vida, procurando ser nuevas criaturas, como dice San Pablo en la Carta a los Romanos. Y este será el camino que se nos dió en el Bautismo y que ha sido como un nuevo nacimiento.

Por otra parte, podemos considerar también que se presenta como el Hijo primogénito, no en el sentido familiar que nosotros podemos entenderlo, sino en un sentido profundísimo que sobrepasa toda consideración natural y biológica. “En verdad –dice San Beda-, el Hijo de Dios que se manifiesta en la carne, es en un orden más alto no sólo Unigénito del Padre según la excelencia de su divinidad, sino también primogénito de toda criatura según los vínculos de su fraternidad con los hombres.”

LA VIRGINIDAD DE MARÍA

La Tradición cristiana nos enseña también la verdad de fe de la virginidad de María después del parto, que está en perfecto acuerdo con este carácter de primogénito de Cristo. Por eso, el Concilio del Letrán del año 649 afirmó que “si alguno no confiesa, de acuerdo con los Santos Padres, propiamente y según verdad, por Madre de Dios a la Santa y siempre Virgen María, que concibió por obra del Espíritu Santo, al mismo Dios Verbo propia y verdaderamente, que antes de todos los siglos nació de Dios Padre, e incorruptible le engendró, permaneciendo Ella, aún después del parto, en su virginidad, sea condenado” .

Además debe quedar claro que Cristo, en el Nacimiento, manifestó su divinidad y su humanidad. Por lo tanto, la fe cristiana debe confesar que Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre. Y no manifestó en sí mismo la forma de siervo, como se dice en la Carta a los Filipenses, sino que al mismo tiempo dejó claro el poder de su divinidad. Efectivamente, la salvación que Cristo trajo a los humanos era y es para todos, sea cualquiera su condición y su raza. Así se dice en la Carta a los Colosenses: “No hay distinción entre gentil y judío, entre circunciso e incircunciso, entre bárbaro y escita, entre esclavo y libre: sino que Cristo es todo en todos”. Por eso, ya en su nacimiento, eligió para manifestarse a personas de diversa condición: a los pastores, a los Magos y a los justos Simeón y Ana. Como comenta San Agustín: “Los pastores eran israelitas: los Magos, gentiles; aquéllos estaban cerca; éstos, lejos. Unos y otros acudieron a Cristo como a la piedra angular”.

EL SALVADOR VINO A REDIMIRNOS

Por su parte, el ángel que se presentó a los pastores, para anunciarles que el Mesías acababa de nacer, les anuncia que el Niño que ha nacido es el Salvador, el Cristo, el Señor. Es el Salvador porque ha venido a redimirnos de nuestros pecados. Es el Cristo, es decir, el Mesías prometido en el Antiguo Testamento. Es el Señor, con lo cual se manifiesta la divinidad de Cristo, puesto que con este nombre quiso Dios ser llamado en el Antiguo Testamento. Y ese nombre se hará corriente entre los cristianos para nombrar e invocar a Jesús, y así confesará la Iglesia su fe para siempre: Creemos en un solo Señor Jesucristo, Hijo único de Dios.

Pero Cristo no es sólo Señor de los hombres, sino también de los ángeles. De ahí que éstos se alegren por el Nacimiento de Cristo y le tributen esta adoración: Gloria a Dios en las alturas. Y como los humanos estamos llamados a participar de la misma felicidad eterna que los ángeles, éstos expresan su alegría añadiendo en su alabanza: Y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad. Alaban al Señor –comenta San Gregorio Magno- poniendo las voces de su canto en armonía con nuestra redención; nos ven participando ya de su misma suerte y se congratulan por ello”.

José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico y Licenciado en Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229. Durante un puñado de años, Asesor Religioso y Redactor Jefe de la Sección de Información Religiosa, de la Agencia Internacional de Prensa “Europa Press”, con sede en Roma y Madrid.