FALSOS Y RECTOS CONCEPTOS DE LA OPINIÓN PÚBLICA (31-I-2016)

El mundo actualmente se encuentra dividido en dos bloques: el mundo de las democracias populares y el mundo de las democracias occidentales. En ambos lados puede decirse que falta la libertad política, que es la negación de una parte de la libertad del individuo. Explicaremos más adelante como el hombre necesita disfrutar de auténtica libertad, y también diremos que cuando hablamos del hombre nos referimos al hombre comunitario. Casi podemos decir que el otro hombre no existe.

 Por eso, al referirnos a la auténtica libertad, pensamos en la libertad del individuo viviendo en sociedad, como dice Michael Schmaus, en su obra “El hombre como persona y como ser colectivo” y, por tanto, negar la libertad política es negar la libertad del individuo y hacerla desaparecer, de un modo o de otro, del campo de la Opinión Pública.

 Por su parte, tanto las dictaduras como todos los regímenes totalitarios tienden a negar todo valor a la Opinión Pública. Y el Estado tiene para ellos la propiedad de la Opinión. Puede fabricarla y también imponerla a sus ciudadanos. En este caso, las minorías rectoras nada tienen que aprender del pueblo.

 En los países democráticos liberales, la Opinión Pública, en teoría, es infalible y tiene plenos derechos a manifestarse. Esto condujo a graves problemas, en los últimos años. La Opinión Pública, según la teoría de las democracias liberales, podía manifestar libremente todas sus ideas. Evidentemente, esto sólo podían hacerlo a través de sus órganos de expresión. Y la Opinión Pública y sus medios de expresión trataron siempre de defender esos derechos, frente al temor de absorción, por parte del Estado. Pero hoy no se lucha solo por la libertad de la Opinión Pública frente al Estado, sino también por la libertad frente a la misma persona y a cualquier grupo de presión, que puede ser económico, social o político.

 OPRESIONES DE LA OPINIÓN PÚBLICA

Estamos, por tanto, ante distintas opresiones de la Opinión Pública: por un lado, los países totalitarios se creen los únicos dueños de ella; por otro lado, los países democráticos liberales que, concediendo un poder ilimitado a la Opinión Pública, han tropezado con una Prensa o unos grupos de presión que se han apropiado esa infalibilidad.

 Entonces, cuando el derecho de tener una opinión y poder manifestarla de un modo conducente al bien común, es un derecho de la persona, se ha convertido en el derecho de unas minorías rectoras, de unos cuantos periódicos o agencias informativas, o de grupos económicos, sociales, políticos…

 VERDADERO CONCEPTO DE OPINIÓN PÚBLICA

El papa Pío XII, al rechazar los errores totalitarios, desarrolló toda una teoría de lo que debe ser la Opinión Pública y cual es y debe ser el papel de la Prensa, al servicio de ella. Por tanto, se nos impone la obligación de delimitar que se entiende por Opinión Pública, a la luz de la doctrina de Pío XII.

 Tratando de definir el contenido de la Opinión Pública, surgen los conceptos más dispares. Para algunos, la Opinión Pública es el parecer del público. Para otros es además de una fuerza, un juicio, sin juez y sin tribunal, pronto a sentenciar en cualquier campo. Así se expresan Dovifat, Alvaro D’Ors y José Ortega y Gasset.

 Por otra parte, muchos creen que la Opinión es algo indeterminado que no se sabe de donde viene. Unas veces manda, otras exige, amenaza, aplaude, declara la guerra, destruye las naciones o consigue la paz. Y otros opinan que “es algo que puede fabricarse a gusto de unos pocos que no se han preocupado de averiguar si sus intereses coinciden con  los de la comunidad social”.

 Por tanto, la Opinión Pública viene a ser “el patrimonio de toda sociedad normal compuesta de hombres conscientes de su conducta personal y social, que están íntimamente ligados con la comunidad de la que forman parte. Ella es en todas partes, y, en fin de cuentas, el eco natural, la resonancia común, más o menos espontánea de los sucesos y de la situación actual, en sus espíritus y en sus juicios”.

 Finalmente, quiero recordar que la Opinión Pública –según el Papa Pío XII, en un Discurso al I Congreso Internacional de Prensa Católica, con fecha del 17 de febrero de 1950- es algo concreto, algo que supera las mismas situaciones históricas, que intentan dar solución a cada uno de los problemas de los hombres y en cada momento. Por eso, afirma el Pontífice:  “lo que se llama hoy Opinión Pública, muchas veces no es más que un nombre, un nombre vacío de sentido, algo como un ruido, una impresión ficticia y superficial. Y no un eco despertado espontáneamente de la conciencia de la sociedad y dimanante de ella”.

 José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico y Licenciado en Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229. Durante un puñado de años, Asesor Religioso y Redactor Jefe de la Sección de Información Religiosa, de la Agencia Internacional de Prensa “Europa Press”, con sede en Roma y Madrid.


A JESÚS SE LE ENTIENDE Y ENCUENTRA EN LA HUMILDAD Y EN LA DOCILIDAD A QUIENES EL SEÑOR HA PUESTO PARA QUE SEAMOS BUENOS CRISTIANOS. (Homilía: Domingo 4º del Tiempo Ordinario, 31-I-2016)

A Jesús sólo se le entiende y encuentra en la humildad y en la seria resolución de ponernos en sus manos. Pero muchos andamos con frecuencia enfermos en el alma y con errores y defectos que no acabamos de arrancar. Mientras tanto, el Señor espera que seamos humildes y dóciles a las indicaciones y consejos de aquellas personas que Dios ha puesto para ayudarnos a ser buenos cristianos, en medio de nuestro trabajo y de nuestra familia.

 APOYO HUMANO Y CONFIANZA EN DIOS

 Tengamos en cuenta que a veces nos puede pasar que nos pidan cosas que consideramos que somos incapaces de realizarlas. Pero las haremos si dejamos que la gracia de Dios actúe en nuestras almas. Y esto es así porque el Señor no nos pide sólo tener apoyo humano, sino confianza en Dios.

 Efectivamente, los habitantes de Nazaret escuchan, al principio, con agrado las palabras del Señor. Pero lo hacen con una visión muy superficial, de tal modo que, con un orgullo mezquino, se sienten heridos de que Jesús, su conciudadano, no haya hecho en Nazaret los prodigios que llevó a cabo en otras ciudades.

 Por lo tanto, llevados por una confianza mal entendida, le exigen, con insolencia, al Señor, que haga allí milagros para agradar su vanidad, pero no para convertirse. Actitud ante la cual Jesús no hace ningún prodigio y además les reprocha su postura, explicándoles, con ejemplos de la Sagrada Escritura, el tener una buena disposición, a fin de que los milagros puedan dar origen a la fe.

 HUMILDAD Y PONERNOS EN LAS MANOS DE DIOS

 Pero, tristemente, la actitud de Cristo les hiere en su orgullo, hasta el punto de quererlo matar. Por eso, todo el suceso es una buena lección para entender de verdad a Jesús. Porque en realidad, a Él sólo se le entiende en la humildad y en la seria resolución de ponernos en sus manos.

 Y observemos también como Jesús no huye precipitadamente, sino que se va retirando, entre la agitada turba, con una majestuosidad que les dejó paralizados. Como en otras ocasiones, los humanos no podemos nada contra Jesús, porque el decreto divino era que Nuestro Señor Jesucristo llegaría a la Muerte, en la Cruz del Calvario.

 Y, finalmente, tengamos también cuenta que la docilidad hace milagros. Y esto así porque a nosotros nos puede pasar que a veces nos pidan cosas que consideramos incapaces, pero serán posibles si dejamos que la gracia de Dios actúe en nosotros. Y esto es así, porque el Señor no nos pide sólo tener apoyo humano, sino confianza en Dios.

LOS DÓCILES SIEMPREN ENCUENTRAN CURACIÓN

 Pensemos, en realidad, que diez hombres, porque son dóciles, encuentran la curación. Y Jesucristo sólo les dice: “Id, mostraos a los sacerdotes. Y mientras iban, quedaron curados. En otra ocasión, el Señor se compadecía de un mendigo ciego y, nos dice San Juan: “Jesús escupió en tierra e hizo lodo con la saliva, y con este barro le untó sus ojos y le dijo: “Ve, lávate en la piscina de Siloé”. El mendigo no dudó un instante. Fue, pues, se lavó allí, y volvió con vista.

 José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico y Licenciado en Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229. Durante un puñado de años, Asesor Religioso y Redactor Jefe de la Sección de Información Religiosa, de la Agencia Internacional de Prensa “Europa Press”, con sede en Roma y Madrid.


CAUSA PRINCIPAL DE LA APARICIÓN DE LA OPINIÓN PÚBLICA, COMO FUERZA. ( 24-1-2016)

La causa principal de la aparición de la Opinión Pública, como fuerza, ha sido la rebelión de las minorías, olvidadas de que el servicio a la colectividad es la única razón de su existencia. Rebelión que tuvo comienzo, como fenómeno universal, en el Renacimiento, al hacer crisis el concepto cristiano de sociedad.

 A partir de entonces, las minorías selectas de toda clase (religiosas, culturales, políticas, económicas), llevadas del egoísmo, el orgullo y el deseo de comodidades, han seguido un proceso de creciente aislamiento, faltando a su cometido de educadores y defensores de las masas, a las que han dejado entregadas a los impulsos primarios, mientras ellas por su parte, alejadas de la realidad por las barreras de la clase, el confort y la diversión, han degenerado en una burguesía estéril, superficial y estúpida. Monopolizadores, respectivamente, de la cultura y la vitalidad; las minorías y las masas se desprecian y temen mutuamente, dando lugar, de este modo, a la lucha de clases.

 Pero aún ha llegado a más la traición de las minorías: grandes núcleos directores, prevalecidos de su superioridad intelectual, y para lograr el triunfo de sus intereses y utopías, han engañado a las masas con falsas concepciones del mundo e irrealizables promesas, halagando y excitando los peores instintos.

 EVOLUCIÓN DE LA CONCIENCIA PÚBLICA

 Para solucionar este problema ha sido necesaria una evolución de la conciencia pública, que llevara a todos el sentido de comunidad y el convencimiento de que no hay verdadero progreso cultural, si en él no participan todos los hombres. De que la sola justificación de la existencia de las minorías es el servicio que prestan a la sociedad, la cual está en su derecho al no tolerar la existencia de aquellas que no cumplen su misión.

 Y también de que la mayor capacidad para una determinada actividad rectora –único justificativo de pertenecer a una minoría- no es patente de privilegio, sino de responsabilidad y servicio. De que, por consiguiente, fuera de la jerarquización impuesta por su función social respectiva, los hombres no tienen porque diferenciarse en castas o clases.

 Y, finalmente de que el estímulo para el esfuerzo individual necesario a la colectividad no debe consistir en privilegios económicos o de categoría social, ni en el terror policíaco del Estado, sino en el espíritu de servicio al bien común.

 COMO TOMA CARÁCTER Y FUERZA LA OPINIÓN PÚBLICA

 Así toma carácter y fuerza la opinión pública, y aparecen las democracias como formas de gobierno. El pueblo toma conciencia de su derecho a participar de algún modo y en grado mayor o menor en el Gobierno. De que la sana democracia debe estar investida de una autoridad firme y eficaz. De que ha de contar con las minorías rectoras. De que su participación en el Gobierno, lo debe hacer, singularmente, manifestando su opinión y haciéndose representar en los cuerpos colectivos, mediante el ejercicio del voto.

 Pero en el Estado moderno, sin embargo, la participación real del simple ciudadano, en la vida pública, es cada vez más hipotética, aun dentro de los sistemas más auténticamente democráticos. La estructura de la máquina moderna del Estado, el encadenamiento casi inexplicable de las relaciones económicas y políticas no permiten al simple ciudadano intervenir eficazmente en las decisiones públicas. Todo lo más con su voto libre, puede tener alguna influencia en la dirección política, y aún esto en medida limitada.

 ESTUDIAR LA REGULACIÓN DE LA OPINIÓN PÚBLICA

 De ahí la acuciante necesidad de exponer la doctrina acerca del respeto debido a una auténtica opinión pública.

 La opinión pública, por su misma naturaleza, necesita manifestarse. Requiere la libertad de sus medios de expresión. Por eso, ella se levanta frente a la opresión del Estado, de las minorías rectoras, o de la Prensa, y la concentración de la información en pocas manos.

 Hoy, más que nunca, es necesario estudiar cómo debe estar regulada la Opinión Pública. Que papel juega frente a ella el Estado y aquellos medios de expresión que tienen como finalidad estar a su servicio.

 José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico y Licenciado en Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229. Durante un puñado de años, Asesor Religioso y Redactor Jefe de la Sección de Información Religiosa, de la Agencia Internacional de Prensa “Europa Press”, con sede en Roma y Madrid.


EL EVANGELIO DE ESTE DOMINGO MUESTRA UNA HISTORIA ORDENADA DE LA VIDA DE JESUCRISTO (Domingo III del Tiempo Ordinario: 24-1-2016)

En el Evangelio correspondiente al tercer domingo del Tiempo Ordinario, el evangelista San Lucas expone, en un breve prólogo, la intención que le ha movido a escribir esta obra: componer una historia bien ordenada y documentada de la Vida de Nuestro Señor Jesucristo, desde sus orígenes.

 Estas palabras del evangelista dejan entrever cómo el mensaje de Salvación de Nuestro Señor Jesucristo, que nos ofrece este Evangelio, fue predicado antes de ponerse por escrito. Efectivamente, “los autores sagrados –enseña el Concilio Vaticano II, en la Dei Verbum, número 19- compusieron los cuatro Evangelios escogiendo datos de la tradición oral o escrita, reduciéndolos a síntesis, explicándolos según las condiciones de la diversas iglesias, conservando siempre el estilo de proclamación: así nos trasmitieron datos auténticos y genuinos acerca de Jesucristo. Sacándolos de quienes desde el principio fueron testigos oculares y ministros de la palabra”.

 Ahora bien, el Evangelio de La Santa Misa de este domingo, tras  referirse al capítulo primero del  Evangelio de San Lucas, da un salto hasta el capítulo cuarto, versículos del 14 al 21, donde Jesús leyó un pasaje del profeta Isaías, que anuncia la llegada del Señor que librará al pueblo de sus aflicciones.

 JESÚS PRETENDE NUESTRA LIBERACIÓN DEL PECADO

 Efectivamente, las palabras del profeta Isaías, que Nuestro Señor Jesucristo leyó en esta ocasión, describen de modo gráfico la finalidad para la que Dios Nuestro Señor, envió a su Hijo: la redención del pecado, la liberación de la esclavitud del demonio y de la muerte eterna. Es cierto que Cristo durante su ministerio público, movido por su misericordia, hizo, entre otras, algunas curaciones o libró a algunos endemoniados. Pero no curó a todos los enfermos del mundo, ni suprimió todas las penalidades de este vida, porque el dolor, introducido en el mundo por el pecado, tiene un irrenunciable valor redentor, unido a los sufrimientos de Nuestro Señor Jesucristo.

Por eso, el Señor hizo algunos milagros que constituyen no tanto el remedio de los dolores en tales casos concretos, sino la muestra de su misión divina de redención universal y eterna, que continúa haciendo la misma Iglesia, tras las palabras dichas por Jesucristo: “Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo cuanto os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros hasta el fin del mundo”, según palabras que están recogidas en el capítulo 28 del Evangelio de San Mateo.

 OBLIGACIÓN DE PREDICAR LAS VERDADES DE LA FE

 Pensemos, entonces, que en estas palabras sencillas y sublimes está señalada, como dice San Josemaría Escrivá de Balaguer, “la obligación de predicar las verdades de la fe, la urgencia de la vida sacramental, la promesa de la continua asistencia de Cristo a su Iglesia. Y no se es fiel al Señor si se desentienden esas realidades sobrenaturales: la instrucción en la fe y en la moral cristianas, la práctica de los Sacramentos. Con este mandato, Cristo fundó su Iglesia y la misma Iglesia puede ofrecer la salvación a las almas sólo si permanecen fieles a Cristo en su constitución, en sus dogmas y en su moral”.

 “Rechacemos, por tanto, -añade San Josemaría en una Homilía sobre El Fin Sobrenatural de la Iglesia- el pensamiento de que la Iglesia, olvidando el Sermón de la Montaña, busca la felicidad humana en la tierra, porque sabemos que su única tarea consiste en llevar las almas a la gloria eterna del Paraíso; rechacemos cualquier solución naturalista, que no aprecie el papel primordial de la gracia divina; rechacemos también las opiniones materialistas, que tratan de hacer perder su importancia a los valores espirituales en la vida del hombre; rechacemos de igual modo las teorías secularizantes que pretenden identificar los fines de la Iglesia de Dios con los de los estados terrenos: confundiendo la esencia, las instituciones, la actividad, con características similares a las de la sociedad temporal”.

 Y termina el Evangelio de este Domingo diciendo que toda la sinagoga tenía los ojos fijos en Jesucristo, que les dijo: “Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír”. Con ello, Jesús enseña que esta profecía, como las principales del Antiguo Testamento, se refieren a El y en El tienen su cumplimiento. Por ello, el Antiguo Testamento no puede ser rectamente entendido sino a la luz del Nuevo Testamento: en esto consiste la inteligencia para entender las Sagradas Escrituras que Cristo Resucitado dió a los Apóstoles y que el Espíritu Santo completó el día de Pentecostés.

José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico y Licenciado en Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229. Durante un puñado de años, Asesor Religioso y Redactor Jefe de la Sección de Información Religiosa, de la Agencia Internacional de Prensa “Europa Press”, con sede en Roma y Madrid.