JESUCRISTO SE DA A CONOCER A QUIEN LE AMA Y GUARDA SUS MANDAMIENTOS. (Homilía: 6º Domingo de Pascua: 1-V-2016)

Según las palabras de Nuestro Señor Jesucristo que recoge el Evangelio de la Misa de este domingo Sexto de Pascua, Él se da a conocer a quien le ama y guarda sus mandamientos. Aunque es cierto que Dios Nuestro Señor se había manifestado repetidas veces en el Antiguo Testamento, al Pueblo de Israel. Pero ahora aquí Jesús nos habla de una presencia suya en cada persona. De esta presencia da testimonio San Pablo en la Segunda Carta a los Corintios, cuando afirma que cada uno de nosotros es templo del Espíritu Santo.

 Precisamente, San Agustín, en su obra Confesiones, al considerar la cercanía inefable de Dios en el alma, exclama: “¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé!; he aquí que Tú estabas  dentro de mí y yo fuera, y por fuera te buscaba. Tú estabas conmigo, mas yo no estaba contigo. Me tenían lejos de Ti las cosas que, si no estuviesen en Ti, no serían. Tú me llamaste claramente y rompiste mi sordera; brillaste, resplandeciste y curaste mi ceguedad”.

 INHABITACIÓN DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

 Evidentemente, Nuestro Señor Jesucristo se refiere a la inhabitación de la Santísima Trinidad en el alma, renovada por la gracia: “El corazón –dice San José María Escrivá en su obra Amigos de Dios- necesita, entonces, distinguir y adorar a cada una de las Personas divinas. De algún modo, es un descubrimiento, el que realiza el alma en la vida sobrenatural, como los de una criaturita que va abriendo los ojos a la existencia. Y se entretiene amorosamente con el Padre y con el Hijo y con el Espíritu Santo y se somete fácilmente a la actividad del Paráclito vivificador, que nos entrega sin merecerlo: ¡los dones y las virtudes sobrenaturales!”

 Fijémonos en que Nuestro Señor Jesucristo ha expuesto con claridad su doctrina, aunque los Apóstoles no podían entenderla plenamente. Pero la entenderán después cuando reciban al Espíritu Santo, el Espíritu de la Verdad, que les guiará hasta la verdad completa. “En efecto, -dice Teofilacto- el Espíritu Santo enseñó y recordó: enseñó todo aquello que Cristo nos había dicho por superar nuestras fuerzas, y recordó lo que el Señor había enseñado y que, bien por la oscuridad de las cosas, bien por la torpeza de su entendimiento, ellos no habían podido conservar en la memoria”.

JESUS PROMETIÓ SU ENVIO

 Por otra parte, el Papa San Juan Pablo II, en la Homilía en el Santuario de Knock, nos ha recordado  que “Cristo no ha dejado a sus seguidores sin guía en la tarea de comprender y vivir el Evangelio. Antes de volver a su Padre prometió enviar el Espíritu Santo a la Iglesia: Pero el Paráclito, el Espíritu Santo que el Padre enviará en mi nombre, El os enseñará todo y os recordará todas las cosas que os he dicho. Este mismo  Espíritu guía a los sucesores de los Apóstoles, vuestros Obispos unidos al Obispo de Roma, a quien se le encargó mantener la fe y predicar el Evangelio a toda criatura. Escuchad su voz, pues os transmite la palabra del Señor”.

 Como sabemos, en los Evangelios han quedado escritos, bajo el carisma de la inspiración divina, los recuerdos y la comprensión que tenían los Apóstoles, después de Pentecostés, de aquellas cosas de las que habían sido testigos. Por eso la Iglesia ha recomendado insistentemente la lectura de la Sagrada Escritura y especialmente de los Evangelios. “Ojalá fuera tal tu compostura y tu conversación que todos pudieran decir al verte o al oírte hablar: éste lee la vida de Jesucristo”, se dice en el libro Camino.

 Finalmente, el Evangelio de este domingo nos recuerda que debemos darnos y desearnos la paz. El saludo ordinario del pueblo hebreo recobra en boca del Señor su sentido más profundo. Efectivamente, la paz que nos da Jesús trasciende el mundo y significa sobre todo reconciliación con Dios y entre los humanos, es serenidad de la mente, tranquilidad del alma, sencillez de corazón, vínculo de amor y unión de caridad.

 José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico y Licenciado en Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229. Durante un puñado de años, Asesor Religioso y Redactor Jefe de la Sección de Información Religiosa, de la Agencia Internacional de Prensa “Europa Press”, con sede en Roma y Madrid.


SENTIDO CON EL QUE HABLAN LOS PONTÍFICES DE LA PRENSA CATÓLICA. (OPINIÓN PÚBLICA: 1-V-2016)

Apuntamos en las páginas anteriores la dificultad que se presenta, en esta concepción de la prensa católica como prensa de inspiración católica. La dificultad era esta ¿por qué los Pontífices hablan concretamente de la prensa católica y no de la prensa de inspiración católica? Allí nos limitamos a contestar brevemente que los Papas hablan de un modo práctico. Ahora intentamos demostrar que en realidad esa es la línea marcada por los Sumos Pontífices y que su doctrina se encamina a lograr una prensa de inspiración católica, en todas partes.

 FACTORES DE FORMACIÓN Y DIFUSIÓN       

Dice la Doctrina Pontificia que la prensa católica se encuentra entre los principales factores de formación y difusión de la Opinión Pública. Así lo afirmó el Papa Pío XII, en el Discurso al III Congreso Internacional de Prensa Católica. Pero sigue afirmando que, sin embargo, ella se encuentra con graves dificultades, en este su servicio a la Opinión Pública. Por eso, añade el Pontífice, tiene un grave deber de remover todos los obstáculos que impidan las condiciones fundamentales de una sana opinión pública. Y para ello debe remover de sus páginas todo aquello que la aparte de este servicio.

 La prensa malsana, la que daña la opinión pública, está condenada por numerosos textos de los Romanos Pontífices. Concretamente, por el papa Gregorio XVI, en la Encíclica Mirari Vos; por León XIII, en la Encíclica Libertas, y por Juan XXIII, en el Discurso al Congreso de la Prensa Italiana Católica. Y para contrarrestar la acción de esa prensa mala, que sirve a sus caprichos y no a la sana Opinión Pública, decía el Papa Pío XII en diversos discursos a periodistas de varias naciones, que es necesario que se luche por implantar una prensa inspirada en los principios católicos.

 LA PRENSA CATÓLICA, INSTRUMENTO DE CALIDAD

 Pero esa Prensa inspirada en los principios católicos será verdadera prensa. No quieren decir los Pontífices que esta prensa que llaman católica sea de más baja calidad que la otra prensa mala, sino todo lo contrario: esta prensa católica, o de inspiración católica, debe estar técnicamente bien hecha, debe ser un instrumento de calidad. Debe estar grandemente y sobre todo vinculada al suceso del día. Será además una Prensa que sirva a la Opinión Pública, ya que este es el objeto de las Prensa.

 Después de este pequeño resumen de la doctrina pontificia vemos que la línea que marcan los pontífices está muy clara: existe un gran número de publicaciones que en vez de servir a la Opinión Pública sana y a la libertad del hombre, le daña. Por eso, es necesario que en todas partes se implante una Prensa inspirada en los principios católicos, que lleve a todas partes la verdad, sirviendo a la Opinión Pública y al hombre. Esta será una labor árdua y difícil, pero que es necesario realizar.

 LA PRENSA RELIGIOSA, OTRO APARTADO

En esta concepción pontificia, para nada entra la prensa que podríamos llamar religiosa. Esta merecería un apartado separado y a ella no se refieren los papas cuando hablan a la prensa católica. Está claro, por tanto, que la línea pontificia es la consecución de una prensa de inspiración católica, ya que con ella, es del único modo que se puede servir a una sana opinión pública y también del único modo también que se puede servir a una sana opinión, y del único modo también que se puede hacer al hombre auténticamente libre.

José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico y Licenciado en Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229. Durante un puñado de años, Asesor Religioso y Redactor Jefe de la Sección de Información Religiosa, de la Agencia Internacional de Prensa “Europa Press”, con sede en Roma y Madrid.


“JESUCRISTO AL AC EPTAR LA MUERTE POR AMOR, REALIZA EL MAYOR SACRIFICIO”. (HOMILÍA: 5º DOMINGO DE PASCUA, 24-IV-2016)


El Evangelio de este domingo comienza diciendo que cuando salió Judas del Cenáculo, el Señor dijo: “Ahora es glorificado el Hijo del Hombre y Dios es glorificado en Él”. Pensemos que esta glorificación se refiere sobre todo a la gloria que Cristo recibirá a partir de su exaltación en la Cruz. Por su parte, el Apóstol San Juan Evangelista subraya que ciertamente la muerte de Cristo es el comienzo de su triunfo.

 Y esto es así, porque Nuestro Señor Jesucristo hecho Hombre, al aceptar voluntariamente la Muerte por Amor, como acto supremo de obediencia a la voluntad divina, realiza el mayor sacrificio con el que el hombre puede dar gloria a Dios. Y Dios Padre corresponderá a esta glorificación que Cristo le tributa, glorificándole a Él, como Hijo del Hombre, es decir, en su Santísima Humanidad, a través de la Resurrección y exaltación a su diestra, en el Cielo. De esta forma, la gloria que el Hijo da al Padre, es al mismo tiempo gloria para el Hijo.

 Pensemos también que cada uno de nosotros, como buenos discípulos de Cristo que debemos ser, encontraremos el mayor motivo de gloria, en la identificación con la actitud obediente de Nuestro Señor Jesucristo a la voluntad de Dios Padre. Precisamente, el Apóstol San Pablo, en la Carta a los Gálatas, enseña esto cuando dice: “lejos de mi gloriarme sino en la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo”.

 UN MANDAMIENTO NUEVO

 Y a partir de esto, el Señor comienza proclamando un Mandamiento Nuevo: “que os améis unos a otros como Yo os he amado”. Mandamiento que ya estaba en el Antiguo Testamento. Pero Jesús lo ratifica dándole el lugar que le corresponde en el conjunto de la Ley, que es el segundo mandamiento. Este es semejante al primero: amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente. Pero Jesús da al precepto del amor fraterno un sentido y un contenido nuevos al decir “como Yo os he amado”.

 Sabemos que el amor al prójimo que se pedía en la antigua Ley alcanzaba también, de algún modo, a los enemigos; sin embargo, el amor que predica Jesús es muchísimo más exigente e incluye devolver bien por mal, porque la medida del amor cristiano no está en el corazón del hombre, sino en el corazón de Cristo, que entrega su vida en la Cruz por la redención de todos. Y en esto consiste la novedad de la enseñanza de Jesucristo, y bien puede decir el Señor que su mandamiento nuevo es  la expresión de su ultima voluntad, la cláusula principal de su testamento.

 EL AMOR A DIOS Y AL PRÓJIMO SON INSEPARABLES

Ciertamente, no puede separarse el amor al prójimo del amor a Dios. En este sentido, el documento pontificio Apostolicam actuositatem señala que “el mandamiento supremo de la ley es amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a sí mismo. Como sabemos, Cristo hizo suyo el mandamiento del amor al prójimo y lo enriqueció con un nuevo sentido al querer identificarse Él mismo con los hermanos como objeto único de la caridad, cuando dijo aquellas palabras que recoge San Mateo: cuanto hicisteis a uno de esto mis hermanos más pequeños, a mi me lo hicisteis”.

 Tengamos en cuenta que Nuestro Señor Jesucristo, al asumir la naturaleza humana, unió consigo mismo a todo el género humano como una sola familia y estableció la caridad como distintivo de todos los cristianos. “Y sin embargo –dice San José María Escrivá, en su obra Amigos de Dios-, he pensado que, después de veinte siglos, todavía sigue siendo un mandato nuevo, porque muy pocos hombres se han preocupado de practicarlo; el resto, la mayoría, ha preferido y prefiere no enterarse. Con un egoísmo exacerbado, concluyen: para qué más complicaciones, me basta y me sobra con lo mío”.

 Y añade: “No cabe semejante postura entre los cristianos. Si profesamos esa misma fe, si de verdad ambicionamos pisar en las nítidas huellas que han dejado en la tierra las pisadas de Cristo, no hemos de conformarnos con evitar a los demás los males que no deseamos para nosotros mismos. Esto es mucho, pero es muy poco, cuando comprendemos que la medida de nuestro amor viene definida por el comportamiento de Jesús. Además el no nos propone esa norma de conducta como una meta lejana, sino como punto de partida, al afirmar: en esto conocerán que sois mis discípulos”.

 Recordemos que, según los datos históricos que tenemos, esto se vivía ya entre los primeros cristianos y en medio de una sociedad pagana. Así lo recuerda, por ejemplo Tertuliano, a finales del siglo segundo, cuando recoge aquellas palabras que decían los paganos, al ver la actitud de los católicos: Mirad como se aman.

 José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico y Licenciado en Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229. Durante un puñado de años, Asesor Religioso y Redactor Jefe de la Sección de Información Religiosa, de la Agencia Internacional de Prensa “Europa Press”, con sede en Roma y Madrid.


LA PRENSA DE INSPIRACIÓN CATÓLICA. (OPINIÓN PÚBLICA: 24-IV-2016)

En el artículo anterior, hemos dicho en que sentido queremos estudiar la Prensa Católica. Sin embargo, algunos autores al plantearse este problema, hacen casi siempre esta pregunta ¿es necesaria una Prensa Católica?. La mayoría de las respuestas se limitan a afirmar la necesidad de luchar contra el mal que ha invadido todo. La Prensa neutra deforma la Opinión Pública. Otra se sirve de ella para sus propios intereses. Por otra parte –continúan afirmando-, la Iglesia debe llevar su voz a todo el mundo, y los medios de difusión tienen la obligación y el deber de servirla, a fin de que su doctrina pueda llegar a todos los hombres.

 Planteado así el problema, podemos contestar: se necesita una prensa buena para contrarrestar la acción de la prensa mala. Es necesaria una prensa que sirva a la difusión de la verdad de la Iglesia, contra otra prensa que no sólo daña sino que además impide su difusión.

 Sin embargo, este problema es bastante más complejo. Al ofrecer el concepto de prensa católica es necesario, en primer lugar, como dice Georges Hourdin, delimitar cada uno de los términos: prensa y católica. Si tratamos de aplicar el concepto prensa a la prensa católica, no tenemos que crear nada. Solo necesitamos saber que se entiende por prensa.

 El periódico, la empresa periodística, o simplemente la prensa, son términos sinónimos, con los que queremos significar aquello que corresponde a los deseos y fines de todo periódico: servir el deseo del público, conseguir por todos los medios técnicos informar al público de los sucesos del día, valorar las noticias, servir a la opinión pública sin presiones, y finalmente contar también con los medios económicos necesarios.

 ¿QUÉ SE ENTIENDE POR PRENSA CATÓLICA?

 Ahora bien, conocidos los fines de la Prensa, nos importa saber que se entiende por Prensa Católica. En realidad, el término Prensa ya sabemos lo que significa. Añadimos un calificativo: católica. Calificativo que no coincide con la denominada prensa religiosa, prensa oficial u oficiosa de la Iglesia, prensa de la jerarquía eclesiástica, boletín oficial del obispado u hoja parroquial. No coincide tampoco con los periódicos que tienen censura eclesiástica. Tampoco podemos admitir que la prensa católica merece trato especial de un gobierno normal. Nada de esto.

 Rechazamos también la idea de quienes afirman que la prensa católica pertenece a las “cosas mixtas” y que, por tanto, Iglesia y Estado deben marchar de acuerdo. El problema es mucho más sencillo. Cuando hablamos de prensa católica, al término prensa añadimos tan sólo un calificativo: católica. Prensa católica querrá decir, por tanto, prensa de inspiración católica. Prensa que sigue las direcciones del Magisterio de la Iglesia: que acata la ley divina, la ley natural y la ley divino-positiva. Y en este concepto quisiéramos aclarar que no hablamos de la prensa católica en el sentido de que existe una prensa inmoral, otra que se llama neutra, sensacional, de sucesos… y también existe una prensa católica.

 No, no es esto. La prensa tendrá razón de ser cuando sirva a aquellos fines para los que naturalmente tiene razón de existir. Podemos repetirlo con una frase conocida en este trabajo: cuando sirve para hacer al hombre auténticamente libre. Una prensa inmoral o sensacionalista que no sirve para este fin no puede existir, porque el hombre necesita de todos los medios para conseguir la felicidad eterna. En esto consiste la verdadera libertad. Podrá existir una prensa de deportes, sensacionalista o gráfica, pero esa prensa, si sigue las direcciones marcadas por el Magisterio de la Iglesia, será de inspiración católica.

 ¿CUAL ES EL IDEAL?

 Concluimos que toda la prensa debe llegar a ser de inspiración católica. La Iglesia podrá tolerar una prensa neutra, o una prensa carente de toda inspiración católica, poniendo en juego la tolerancia, o una prensa que solo cumple con la ley natural, donde no pueda hacer otra cosa. Pero el ideal es conseguir que toda la prensa sea de inspiración católica, así como el deseo es que todo estado sea confesionalmente católico, o todo derecho de inspiración católica.

 La Iglesia tiene que llegar a todos y no puede existir un medio, como es la prensa, del que pueda afirmar: puede existir una prensa de inspiración católica y otra que no es. La realidad es esa, pero el deseo de la Iglesia no termina ahí. ¿Qué se entiende, entonces, por prensa católica o de inspiración católica? La que cumple con la misión que corresponde pura y simplemente a la prensa.

 Se nos podrá objetar ¿Por qué los Papas hablan específicamente de la Prensa Católica? Los romanos Pontífices tratan de la prensa católica de un modo práctico. Quieren conseguir que la prensa católica sirva a la verdad, contrarrestando el daño que causa la prensa mala. Pero esto no supone un deseo distinto a la consecución de una prensa de inspiración católica en todo el mundo.

 José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico y Licenciado en Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229. Durante un puñado de años, Asesor Religioso y Redactor Jefe de la Sección de Información Religiosa, de la Agencia Internacional de Prensa “Europa Press”, con sede en Roma y Madrid.