LOS CRISTIANOS, DESDE EL BAUTISMO, SOMOS LLAMADOS POR EL SEÑOR, PARA CUMPLIR UNA MISIÓN CONCRETA. (Domingo 14º del Tiempo Ordinario: 3-VII-2016)

Además de los doce Apóstoles, había varios discípulos que seguían también al Señor en los días de la Vida Pública. Entre ellos están en primer lugar, aquellos que le siguieron desde los días del Bautismo de San Juan Bautista, que llevó a cabo en las cercanías del Mar Muerto, en Galilea,  Y de estos, Jesucristo elige a setenta y dos para llevar a cabo misiones muy concretas. Y, en primer lugar, les pide total desprendimiento  y abandono completo, en la Providencia divina.

 Esto es bueno para que los cristianos consideremos que desde el Bautismo somos llamados por Nuestro Señor Jesucristo, para cumplir una misión concreta. En efecto, en las Carta a los Corintios, del Apóstol San Pablo y en el Documento Pontificio “Apostolicam actuositante”, en nombre del Señor, la Iglesia “ruega encarecidamente a todos los laicos que respondan gustosamente, con generosidad y prontitud de ánimo, a la voz de Cristo que nos invita con mayor insistencia. Y a los impulsos del Espíritu Santo, sientan los jóvenes que esa llamada va dirigida a ellos de modo particular; recíbanla con entusiasmo y magnanimidad”.

 AUDACIA APOSTÓLICA

 Y considerando el Evangelio de este Domingo Catorce del Tiempo Ordinario, vemos como Cristo quiere inculcar a sus discípulos la audacia apostólica. Y por eso les dice “yo os envío”. Y San Juan Crisóstomo comenta estas palabras del Señor, diciendo: “Esto basta para daros ánimo; esto basta para que tengáis confianza y no temáis a los que os atacan”.

La audacia de los Apóstoles y de los discípulos venía de esta segura confianza de haber sido enviados por el mismo Dios: actuaban, como explicó con firmeza el mismo Pedro al Sanedrín, en el nombre de Jesucristo Nazareno- “Pues –como se dice en los Hechos de Apóstoles- no se ha dado a los hombres otro nombre debajo del  Cielo, por el cual podemos salvarnos”.

 “Y continúa el Señor –afirma San Gregorio Magno-: No llevéis bolsa ni alforja ni sandalias, y no saludéis a nadie por el camino . Tanta debe ser la confianza que ha de tener en Dios el predicador, que aunque no se provea  de las cosas necesarias para la vida, debe estar persuadido de que no le han de faltar, no sea que mientras se ocupa de proveerse de las cosas temporales, deje de procurar a los demás las eternas”.

 EL APOSTOLADO EXIGE UNA ENTREGA GENEROSA

 Ciertamente, el apostolado exige una entrega generosa que lleva al desprendimiento. Por eso, San Pedro, el primero en poner en práctica el mandamiento del Señor, cuando un mendigo en la Puerta Hermosa le pidió una limosna, le dijo “No tengo oro ni plata”. Y lo hizo no para gloriarse de su pobreza, cuanto de su obediencia al mandamiento del Señor, como diciendo: ves en mí un discípulo de Cristo, ¿y me pides oro? El nos dió algo mucho más valioso que el oro, el poder de obrar en su nombre. No tengo lo que Cristo no me dió, pero tengo lo que me dió: “En el nombre de Jesús, levántate y anda” (Act. 3,6).

El apostolado exige, por tanto, desprendimiento de los bienes materiales; y también exige estar siempre dispuestos porque la tarea apostólica es urgente.

“Y no saludéis a nadie por el camino”: “¿Cómo puede ser –se pregunta San Ambrosio- que el Señor quiera eliminar una costumbre tan llena de humanidad? Considera, sin embargo, que no dice sólo ‘no saludéis a nadie’, sino que añade ‘por el camino’. Y esto no es superfluo.

“También el profeta Eliseo –sigue diciendo San Ambrosio- cuando envió a su siervo a imponer su bastón sobre el cuerpo de un niño muerto, le mandó que no saludara a nadie por el camino: le dió orden de apresurarse para cumplir con rapidez la tarea y realizar la resurrección, no fuera que por entretenerse en hablar con algún transeúnte retrasara su encargo. Aquí, por lo tanto, no se trata de evitar la urbanidad de saludar, sino de eliminar un posible obstáculo al servicio; cuando Dios manda, lo humano debe ser dejado a un lado, pero mejor es ejecutar cuanto antes una orden divina que resultaría muchas veces frustrada por retraso”.

 José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico y Licenciado en Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229. Durante un puñado de años, Asesor Religioso y Redactor Jefe de la Sección de Información Religiosa, de la Agencia Internacional de Prensa “Europa Press”, con sede en Roma y Madrid.


CONCLUSIONES DEL ESTUDIO Y EXPOSICIÓN DE LA DOCTRINA PONTIFICIA SOBRE LA OPINIÓN PÚBLICA. (Opinión Pública: 3-VII-2016)

Del estudio y de la exposición de la Doctrina Pontificia, sobre la Opinión Pública, concluimos lo siguiente:

      .Para salvar la libertad de la Opinión Pública es necesario defender la libertad, no solo de los  que la forman, sino también la de los que la sirven, la de sus medios de expresión y la de sus auténticos representantes.

  • Para entender la libertad no existe otro camino que el marcado por el Magisterio de la Iglesia, que es el único intérprete de la Ley natural y de la Ley Divino-Positiva.
  • El concepto de libertad gira en torno a la obediencia que el hombre preste a la razón rectamente ordenada.
  • La libertad, en el campo de la Opinión Pública, consiste en el deber que ésta tiene de cooperar a que la razón del individuo –ser colectivo- esté rectamente ordenada a fin de que su voluntad se determine al bien. Cuando tenga otros fines distintos se tropieza con una Opinión Pública viciada que es necesario superar.
  • Los medios de expresión son los órganos por donde la Opinión Pública se expresa, se forma e incluso se deforma. Por eso, al hablar de la libertad de la Opinión Pública, aquella se extiende al campo de sus medios de expresión, porque es imposible que exista una Opinión Pública auténtica si no existe una auténtica libertad de sus medios de expresión.
  • El Estado no puede oprimir o tener el control de sus medios de expresión. El Estado sólo tiene por fin el bien común, lo que se reduce a conseguir que el individuo sea auténticamente libre. Por eso, el Estado ayudará a que la Opinión Pública y sus medios de expresión sean libres, para conseguir que el hombre goce de libertad verdadera. Para esto, dictará las normas que entran dentro de su esfera.
  • Si los medios de expresión no sirven a la auténtica Opinión Pública, el individuo se encontrará fácilmente oprimido, en la búsqueda de la verdad. Por eso, los medios informativos tienen que gozar de libertad verdadera, para que no impidan a la razón humana, que proponga a la voluntad la verdad y el bien.
  • Por Prensa Católica se entiende Prensa de Inspiración Católica, que es la única que tiene que existir, porque es la que puede prestar un servicio auténtico a la Opinión Pública, al individuo y a la sociedad.
  • Deben existir hombres bien preparados que luchen por hacer una Prensa de inspiración Católica, que sirva de verdad a la Opinión Pública.
  • Cuando se trata de regular la Opinión Pública, no se puede pensar sólo en unas opiniones más o menos influyentes, en los gobiernos o en los grupos sociales. El problema es inmensamente mayor. Hay que pensar en el individuo, en la sociedad, en el Estado, en la misma Opinión, en los medios que la sirven…
  • Todos los ordenamientos han dado un paso decisivo en la defensa de la libertad de la persona humana. Sin embargo, el ordenamiento de la Opinión Pública presenta un peligroso estancamiento que es necesario vencer.
  • El Ordenamiento Jurídico de la Opinión Pública estará fundamentado en las leyes divinas, ya que éste es el único camino para que sirva a la dignidad de la persona humana. Y así cuantas normas se dicten serán justas y verdaderas siempre que estén de acuerdo con las leyes divinas y, evidentemente, cooperen a la libertad de la persona humana.

 

 Ahora bien, estas normas tendrán presente lo siguiente:

 1.Se impondrán limitaciones a la acción del Estado, indicando hasta donde llega su poder y sin olvidar que su papel es siempre subsidiario

2.Se establecerá qué puntos son intangibles e inaccesibles a todo ataque o crítica adversa, por parte de los órganos de expresión de la Opinión Pública, ya se trate de principios religiosos y actuales, ya de personas e Instituciones, como la Iglesia, o Instituciones Públicas fundamentales del país, las personas del Papa, del Rey o del Jefe del Estado, etc.

3.Que faltas constituyen delito, ya por lo que indebidamente se exprese, ya por la forma de expresarlo, y con que penas han de ser sancionados los culpables. 4.

4.Que cualidades de solvencia cultural y moral han de seguir las personas físicas que se dediquen a la profesión de servir a la Opinión Pública y bajo que condiciones podrán constituirse y actuar las empresas que la sirven. Una vez que el Estado haya reconocido que las personas y las empresas poseen las justas condiciones requeridas, aquellas y éstas actuarán libremente.

5.Una última conclusión es que si se realiza un atento examen de la situación actual de la Opinión Pública y de los medios informativos que tienen como misión servirla, se ve la necesidad de que el Estado imponga limitaciones obligatorias infranqueables a fin de que no sufra daño diaria y sistemáticamente el bien moral de la humanidad. Ahora bien, estas limitaciones han de ser legales, esto es, han de estar determinadas por los cuerpos legislativos, y deberán tener su correspondiente proyección reglamentaria, pues no puede quedar este campo tan delicado, importante y decisivo para la libertad humana, ni al arbitrio del autocontrol de unos medios informativos, siempre sospechoso, ni a merced de una improvisación administrativa, que cuando carece de normas legales, puede prestarse a graves y numerosos abusos.

 

 José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico y Licenciado en Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229. Durante un puñado de años, Asesor Religioso y Redactor Jefe de la Sección de Información Religiosa, de la Agencia Internacional de Prensa “Europa Press”, con sede en Roma y Madrid.


LA IGLESIA TIENE LA MISMA MISIÓN SOBRENATURAL QUE SU DIVINO FUNDADOR. (HOMILÍA: 26-VI-2016).

La Iglesia, continuadora en el tiempo de la Obra de Jesucristo, tiene la misma misión sobrenatural  que su Divino Fundador transmitió a los Apóstoles. Para esto ha nacido la Iglesia: para, dilatando el Reino de Cristo por toda la tierra, hacer partícipes a todos los hombres de la Redención Salvadora, y, por medio de ellos, orientar verdaderamente todo el mundo hacia Cristo. Su misión trasciende los movimientos sociales, las ideologías, las reivindicaciones de grupos. Y al mismo tiempo, desde una nueva perspectiva y solicitud, está hondamente interesada por todos los problemas humanos, y trata de orientarlos al fin sobrenatural y verdaderamente humano del hombre.

 Su misión trasciende los movimientos sociales, las ideologías, las reivindicaciones de grupos. Y sobre una nueva perspectiva y solicitud, está hondamente interesada por todos los problemas humanos, y trata de orientarlos al fin sobrenatural y verdaderamente humano del hombre.

 CONDUCIRNOS A NUESTRO DESTINO ETERNO

Ciertamente, la misión de la Santa Madre Iglesia es dar a mujeres y hombres el tesoro más sublime que podemos imaginar: conducirnos a nuestro destino sobrenatural y eterno, a través principalmente de la predicación y de los sacramentos: “éste, y no otro, es el fin de la Iglesia: la salvación de las almas, una a una. Para eso, el Padre envió al Hijo, y Yo os envío también a vosotros, como nos o recuerda el Evangelio de San Juan. De ahí el mandato de dar a conocer la doctrina y de bautizar,  para que en el alma habite, por la gracia, la Trinidad Beatísima” (San José María en “Amar a la Iglesia”, publicado por la revista “Palabra”, Madrid, año 1986).

El mismo Jesús anunció: Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia. No se refería el Señor a una vida terrena cómoda y sin dificultades, sino a la vida eterna. Vino a liberarnos principalmente de aquello que nos impide alcanzar la vida definitiva: el pecado, que es el único mal absoluto.

Así nos da también la posibilidad de superar las múltiples consecuencias del pecado en este mundo: la angustia, las injusticias, la soledad, etc., o de llevarlas por Dios Nuestro Señor con alegría cuando no se puede evitar, convirtiendo el dolor en sufrimiento fecundo que conquista la eternidad.

 PARA ELLO, SEGUIR A CRISTO

La Iglesia no toma partido por opciones temporales determinadas, como no lo hizo su Maestro. Quienes, sin fe, le vieron casi solo en la Cruz, pudieron pensar que había fracasado, “precisamente –dice José María Casciaro, en la revista Palabra- por no optar por una de las soluciones humanas: ni judíos ni romanos le siguieron. Pero no; fue precisamente lo contrario: judíos y romanos, griegos y bárbaros, libres y esclavos, hombres y mujeres, sanos y enfermos, todos van siguiendo a ese Dios hecho hombre, que nos ha liberado del pecado, para encaminarnos a un destino eterno, donde únicamente se cumplirá la verdadera realización, libertad y plenitud del hombre, hecho a imagen y semejanza de Dios, y cuya aspiración más profunda rebasa cualquier tarea pasajera, por noble que sea”.

 Como sabemos, la Santa Madre Iglesia tiene como misión llevar a sus hijos a Dios; a su destino eterno. Pero no se desentiende de las tareas humanas; por su misma misión espiritual, mueve a sus hijos y a todos los hombres a que tomen conciencia de la raíz de donde provienen todos los males, y urge a que pongan remedio a tantas injusticias, a las deplorables condiciones en que viven muchos hombres, que constituyen una ofensa al Creador y a la dignidad humana.

 No olvidemos que todo cristiano debe ser corredentor con Cristo, y hemos de preguntarnos si llevamos a nuestros familiares y amigos el don preciado que tenemos: la fe en Cristo; y si junto a este don incomparable, nos sentimos movidos, nos urge la caridad de Cristo (decía San Pablo a los Corintios), a promover a nuestro alrededor un mundo más justo y más humano.

 

José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico y Licenciado en Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229. Durante un puñado de años, Asesor Religioso y Redactor Jefe de la Sección de Información Religiosa, de la Agencia Internacional de Prensa “Europa Press”, con sede en Roma y Madrid.


CONCLUSIONES DEL ESTUDIO Y EXPOSICIÓN DE LA DOCTRINA PONTIFICIA SOBRE LA OPINIÓN PÚBLICA. (Opinión Publica: 26-VI-2016)

Del estudio y de la exposición de la Doctrina Pontificia, sobre la Opinión Pública, concluimos lo siguiente:

Para salvar la libertad de la Opinión Pública es necesario defender la libertad, no solo de los que la forman, sino también la de los que la sirven, la de sus medios de expresión y la de sus auténticos representantes.

  • Para entender la libertad no existe otro camino que el marcado por el Magisterio de la Iglesia, que es el único intérprete de la Ley natural y de la Ley Divino-Positiva.
  • El concepto de libertad gira en torno a la obediencia que el hombre preste a la razón rectamente ordenada.
  • La libertad, en el campo de la Opinión Pública, consiste en el deber que ésta tiene de cooperar a que la razón del individuo –ser colectivo- esté rectamente ordenada a fin de que su voluntad se determine al bien. Cuando tenga otros fines distintos se tropieza con una Opinión Pública viciada que es necesario superar.
  • Los medios de expresión son los órganos por donde la Opinión Pública se expresa, se forma e incluso se deforma. Por eso, al hablar de la libertad de la Opinión Pública, aquella se extiende al campo de sus medios de expresión, porque es imposible que exista una Opinión Pública auténtica si no existe una auténtica libertad de sus medios de expresión.
  • El Estado no puede oprimir o tener el control de sus medios de expresión. El Estado sólo tiene por fin el bien común, lo que se reduce a conseguir que el individuo sea auténticamente libre. Por eso, el Estado ayudará a que la Opinión Pública y sus medios de expresión sean libres, para conseguir que el hombre goce de libertad verdadera. Para esto, dictará las normas que entran dentro de su esfera.
  • Si los medios de expresión no sirven a la auténtica Opinión Pública, el individuo se encontrará fácilmente oprimido, en la búsqueda de la verdad. Por eso, los medios informativos tienen que gozar de libertad verdadera, para que no impidan a la razón humana, que proponga a la voluntad la verdad y el bien.
  • Por Prensa Católica se entiende Prensa de Inspiración Católica, que es la única que tiene que existir, porque es la que puede prestar un servicio auténtico a la Opinión Pública, al individuo y a la sociedad.
  • Deben existir hombres bien preparados que luchen por hacer una Prensa de inspiración Católica, que sirva de verdad a la Opinión Pública.
  • Cuando se trata de regular la Opinión Pública, no se puede pensar sólo en unas opiniones más o menos influyentes, en los gobiernos o en los grupos sociales. El problema es inmensamente mayor. Hay que pensar en el individuo, en la sociedad, en el Estado, en la misma Opinión, en los medios que la sirven…
  • Todos los ordenamientos han dado un paso decisivo en la defensa de la libertad de la persona humana. Sin embargo, el ordenamiento de la Opinión Pública presenta un peligroso estancamiento que es necesario vencer.
  • El Ordenamiento Jurídico de la Opinión Pública estará fundamentado en las leyes divinas, ya que éste es el único camino para que sirva a la dignidad de la persona humana. Y así cuantas normas se dicten serán justas y verdaderas siempre que estén de acuerdo con las leyes divinas y, evidentemente, cooperen a la libertad de la persona humana.

 

 Ahora bien, estas normas tendrán presente lo siguiente:

 1. Se impondrán limitaciones a la acción del Estado, indicando hasta donde llega su poder y sin olvidar que su papel es siempre subsidiario.

2. Se establecerá qué puntos son intangibles e inaccesibles a todo ataque o crítica adversa, por parte de los órganos de expresión de la Opinión Pública, ya se trate de principios religiosos y actuales, ya de personas e Instituciones, como la Iglesia, o Instituciones Públicas fundamentales del país, las personas del Papa, del Rey o del Jefe del Estado, etc.

3.Que faltas constituyen delito, ya por lo que indebidamente se exprese, ya por la forma de expresarlo, y con que penas han de ser sancionados los culpables.

4.Que cualidades de solvencia cultural y moral han de seguir las personas físicas que se dediquen a la profesión de servir a la Opinión Pública y bajo que condiciones podrán constituirse y actuar las empresas que la sirven. Una vez que el Estado haya reconocido que las personas y las empresas poseen las justas condiciones requeridas, aquellas y éstas actuarán libremente.

 5.Una última conclusión es que si se realiza un atento examen de la situación actual de la Opinión Pública y de los medios informativos que tienen como misión servirla, se ve la necesidad de que el Estado imponga limitaciones obligatorias infranqueables a fin de que no sufra daño diaria y sistemáticamente el bien moral de la humanidad. Ahora bien, estas limitaciones han de ser legales, esto es, han de estar determinadas por los cuerpos legislativos, y deberán tener su correspondiente proyección reglamentaria, pues no puede quedar este campo tan delicado, importante y decisivo para la libertad humana, ni al arbitro del autocontrol de unos medios informativos, siempre sospechoso, ni a merced de una improvisación administrativa, que cuando carece de normas legales, puede prestarse a graves y numerosos abusos.

 

 José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico y Licenciado en Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229. Durante un puñado de años, Asesor Religioso y Redactor Jefe de la Sección de Información Religiosa, de la Agencia Internacional de Prensa “Europa Press”, con sede en Roma y Madrid.