EN EL QUINTO DOMINGO DE CUARESMA, LA SANTA IGLESIA NOS PREPARA PARA LA SEMANA SANTA (HOMILÍA: 2-IV-2017)

En el capítulo once del Evangelio de de San Juan se refiere uno de los milagros más relevantes de Nuestro Señor Jesucristo, que confirman su poder sobre la muerte, llevando a cabo la resurrección de Lázaro. Si nos fijamos, el Evangelista presenta en primer lugar las circunstancias del hecho; después describe el diálogo de Jesús con las hermanas de Lázaro; y finalmente, su resurrección a los tres días de su muerte.

Este milagro se produjo en Betania, que dista unos tres kilómetros de Jerusalén. Jesús, en los días anteriores a su Pasión, frecuentó la casa de esta familia, con la que tenía gran amistad. San Juan hace notar los sentimientos y afectos de Jesús, al describir su emoción y dolor por la muerte del amigo Lázaro.

Ahora bien, la resurrección de Lázaro es ocasión para que el Señor muestre su poder divino sobre la muerte y dé así una prueba de su Divinidad, para confirmar la fe de sus discípulos y manifestarse como la Resurrección y la Vida. La mayor parte de los judíos, a excepción de los saduceos, creían en la futura resurrección de los muertos, como afirma el Evangelista San Mateo. Y esta es la fe que confiesa también Marta.

SIGNO DE NUESTRA RESURRECCIÓN FUTURA

Ahora bien, la vuelta de Lázaro a la vida, aparte de ser un hecho real, histórico, viene a ser un signo de nuestra resurrección futura. Pero Cristo con su resurrección gloriosa por la que es el “primogénito de los muertos”, es también la causa de nuestra resurrección y modelo de la misma. En eso, se distingue su resurrección de la de Lázaro, puesto que “Cristo resucitado de entre los muertos ya no muere más”, como se dice en la Epístola a los Romanos 6,9; mientras que Lázaro sólo vuelve a la vida terrena para tener que morir otra vez.

En los Evangelios aparecen varias mujeres con el nombre de María. Aquí se trata de María de Betania, la hermana de Lázaro, la misma que después ungió al Señor, también en la citada Betania, en casa de Simón el leproso, como nos narran los evangelios de San Juan y San Marcos.

LAS MUJERES QUE UNGEN LOS PIES DEL SEÑOR

En los Santos Evangelios aparecen varias mujeres que ungen los pies del Señor, con el nombre de María. En el Evangelio de este domingo se trata de María de Betania, la hermana de Lázaro, la misma que después ungió al Señor, también en Betania, en casa de Simón el leproso. Y las otras dos mujeres presentes, parece, sin lugar a dudas, que se trata de María Magdalena, hermana de Lázaro, y otra de nombre desconocido.

JESÚS SE ENTREGA A LA MUERTE POR NUESTRA SALVACIÓN

Cercanos ya los días de la Pasión del Señor, la oración colecta de este domingo nos recuerda que fue el amor el que movió al Hijo a entregarse a la muerte por la salvación del mundo. Pero el Señor vencerá a la muerte resucitando para que nosotros participemos en su Resurrección: “Pondré mi espíritu en vosotros y viviréis” (1ª lectura). Se trata del mismo Espíritu Santo que resucitó a Jesús de entre los muertos  y que, si habita en nosotros por la gracia, también vivificará nuestros cuerpos (2ª lectura). Y en el Evangelio, Cristo se nos revela como la resurrección y la vida: “el que cree en mí no morirá para siempre”.

Pensemos que este domingo se celebra el tercer escrutinio preparatorio al Bautismo para los catecúmenos que, en la Vigilia Pascual, serán admitidos a los Sacramentos de iniciación cristiana, con oraciones e intercesiones propias.

También es bueno recordar que desde este domingo, la costumbre de cubrir las cruces y las imágenes de la iglesia, puede conservarse. Por su parte, las cruces permanecerán cubiertas hasta después de la celebración de la Pasión del Señor, el Viernes Santo, y las imágenes hasta el comienzo de la Vigilia Pascual. Y también puede ser oportuno recordar que en el día de hoy, no se permiten las Misas de difuntos y tampoco la Misa exequial.

José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico y Licenciado en Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229. Durante un puñado de años, Asesor Religioso y Redactor Jefe de la Sección de Información Religiosa, de la Agencia Internacional de Prensa “Europa Press”, con sede en Roma y Madrid.


EN CUANTO SE DEJA DE TENER MIEDO A LA CRUZ Y SE ACEPTA LA VOLUNTAD DIVINA, SOMOS FELICES. (Homilía: IV Domingo de Cuaresma: 26-III-2017)

Pensemos que en el IV Cuarto Domingo de Cuaresma, que celebramos el 26 de marzo del año 2017, tenemos cerca la Semana Santa y la Pascua, y por tanto el perdón, la misericordia, la compasión divina, la sobreabundancia de la gracia. Unas jornadas más, y el misterio de nuestra salud espiritual quedará consumado. Si alguna vez tuvimos miedo a la penitencia, a la expiación, llenémonos de valor, pensando en que el tiempo es breve y el premio es grande, sin proporción con la pequeñez de nuestro esfuerzo.

Sigamos con alegría a Jesús, hasta Jerusalén, hasta el Calvario, hasta la Cruz. Además, “¿no es verdad –pregunta San José María Escrivá, en el Vía Crucis, 11– que en cuanto dejas de tener miedo a la Cruz, a eso que la gente llama cruz, cuando pones tu voluntad en aceptar la Voluntad divina, eres feliz, y se pasan todas las preocupaciones, los sufrimientos físicos y morales?

 EL CRISTIANO SE DA A DIOS

Ciertamente, el cristiano se da a Dios y a los demás, se mortifica y se exige, soporta las contrariedades… y todo esto lo hace con alegría, porque entiende que esas cosas pierden mucho de su valor si las hace a regañadientes. “Dios ama al que da con alegría”, afirma San Pablo en la Segunda Carta a los Corintios.

“¿Contento? –Me dejó pensativo la pregunta -afirma San José María- No se han inventado todavía las palabras, para expresar todo lo que se siente –en el corazón y en la voluntad- al saberse hijo de Dios”. En verdad, quien se siente hijo de Dios, es lógico que experimente ese gozo interior.

Es bueno tener en cuenta que la experiencia que nos transmiten los santos es unánime, en este sentido. Bastaría para ello, recordar la confidencia que hace el Apóstol San Pablo en la Segunda Carta a los Corintios, cuando les dice: …estoy lleno de consuelo, reboso de gozo en todas nuestras tribulaciones.

Y a este propósito es también bueno recordar que la vida de San Pablo no fue fácil ni cómoda. Para ello, tengamos en cuenta lo que dice en la Segunda Carta a los de Corinto: Cinco veces recibí de los judíos cuarenta azotes menos uno; tres veces fui azotado con varas; una vez fuí lapidado; tres veces naufragué; un día y una noche pasé náufrago en alta mar; en mis frecuentes viajes sufrí peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi raza, peligros de los gentiles, peligros en ciudad, peligros en despoblado, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; trabajos y fatigas, frecuentes vigilias, con hambre y sed, en frecuentes ayunos, con frío y desnudez.

REBOSO DE GOZO EN LAS TRIBULACIONES

Con todo lo que nos acaba de recordar la vida de San Pablo y cuando tenemos ya tan cerca la Semana Santa y la Pascua, es bueno que recordemos el perdón, la misericordia, la compasión divina, la sobreabundancia de la gracia. Unas jornadas más, y el misterio de nuestra salud puede quedar consumado.

Ciertamente, si alguna vez hemos tenido miedo a la penitencia, a la expiación, llenémonos de valor, pensando en que el tiempo es breve y el premio grande, sin proporción con la pequeñez de nuestro esfuerzo. Sigamos con alegría a Jesús, hasta Jerusalén, hasta el Calvario, hasta la Cruz.

Además, como dice San José María Escrivá de Balaguer en un libro suyo titulado Vía Crucis, “¿no es verdad que en cuanto dejas de tener miedo a la Cruz, a eso que la gente llama cruz, cuando pones tu voluntad en aceptar la Voluntad divina, eres feliz, y se pasan todas las preocupaciones, los sufrimientos físicos y morales?

José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico y Licenciado en Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229. Durante un puñado de años, Asesor Religioso y Redactor Jefe de la Sección de Información Religiosa, de la Agencia Internacional de Prensa “Europa Press, con sede en Roma y Madrid.

 


AL ACEPTAR EL MENSAJE DIVINO, LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA SE CONVIRTIÓ EN MADRE DE JESÚS (Solemnidad de la Anunciación: Homilía: 25-III-2017)

Hoy contemplamos a la Santísima Virgen María que, al aceptar el mensaje divino, se convirtió en Madre de Jesús y, al abrazar de todo corazón y sin entorpecimiento de pecado alguno la voluntad salvífica de Dios, se consagró totalmente como esclava del Señor a la Persona y a la obra de su Hijo, sirviendo con diligencia al misterio de la Redención con El y bajo El, con la gracia de Dios omnipotente.

 “Con razón, pues, piensan los Santos Padres de la Iglesia que María no fue instrumento puramente pasivo en las manos de Dios, sino que cooperó a la salvación de los hombres, con fe y obediencia libres”, tal como lo dice la Encíclica Lumen Gentium”, número 56.

 EL HECHO MÁS MARAVILLOSO

Ciertamente, la Anunciación a María y la Encarnación del Verbo es el hecho más maravilloso, el misterio más entrañable de las relaciones de Dios con los hombres y el acontecimiento más trascendental de la Historia de la humanidad.

¡Qué Dios se haga Hombre y para siempre! ¡Hasta dónde ha llegado la bondad, misericordia y amor de Dios por nosotros, por todos nosotros! Y, sin embargo, el día en que la Segunda Persona de la Santísima Trinidad asumió la débil naturaleza humana de las entrañas purísimas de Santa María, nada extraordinario sucedía, aparentemente, sobre la faz de la tierra.

Con gran sencillez narra San Lucas el magno acontecimiento. Con cuánta atención, reverencia y amor hemos de leer estas palabras del Evangelio, rezar piadosamente el Angelus cada día, siguiendo la extendida devoción cristiana, y contemplar el primer misterio gozoso del Santo Rosario.

 EL GRAN MISTERIO DE LA ENCARNACIÓN

Ciertamente, celebramos hoy el gran misterio de la Encarnación del Hijo de Dios, en el seno de la Virgen María por obra del Espíritu Santo. Su nombre será Jesús, Dios Salvador. Y si por la desobediencia de un hombre y una mujer entraron en el mundo el pecado y la muerte, la salvación vendrá por la obediencia del segundo Adán, y la segunda Eva, (Se dice en la segunda lectura de la Misa de hoy y en el Salmo Responsorial).

“He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”. Por este camino sigue viniendo la santificación del mundo: Cristo en la Eucaristía, por la acción del Espíritu Santo sobre el pan y el vino, sigue ofreciendo su Cuerpo y derramando su Sangre para el perdón de los pecados.

José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico y Licenciado en Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229. Durante un puñado de años, Asesor Religioso y Redactor Jefe de la Sección de Información Religiosa, de la Agencia Internacional de Prensa “Europa Press, con sede en Roma y Madrid.


A EJEMPLO DE JOSÉ Y MARÍA, TAMBIÉN NOSOTROS PODEMOS SUFRIR EN LA VIDA (Homilía: Fiesta de San José, trasladada al 20 de marzo de año 2017)

Entre los hebreos, las genealogías se hacían por la vía masculina. San José al ser esposo de María, era el padre legal de Jesús. La figura del padre legal es equivalente, en cuanto a derechos y obligaciones, a la del verdadero padre. En este hecho, se fundamenta sólidamente la doctrina y la devoción al Santo Patriarca, como patrono universal de la Iglesia, puesto que fué elegido para desempeñar una función muy singular, en el plan divino de nuestra salvación: por la paternidad legal de San José es Jesucristo Mesías descendiente de David.

Se sabe que, de la costumbre ordinaria de celebrar los esponsales entre los miembros de una misma estirpe, se deduce la pertinencia de María a la casa de David. En este sentido hablan antiguos Padres de la Iglesia. Así San Ignacio de Antioquia, San Ireneo, San Justino y Tertuliano, los cuales fundamentan su testimonio en una tradición oral constante.

Es de señalar que San Mateo, para indicar el Nacimiento de Jesús, usa una fórmula completamente diversa de la aplicada a los demás personajes de la genealogía. Con estas palabras, el texto enseña positivamente la concepción virginal de Jesús, sin intervención de varón.

 LA CONCEPCIÓN DE CRISTO

San Mateo narra aquí también como fué la concepción de Nuestro Señor Jesucristo. Por eso, verdaderamente, celebramos y veneramos por Madre de Dios, a María Santísima, por haber dado a luz a una persona que es juntamente Dios y hombre, como dice el Catecismo Romano.

Según las disposiciones de la Ley de Moisés, aproximadamente un año antes de las bodas se realizaban los esponsales. Estos tenían prácticamente ya el valor jurídico del matrimonio. Las bodas propiamente dichas consistían, entre otras ceremonias, en la conducción solemne y festiva de la esposa a la casa del esposo.

Por otra parte, ya desde los esponsales era preciso el libelo de repudio, en el caso de ruptura de las relaciones. Por su parte, todo el relato del Nacimiento de Jesús enseña a través del cumplimiento de la profecía de Isaías, 7, 14 : 1º Jesús es el que la Virgen da a luz, según la profecía; 2º el carácter milagroso de la concepción del Niño, sin intervención de varón; 3º descendiente de David, por la vía legal de José.

DIOS SE CONFIÓ EN SAN JOSÉ PARA OBRAR COSAS GRANDES

Como dice San José María en Es Cristo que pasa, número 40, “San José era efectivamente un hombre corriente, en el que Dios se confió para obrar cosas grandes. Supo vivir, tal como el Señor quería, todos y cada uno de los acontecimientos que compusieron su vida. Por eso, la Escritura Santa alaba a San José, afirmando que era justo. Y, en el lenguaje hebreo, justo quiere decir piadoso, servidor irreprochable de Dios, cumplidor de la Voluntad divina, y también otras veces significa bueno y caritativo con el prójimo. En una palabra, el justo es el que ama a Dios y demuestra ese amor, cumpliendo sus mandamientos y orientando  toda su vida en servicio de sus hermanos, los demás hombres.”

Efectivamente, San José consideraba santa a su esposa no obstante los signos de su maternidad. Por tanto se encontraba ante una situación inexplicable para él. Tratando precisamente de actuar con arreglo a la voluntad de Dios se sentía obligado a repudiarla, pero, con el fin de evitar la infamia pública de María, decide dejarla privadamente.

ADMIRABLE SILENCIO DE MARÍA

Como vemos, es admirable el silencio de María. Su entrega perfecta a Dios le lleva incluso a no defender su honra y su inocencia. Prefiere que recaiga en Ella la sospecha y la infamia, que  manifestar el profundo misterio de Gracia. Ante un hecho inexplicable por razones humanas, se abandona confiadamente en el amor y providencia de Dios.

Finalmente, considero que hemos de contemplar la magnitud de la prueba a la que Dios sometió a estas dos almas santas de José y María. No nos puede extrañar que también nosotros seamos sometidos a veces, a lo largo de la vida, a pruebas duras; en ellas hemos de confiar en Dios y permanecerle fieles a ejemplo de José y María.

José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico y Licenciado en Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229. Durante un puñado de años, Asesor Religioso y Redactor Jefe de la Sección de Información Religiosa, de la Agencia Internacional de Prensa “Europa Press”, con sede en Roma y Madrid.