SOLO LA IGLESIA TIENE EL DON DE INTERPRETAR AUTÉNTICAMENTE LOS TEXTOS DE LA SAGRADA ESCRITURA.(Homilía: III domingo de Pascua: 30-IV-2017)

Los primeros a los que anuncia un ángel el Nacimiento de Cristo son los pastores de Belén. Y las primeras en recibir el testimonio divino de la Resurrección de Jesús, son unas piadosas mujeres. Esto es una muestra más de la predilección de Dios Nuestro Señor por las almas sencillas y sinceras, a las que concede un honor, que el mundo no sabe apreciar. Pero no es sólo sencillez y bondad, no es sólo sinceridad; es que a los pobres –los pastores- y a las mujeres se les postergaba en aquellos tiempos: y Jesús ama aquello que es humillado por la soberbia de los hombres; por eso distingue a los pastores, por eso a las mujeres. Y precisamente porque aquellas mujeres eran sencillas y buenas, acuden inmediatamente a Pedro y a los Apóstoles a comunicarles todo lo que habían visto y oído. Y Pedro, a quien había prometido Jesús que sería su vicario en la tierra, se siente movido a tomar la responsabilidad de comprobar los hechos.

LOS DISCÍPULOS, TESTIGOS DE CRISTO RESUCITADO

A lo largo de la conversación con Jesús los discípulos pasan de la tristeza a la alegría, recobran la esperanza y con ello el afán de comunicar el gozo que hay en sus corazones, haciéndose de este modo anunciadores y testigos de Cristo resucitado.

Esta es una de las escenas exclusivas de San Lucas, descrita con gran maestría literaria. Nos presenta el celo apostólico del Señor. “Jesús camina junto a aquellos dos hombres, que han perdido casi toda esperanza, de modo que la vida comienza a parecerles sin sentido. Comprende su dolor, penetra en su corazón, les comunica algo de la vida que habita en El.

“Cuando, al llegar a aquella aldea, Jesús hace ademán de seguir adelante, los dos discípulos le detienen, y casi le fuerzan a quedarse con ellos. Le reconocen luego al partir el pan: El Señor, exclaman, ha estado con nosotros. Entonces se dijeron uno a otro: ¿No es verdad que sentíamos abrasarse nuestro corazón, mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras? (Evangelio de San Lucas, XXIV, 32).

Esto nos indica que cada cristiano debe hacer presente a Cristo entre los hombres; debe obrar de tal manera que quienes le traten perciban el bonus odor Christi,  que nos cita la Segunda Carta a los Corintios, II 15. Es decir que el buen olor de Cristo, debe actuar de tal modo que, a través de las acciones del discípulo, pueda describirse el rostro del Maestro” (San Josemaría, en Es Cristo que pasa, n. 105).

MISIÓN DE CRISTO, LA SALVACIÓN DEL GÉNERO HUMANO

Por otra parte, la conversación con Jesús de dos discípulos camino de Emaús resume perfectamente la desilusión de los que habían seguido al  Señor, ante el aparente fracaso que representaba para ellos su muerte. Pero Jesús, en respuesta al desaliento de los discípulos, va pacientemente descubriéndoles que la misión de Cristo es sobrenatural: la Salvación del género humano.

Efectivamente, en la Sagrada Escritura estaba anunciado que el plan de salvación de Dios se realizaría por medio de la Pasión y Muerte redentora del Mesías. La Cruz no es un fracaso, sino el camino querido por Dios para el triunfo definitivo de Cristo sobre el pecado y la muerte (1 Corintios 1,23-24).

 Muchos contemporáneos del Señor no entendieron su misión sobrenatural, por no haber interpretado correctamente los textos del Antiguo Testamento. Nadie como Jesús puede reconocer el verdadero sentido de las Escrituras Santas. Y, después de El, sólo la Iglesia tiene la misión y el oficio de interpretarlas auténticamente: “Todo lo dicho sobre la interpretación de la Sagrada Escritura está sometido al juicio definitivo de la Iglesia, que recibió de Dios el encargo y el oficio de conservar e interpretar la palabra de Dios” (Dei Verbum, número 12).

José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico y Licenciado en Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229. Durante un puñado de años, Asesor Religioso y Redactor Jefe de la Sección de Información Religiosa, de la Agencia Internacional de Prensa “Europa Press, con sede en Roma y Madrid.

 

 

 

 

 



SOLO LA IGLESIA TIENE EL DON DE INTERPRETAR AUTÉNTICAMENTE LOS TEXTOS DE LA SAGRADA ESCRITURA.(Homilía: Tercer Domingo de Pascua: 30-IV-2017)

Los primeros a los que anuncia un ángel el Nacimiento de Cristo son los pastores de Belén. Y las primeras en recibir el testimonio divino de la Resurrección de Jesús, son unas piadosas mujeres. Esto es una muestra más de la predilección de Dios Nuestro Señor por las almas sencillas y sinceras, a las que concede un honor, que el mundo no sabe apreciar. Pero no es sólo sencillez y bondad, no es sólo sinceridad; es que a los pobres –los pastores- y a las mujeres se les postergaba en aquellos tiempos: y Jesús ama aquello que es humillado por la soberbia de los hombres; por eso distingue a los pastores, por eso a las mujeres. Y precisamente porque aquellas mujeres eran sencillas y buenas, acuden inmediatamente a Pedro y a los Apóstoles a comunicarles todo lo que habían visto y oído. Y Pedro, a quien había prometido Jesús que sería su vicario en la tierra, se siente movido a tomar la responsabilidad de comprobar los hechos.

LOS DISCÍPULOS, TESTIGOS DE CRISTO RESUCITADO

A lo largo de la conversación con Jesús los discípulos pasan de la tristeza a la alegría, recobran la esperanza y con ello el afán de comunicar el gozo que hay en sus corazones, haciéndose de este modo anunciadores y testigos de Cristo resucitado.Esta es una de las escenas exclusivas de San Lucas, descrita con gran maestría literaria. Nos presenta el celo apostólico del Señor. “Jesús camina junto a aquellos dos hombres, que han perdido casi toda esperanza, de modo que la vida comienza a parecerles sin sentido. Comprende su dolor, penetra en su corazón, les comunica algo de la vida que habita en El.

“Cuando, al llegar a aquella aldea, Jesús hace ademán de seguir adelante, los dos discípulos le detienen, y casi le fuerzan a quedarse con ellos. Le reconocen luego al partir el pan: El Señor, exclaman, ha estado con nosotros. Entonces se dijeron uno a otro: ¿No es verdad que sentíamos abrasarse nuestro corazón, mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras? (Evangelio de San Lucas, XXIV, 32).Esto nos indica que cada cristiano debe hacer presente a Cristo entre los hombres; debe obrar de tal manera que quienes le traten perciban el bonus odor Christi,  que nos cita la Segunda Carta a los Corintios, II 15. Es decir que el buen olor de Cristo, debe actuar de tal modo que, a través de las acciones del discípulo, pueda describirse el rostro del Maestro” (San Josemaría, en Es Cristo que pasa, n. 105).

MISIÓN DE CRISTO, LA SALVACIÓN DEL GÉNERO HUMANO

Por otra parte, la conversación con Jesús de dos discípulos camino de Emaús resume perfectamente la desilusión de los que habían seguido al  Señor, ante el aparente fracaso que representaba para ellos su muerte. Pero Jesús, en respuesta al desaliento de los discípulos, va pacientemente descubriéndoles que la misión de Cristo es sobrenatural: la Salvación del género humano. Efectivamente, en la Sagrada Escritura estaba anunciado que el plan de salvación de Dios se realizaría por medio de la Pasión y Muerte redentora del Mesías. La Cruz no es un fracaso, sino el camino querido por Dios para el triunfo definitivo de Cristo sobre el pecado y la muerte (1 Corintios 1,23-24).

Muchos contemporáneos del Señor no entendieron su misión sobrenatural, por no haber interpretado correctamente los textos del Antiguo Testamento. Nadie como Jesús puede reconocer el verdadero sentido de las Escrituras Santas. Y, después de El, sólo la Iglesia tiene la misión y el oficio de interpretarlas auténticamente: “Todo lo dicho sobre la interpretación de la Sagrada Escritura está sometido al juicio definitivo de la Iglesia, que recibió de Dios el encargo y el oficio de conservar e interpretar la palabra de Dios” (Dei Verbum, número 12).

José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico y Licenciado en Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229. Durante un puñado de años, Asesor Religioso y Redactor Jefe de la Sección de Información Religiosa, de la Agencia Internacional de Prensa “Europa Press, con sede en Roma y Madrid.


SOLO LA IGLESIA TIENE EL DON DE INTERPRETAR AUTÉNTICAMENTE LOS TEXTOS DE LA SAGRADA ESCRITURA.(Homilía: III Domingo de Pascua: 30-IV-2017)

Los primeros a los que anuncia un ángel el Nacimiento de Cristo son los pastores de Belén. Y las primeras en recibir el testimonio divino de la Resurrección de Jesús, son unas piadosas mujeres. Esto es una muestra más de la predilección de Dios Nuestro Señor por las almas sencillas y sinceras, a las que concede un honor, que el mundo no sabe apreciar. Pero no es sólo sencillez y bondad, no es sólo sinceridad; es que a los pobres –los pastores- y a las mujeres se les postergaba en aquellos tiempos: y Jesús ama aquello que es humillado por la soberbia de los hombres; por eso distingue a los pastores, por eso a las mujeres. Y precisamente porque aquellas mujeres eran sencillas y buenas, acuden inmediatamente a Pedro y a los Apóstoles a comunicarles todo lo que habían visto y oído. Y Pedro, a quien había prometido Jesús que sería su Vicario en la tierra, se siente movido a tomar la responsabilidad de comprobar los hechos.

 LOS DISCÍPULOS, TESTIGOS DE CRISTO RESUCITADO

A lo largo de la conversación con Jesús los discípulos pasan de la tristeza a la alegría, recobran la esperanza y con ello el afán de comunicar el gozo que hay en sus corazones, haciéndose de este modo anunciadores y testigos de Cristo resucitado.

Esta es una de las escenas exclusivas de San Lucas, descrita con gran maestría literaria. Nos presenta el celo apostólico del Señor. “Jesús camina junto a aquellos dos hombres, que han perdido casi toda esperanza, de modo que la vida comienza a parecerles sin sentido. Comprende su dolor, penetra en su corazón, les comunica algo de la vida que habita en El”.

“Cuando, al llegar a aquella aldea, Jesús hace ademán de seguir adelante, los dos discípulos le detienen, y casi le fuerzan a quedarse con ellos. Le reconocen luego al partir el pan: El Señor, exclaman, ha estado con nosotros. Entonces se dijeron uno a otro: ¿No es verdad que sentíamos abrasarse nuestro corazón, mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras? (Evangelio de San Lucas, XXIV, 32).

Esto nos indica que cada cristiano debe hacer presente a Cristo entre los hombres; debe obrar de tal manera que quienes le traten perciban el bonus odor Christi,  que nos cita la Segunda Carta a los Corintios, II 15. Es decir que el buen olor de Cristo, debe actuar de tal modo que, a través de las acciones del discípulo, pueda describirse el rostro del Maestro” (San Josemaría, en Es Cristo que pasa, n. 105).

MISIÓN DE CRISTO, LA SALVACIÓN DEL GÉNERO HUMANO

Por otra parte, la conversación con Jesús de dos discípulos camino de Emaús resume perfectamente la desilusión de los que habían seguido al  Señor, ante el aparente fracaso que representaba para ellos su muerte. Pero Jesús, en respuesta al desaliento de los discípulos, va pacientemente descubriéndoles que la misión de Cristo es sobrenatural: la Salvación del género humano.

Efectivamente, en la Sagrada Escritura estaba anunciado que el plan de salvación de Dios se realizaría por medio de la Pasión y Muerte redentora del Mesías. La Cruz no es un fracaso, sino el camino querido por Dios para el triunfo definitivo de Cristo sobre el pecado y la muerte (1 Corintios 1,23-24).

Muchos contemporáneos del Señor no entendieron su misión sobrenatural, por no haber interpretado correctamente los textos del Antiguo Testamento. Nadie como Jesús puede reconocer el verdadero sentido de las Escrituras Santas. Y, después de El, sólo la Iglesia tiene la misión y el oficio de interpretarlas auténticamente: “Todo lo dicho sobre la interpretación de la Sagrada Escritura está sometido al juicio definitivo de la Iglesia, que recibió de Dios el encargo y el oficio de conservar e interpretar la palabra de Dios” (Dei Verbum, número 12).

José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico y Licenciado en Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229. Durante un puñado de años, Asesor Religioso y Redactor Jefe de la Sección de Información Religiosa, de la Agencia Internacional de Prensa “Europa Press, con sede en Roma y Madrid.