QUIEN AMA DE VERDAD A DIOS AMA TAMBIÉN A SUS IGUALES. HOMILÍA DEL 29/10/2017. XXX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO.

Ante la pregunta, el Señor pone de relieve que toda Ley se condensa en dos mandamientos: el primero y más importante consiste en el amor incondicional a Dios; el segundo es consecuencia y efecto del primero; porque cuando es amado el hombre dice Santo Tomás, es amado Dios ya que el hombre es imagen de Dios.

Quien ama de verdad a Dios ama también a sus iguales porque verá en ellos a sus hermanos, hijos del mismo Padre, redimidos por la misma sangre de Nuestro Señor Jesucristo: “tenemos este mandato de Dios: que el que ama a Dios ame también a su hermano (1 Ioh 4,21).

Hay en camino un peligro: si amamos al hombre por el hombre, sin referencia a Dios, este amor se convierte en obstáculo que impide el cumplimiento del primer precepto y entonces deja también de ser verdadero amor al prójimo. Pero el amor al prójimo por Dios es prueba patente de que amamos a Dios: “Si alguien dice: Amo a Dios, pero desprecia a su hermano, es un mentiroso” (1 Ioh 4,20).

“Amarás al prójimo como a ti mismo”. Establece aquí el Señor que la medida práctica del amor al prójimo ha de ser la del amor a uno mismo; tanto el amor a los demás como el amor a uno mismo se fundamentan en el amor a Dios. De ahí que, en unos casos, el amor de Dios exigirá poner una necesidad del prójimo por delante de la nuestra y, en otros casos no: depende del diverso valor que tengan a la luz del amor de Dios, los bienes espirituales y materiales que estén en juego.

Es evidente que los bienes del espíritu tienen una precedencia absoluta sobre los bienes materiales, incluso el de la misma vida. De ahí que siempre hay que salvar ante todo los bienes espirituales, sean propios o del prójimo. Cuando se trata del supremo bien espiritual, que es la salvación del alma, de ningún modo se puede correr el peligro cierto de condenarse por salvar a otro, porque, dada la libertad humana, nunca podemos estar seguros de la decisión personal que pueda tomar el prójimo: es la situación que refleja la parábola de las vírgenes necias y prudentes (Mt 25, 1-13) al negarse éstas a darles el aceite; en el mismo sentido dice San Pablo que se haría anatema para salvar a sus hermanos (cfr Rom 9,3), en una frase condicional irreal. No obstante, está claro que hemos de hacer todo lo posible a nuestros hermanos, conscientes de que quien contribuye a que el pecador se convierta de su extravío se salvará él mismo de la muerte eterna y cubrirá la muchedumbre de sus pecados (Iac 5,20). De todo ello se deduce que el mismo recto amor de sí, basado en el Amor de Dios al hombre, trae como consecuencia las exigencias radicales del olvido de sí para amar a Dios y al prójimo por Dios.

EL MANDAMIENTO DEL AMOR

El mandamiento del amor es el más importante porque en él alcanza el hombre su perfección (cfr Col 3,14). “cuanto un alma más ama, escribe San Juan de la Cruz, tanto es más perfecta en aquello que ama; de aquí es que esta alma que ya está perfecta, toda ella es amor y todas sus acciones son amor dando todas sus cosas como el sabio mercader (Mt 13,46), por este tesoro de amor que halló escondido en Dios. Porque, así como la abeja saca del todas las hierbas que allí hay y no se sirve de ellas más que para esto, así también de todas las cosas que pasan por el alma con grandes facilidades saca ella la dulzura de amor que hay; que amar a Dios en ellas, ahora sea sabroso, ahora desabrido, estando ella informada y amparada con el amor como lo está, ni lo siente, ni lo gusta, ni lo sabe porque como hemos dicho, el alma no sabe sino amor, y su gusto en todas las cosas y tratos siempre es deleite de amor de Dios (Cántico espiritual, canción 27, n.8).

José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico y Licenciado en Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229. Durante un puñado de años, Asesor Religioso y Redactor Jefe de la Sección de Información Religiosa, de la Agencia Internacional de Prensa “Europa Press”, con sede en Roma y Madrid.

 

 

 


“DAD AL CÉSAR LO QUE ES DEL CÉSAR Y A DIOS LO QUE ES DE DIOS” (HOMILÍA DEL 22-X-2017. XXIX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO).

Los fariseos y los herodianos se unieron para conspirar contra Jesús. Los herodianos eran los partidarios de la política de Herodes y su dinastía. Veían de buen grado la dominación romana y, en materia religiosa, compartían las ideas materialistas de los saduceos. Los fariseos eran celosos cumplidores de la Ley, antirromanos y consideraban el régimen de Herodes y sus sucesores como una usurpación. No se puede imaginar diferencia más radical. Esta unión tan sorprendente indica hasta qué punto odiaban al Señor.

PAGAR TRIBUTO AL CÉSAR

Si el Señor contestaba que era lícito pagar tributo al César, los fariseos podían desacreditarle frente al pueblo, que pensaba con mentalidad nacionalista; si contestaba que no era lícito los herodianos podían denunciarle frente al pueblo, que pensaba con mentalidad nacionalista; si contestaba que no era lícito, los herodianos podían denunciarle frente a la autoridad romana.

Jesús da una respuesta cuya profundidad ellos no alcanzan y que es al mismo tiempo absolutamente fiel a la predicación que ha venido haciendo del Reino de Dios: dad al César lo que le corresponde, reverso necesario de la cuestión, que no le habían planteado. No existe igualdad de nivel, pues para un israelita Dios trasciende toda cota humana.

¿Qué es lo que corresponde al César? La tributación, que la necesita para la existencia del ordenamiento temporal. ¿Qué es lo que hay que dar a Dios? Evidentemente todos los mandamientos, que implican el amor y la entrega personales.

Como vemos, la respuesta de Nuestro Señor Jesucristo supera el horizonte humano de sus tentadores; está por encima del sí y del no, que querían arrancarle.

LA RESPUESTA DE JESÚS SUPERA EL HORIZONTE HUMANO

La doctrina de Nuestro Señor Jesucristo supera cualquier planteamiento político, y si los fieles, en ejercicio de su libertad, eligen una determinada solución para los asuntos de carácter temporal “recuerden – dice “Gaudium et Spes”, en el número 43-, que en tales casos a nadie le está permitido reivindicar en exclusiva la autoridad de la Iglesia a favor de su opinión.

Jesús, con estas palabras, reconoció el poder civil y sus derechos, pero avisó claramente que deben respetarse los derechos superiores de Dios, Nuestro Señor (Así se dice en el Documento “Dignitatis Humanae”) y señaló, como parte de la voluntad de Dios, el Fiel cumplimiento de los derechos cíviles.

LOS SADUCEOS, CONTRA LA FE

Los saduceos argumentan contra la fe, en la resurrección de los muertos, apoyándose en una ley judía, la ley del levirato (Deuteronomio 25, 5-10). Esta mandaba que cuando un hombre casado moría sin dejar sucesión, uno de sus hermanos, según un orden establecido, debiera casarse con la viuda, y al primero de los hijos que tuviera se le debía imponer el nombre del difunto.

José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico y Licenciado en Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229. Durante un puñado de años, Asesor Religioso y Redactor Jefe de la Sección de Información Religiosa, de la Agencia Internacional de Prensa “Europa Press”, con sede en Roma y Madrid.


LA HOMILÍA DEL 15 –X-2017 NOS ELEVA A CONTEMPLAR NUESTRO FUTURO DEFINITIVO, LA ALEGRÍA ETERNA DEL CIELO.¬

La liturgia del domingo XXVIII del Tiempo Ordinario, que se celebra el quince de Octubre, nos eleva a contemplar nuestro futuro definitivo, la alegría eterna del Cielo. Y utiliza para ello el símbolo del banquete festivo preparado por el Señor que, como dice

La Primera Lectura de la Misa de hoy, enjugará las lágrimas de todos los rostros,  Y, por su parte el Evangelio presenta la parábola del banquete de bodas, al que todos estamos convidados.

 Y, por lo tanto, nos tenemos que preguntar si nosotros somos de los que, con nuestro modo de vivir, estamos rechazando esa invitación. Pero, todavía estamos a tiempo de cambiar y de revestirnos de la gracia de Dios, para poder participar en la Eucaristía que, celebrada con amor, nos lleva a la gloria del Cielo, como dice la Oración sobre las Ofrendas, la Casa del Señor, donde habitaremos por años sin término.

ESTAR VIGILANTES

Precisamente, el Concilio Vaticano II recuerda la verdad de los “Novísimos”, al hablar de la índole escatológica de la Iglesia e invocar la advertencia del Señor en el sentido de que estemos vigilantes contra las asechanzas del demonio, para poder resistir en el día malo. “Pero –dice la Carta a los Hebreos- como no sabemos ni el día ni la hora, por aviso del Señor, debemos vigilar constantemente para que, terminado el único plazo de nuestra vida terrena” (Hebreos 9,27), y “si queremos entrar con El a las bodas, merezcamos ser contados entre los elegidos, no sea que como aquellos siervos malos y perezosos, seamos arrojados al fuego eterno” (San Mateo, 25, 41), a las tinieblas exteriores en donde habrá llanto y crujir de dientes (Lumen gentium, n. 48).

VOLUNTAD SALVÍFICA UNIVERSAL DE DIOS

Ahora bien, tengamos en cuenta que estas palabras no contradicen, en modo alguno, la voluntad salvífica universal de Dios, como afirma la Primera Carta a Timoteo en 2, 4). En efecto, Cristo, en su Amor por los hombres, busca la conversión de cada alma con infinita paciencia, hasta el extremo de morir en La Cruz.

Esta es la doctrina que enseña el Apóstol San Pablo, cuando dice que Cristo nos amó y “se entregó a sí mismo por nosotros como oblación y víctima” (Carta a los Efesios 5, 2).

Por lo tanto, cada uno de nosotros puede afirmar con el Apóstol que Cristo “me amó y se entregó a sí mismo por mi” (Carta a los Gálatas, 2,20). No obstante, Dios en su infinita sabiduría, respeta la libertad del hombre, que tiene la tremenda posibilidad de rechazar la gracia” (San Mateo 7,13-14).

José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico y Licenciado en Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229. Durante un puñado de años, Asesor Religioso y Redactor Jefe de la Sección de Información Religiosa, de la Agencia Internacional de Prensa “Europa Press”, con sede en Roma y Madrid.


CRONOLOGÍA DE LA VIDA DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO. HOMILIA DEL DOMINGO XXVII DEL TIEMPO ORDINARIO. 8/X/2017

San Juan Bautista había enseñado el camino de la santidad, anunciando el Reino de Dios y predicando la conversión. Los escribas y fariseos no le habían creído, a pesar de jactarse de una actitud oficial de fidelidad a los planes de Dios. Estaban representados por el hijo que dice “voy” y luego no va. En cambio, los publicanos y las meretrices que se arrepintieron y rectificaron su vida les precederán en el Reino: bien en a ser el hijo que dice “no voy”, pero luego va. El Señor pone de relieve que la penitencia y la conversión pueden enderezar y situar a todos en camino de santidad, aunque hayan vivido mucho tiempo alejados de Dios.

Ahora bien, con la parábola de la viña y los labradores perversos en el evangelio de hoy, Nuestro Señor Jesucristo presenta la historia de la salvación: cómo el pueblo de Israel, la viña que no dio sus frutos, rechazando a los profetas y, por último, asesinando al hijo del dueño de la viña, el mismo que será crucificado. A partir de ahí, el   reino de  los cielos será quitado a la casa de Israel y se le dará a un pueblo que produce sus frutos, la Iglesia. Pero muchas veces no damos tampoco los cristianos los frutos de las buenas obras que el Señor espera de nosotros y estamos como devastados por los enemigos de  la fe. Con el salmo pidamos: “Señor, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve”.

EL SEÑOR COMPARA A ISRAEL CON UNA VIÑA ESCOGIDA

Esta parábola, tan importante, completa a la anterior. La parábola de los dos hijos se limitaba a mostrar el hecho de la indocilidad de Israel; la de los viñadores homicidas proyecta su luz sobre el castigo consiguiente. Efectivamente, el Señor compara a Israel con una viña escogida, provista al uso oriental de su cerca, de su lugar, con su torre de vigilancia algo elevada, donde se coloca el guardián, encargada de proteger la viña contra los ladrones y los chacales. Dios no ha escatimado nada para cultivar y embellecer su viña. Los viñadores, en la parábola, son colonos; el dueño es Dios, y la viña es Israel.

Los viñadores a quienes Dios había entregado el cuidado de su pueblo representan a los sacerdotes, escribas y ancianos. La ausencia del dueño da a entender que Dios confió realmente Israel a sus jefes; y de aquí nace su responsabilidad y las cuentas exigidas por el dueño de la viña.

EL DUEÑO ENVÍA SUS SIERVOS PARA PERCIBIR LOS FRUTOS

El dueño envía sus siervos de vez y cuando para percibir sus frutos. Esta fue la misión de los profetas. El segundo envió los siervos para reclamar lo que debían a su dueño, y que corre la misma suerte que el primero, es una alusión a los malos tratos infligidos a los profetas de Dios, por los reyes y sacerdotes de Israel.

Finalmente les envió a su hijo, pensando que a Él si lo respetarían.. Aquí se señala la diferencia entre Jesús y los profetas, que eran siervos, pero no “el Hijo”: la parábola se refiere a la filiación trascendente y única que expresa la divinidad de Jesucristo.

La perversa intención de los viñadores de asesinar el hijo heredero, para quedarse ellos con las herencias, es el destino con que los jefes de la sinagoga esperan quedar como dueños indiscutibles de Israel al matar a Cristo (Mateo 12,14; 26,4). No piensan en el castigo: la ambición les ciega. Entonces “lo echaron fuera de la viña y lo mataron”; referencia a la Crucifixión de Nuestro Señor Jesucristo  que tuvo lugar fuera de los muros de Jerusalén.

Jesucristo profetiza el castigo que Dios impondrá a los malvados: les dará muerte, y arrendará la viña a otros. Estamos ante una profecía de la máxima importancia: San Pedro repetirá más tarde ante el sanedrín: la piedra que los constructores rechazaron, ésta vino a ser piedra angular (Act 4,11; 1 Pet 2,4)- La piedra es Jesús de Nazaret, pero los arquitectos de Israel, los que construyen y gobiernan al pueblo. No han querido usarla en la construcción. Por eso, a causa de su infidelidad, el Reino de Dios será transferido a otro pueblo, los gentiles, que sabrán dar a Dios los frutos que Él espera de su viña (cfr Mt 3,8-10; Gal 6,16).

Es necesario descansar sobre esta piedra para estar sólidamente edificado. Y ¡desgraciado el que tropiece con ella! (Mt 12,30; Lc 2,34). Aquellos judíos primero y después todos los enemigos de Cristo y de la Iglesia lo comprobarán con dura experiencia (Isaías 8,14-15)

Los cristianos de todos los tiempos deberán considerar esta parábola como una exhortación a construir con fidelidad sobre Cristo, para no reincidir en el pecado de aquella generación judaica. Al mismo tiempo debe llenarnos de esperanza y de seguridad: aunque el edificio, que es la Iglesia, parezca cuartearse en algún momento, su solidez está asegurada, porque tiene a Cristo piedra angular.

José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico y Licenciado en Derecho Civil y Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229. Durante un puñado de años, Asesor Religioso y Redactor Jefe de la Sección de Información Religiosa, de la Agencia Internacional de Prensa “Europa Press”, con sede en Roma y Madrid.