LA IGLESIA TIENE COMO MISIÓN DAR A CONOCER EL EVANGELIO. (HOMILÍA DEL 10 DE DICIEMBRE DE 2017. 2º DOMINGO DE ADVIENTO).

La Iglesia, continuadora de la misión apostólica tiene la misión de dar a conocer el “Evangelio”. Y con las palabras que usa San Marcos en el Evangelio del este domingo, el Segundo de Adviento, al mismo tiempo que nos da el título del libro, pone de relieve que Jesús es el Mesías anunciado por los profetas y el Hijo único del Padre, por naturaleza. En esto queda resumido el contenido del segundo Evangelio: Jesucristo, Dios y Hombre verdadero.

La palabra “Evangelio” indica el feliz anuncio, la buena nueva que Dios comunica a los hombres por medio de su Hijo. El contendido de esa buena nueva es en primer ligar el mismo Jesucristo, sus palabras y sus obras

JESÚS MISMO, EVANGELIO DE DIOS

“Durante el Sínodo (se refiere al Sínodo de los obispos de l974), los obispos han recordado con frecuencia esta verdad: Jesús mismo Evangelio de Dios (San Marcos, 1,1; Romanos 1,13), ha sido el primero y el más grande evangelizador. Lo ha sido hasta el final, hasta la perfección, hasta el sacrificio de su existencia terrena” (Evangelii. nuntiandi, número 7). Los Apóstoles escogidos por el Señor para ser fundamento de su Iglesia, cumplieron el mandato de manar a judíos y gentiles, por medio de la predicación oral, el testimonio de lo que habían visto y oído: el cumplimiento en Jesucristo de las profecías del Antiguo Testamento, la remisión de los pecados, la remisión de los pecados, la filiación adoptiva y la herencia del Cielo ofrecidas a todos los hombres. Por esto, también la predicación apostólica puede llamarse puede llamarse “Evangelio”.

Finalmente los evangelistas, movidos por el Espíritu Santo, pusieron por escrito parte de esta predicación oral. De este modo, por la Sagrada Escritura y la Tradición. Apostólica, la voz de Cristo se perpetúa por todos los siglos y se hace oír en todas las generaciones y en todo los pueblos.

LA IGLESIA TIENE LA TAREA DE DAR A CONOCER EL EVANGELIO

La Iglesia, continuadora de la misión apostólica, tiene la tarea de dar a conocer el “Evangelio”. Así, por ejemplo, lo hace por medio de la Catequesis. “El objeto esencial y primordial de la catequesis es, empleando una expresión muy familiar a San Pablo y a la teología contemporánea, “El Misterio de Cristo”(…). Se trata por lo tanto de descubrir en la Persona de Cristo el designio eterno de Dios que se realiza en El. Se trata de procurar comprender el significado de los gestos y de las palabras de Cristo, los signos realizados por El mismo, pues ellos encierran y manifiestan a la vez su Misterio.

En este sentido, el fin definitivo de la Catequesis es poner a uno no sólo en contacto sino en comunión, en intimidad con Jesucristo: sólo El puede conducirnos al amor del Padre en el Espíritu y hacernos partícipes de la vida de la Santísima Trinidad”. (Así está en “Catequesis tradendi”, número cinco del 10 de Diciembre).

José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico. Licenciado en Ciencias de la Información. Inscrito en Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229.

 

 

 


LA ENCARNACIÓN DEL VERBO, EN EL SENO DE MARÍA VIRGEN, ES EL HECHO MÁS TRASCENDENTAL DE LA HISTORIA. (Inmaculada Concepción: 8-XII-2017)

La Santísima Virgen María es saludada por el arcángel San Gabriel como la llena de gracia, a la vez que ella responde al mensajero divino: He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. Así María, hija de Adán, al aceptar el mensaje divino, se convirtió en la Madre de Jesús, y al abrazar de todo corazón y sin entorpecimiento de pecado alguno la voluntad salvífica de Dios, se consagró totalmente a la obra de su Hijo. Ciertamente, la Anunciación a María y la Encarnación del Verbo es el hecho más maravilloso, el misterio más entrañable de las relaciones de Dios con los hombres y el acontecimiento más trascendental de la Historia de la Humanidad.

Dios quiso nacer de una madre virgen, como se había anunciado varios siglos antes, por medio del profeta Isaías. Y este privilegio de ser virgen y madre al mismo tiempo, concedido a la Santísima Virgen María, es don divino, admirable y singular. Dios “tanto engrandeció a la Madre en la Concepción y en el Nacimiento del Hijo –dice el Catecismo Romano-, que le dió fecundidad y la conservó en perpetua virginidad”. Por su parte, el Papa Beato Pablo VI, en el Credo del Pueblo de Dios, nos recordó esta verdad de fe, con las siguientes palabras: “Creemos que la bienaventurada María, que permaneció siempre virgen, fue la madre del Verbo encarnado, Dios y Salvador nuestro, Jesucristo”.

 LA MADRE DE DIOS, ASIENTO DE TODAS LAS GRACIAS

 El arcángel San Gabriel manifiesta la dignidad y el honor de María, saludándola con las palabras “llena de gracia”. Y por su parte, los Padres y Doctores de la Iglesia “enseñaron que con este singular y solemne saludo, jamás oído, se manifiesta que la Madre de Dios era asiento de todas las gracias divinas y que estaba adornada de todos los carismas del Espíritu Santo, por lo que jamás estuvo sujeta a maldición, es decir, estuvo inmune de todo pecado”. Así se dice en la Ineffabilis Deus y en  el Credo del Pueblo de Dios.

Pensemos un poquito en la frase el Señor es contigo. Las palabras no tienen simplemente un sentido deprecatorio, sino afirmativo: “Él está en tu corazón, se forma en tu vientre, llena tu alma, está en tu seno”. Por lo tanto, como dicen importantes manuscritos griegos y versiones antiguas que añaden al final: “Bendita tú entre las mujeres”. Ciertamente Dios Nuestro Señor la exultó así sobre todas las mujeres. Más excelente que Sara, Ana, Débora, Raquel, Judith y otras santas mujeres del Antiguo Testamento. Evidentemente, solo María tiene la suprema dignidad de haber sido elegida para ser la Madre de Dios.

CON LA PRESENCIA DEL ARCÁNGEL, MARÍA CONOCE SU VOCACIÓN

Es cierto que Nuestra Señora la Virgen María se turbó por la presencia del Arcángel y por la confusión que producen en las personas verdaderamente humildes las alabanzas a ellas dirigidas. Pero es también, en ese momento, cuando Nuestra Señora conoce con claridad la vocación para la que Dios Nuestro Señor la había destinado desde la eternidad.

Y es igualmente cuando el Arcángel la tranquiliza y le dice no temas, María. La está ayudando a superar ese temor inicial que, de ordinario, se puede presentar en toda vocación divina, incluso como una reacción natural ante la grandeza de lo sobrenatural. Y le revela además que el Niño será “grande”, porque es Dios, y tras la Encarnación no dejará de serlo, sino que asume la pequeñez de la humanidad. Y se revela también que Jesús será enviado, según las promesas de salvación. E igualmente que su Reino “no tendrá fin”, porque su Santísima Humanidad permanecerá para siempre indisolublemente unida a su divinidad.

LA FIDELIDAD ES SER COHERENTE TODA LA VIDA

El Papa San Juan Pablo II, comentaba este pasaje, preguntándose “¿Qué significa esta fidelidad de María?”. Y respondía: “en primer lugar María fue fiel cuando con amor se puso a buscar el sentido del designio divino. En segundo lugar vino la acogida y la aceptación. Y tras ello, la tercera dimensión que es la fidelidad. Es decir, vivir de acuerdo con lo que se cree. Ajustar la propia vida al objeto de la propia adhesión. Aceptar las incomprensiones y las persecuciones, antes de permitir rupturas entre lo que se vive y lo que se cree”. Y añade el Papa Santo que “toda fidelidad debe pasar por la prueba más exigente: la duración. Porque es fácil ser coherente por un día o algunos días. Difícil e importante es ser coherente toda la vida. Es fácil ser coherente en la hora de la exaltación, difícil serlo en la hora de la tribulación. Sólo puede llamarse fidelidad una coherencia que dura a lo largo de toda la vida”. Y termina el Papa diciendo: “El fiat de María en la Anunciación encuentra su plenitud en el fiat silencioso que repite al pie de la Cruz”.

José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico y Licenciado en Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229. Durante años, Asesor Religioso y Redactor Jefe de la Sección de Información Religiosa, de la Agencia Internacional de Prensa “Europa Press”, con sede en Roma y Madrid.

 


EL ADVIENTO NOS VIENE ANUNCIAR QUE SE ACERCA LA NAVIDAD.(Homilía del Primer Domingo de Adviento: 3 de diciembre del año 2017).

El próximo día tres de diciembre del año en curso que viene a ser y es el Primer Domingo de Adviento, nos viene a anunciar que se acerca la Navidad, tiempo en el que también nacerá de nuevo en nuestras almas, Nuestro Señor Jesucristo, porque entonces se ha de celebrar el aniversario de su Nacimiento, y a petición de su Esposa la Iglesia, a la cual nada cabe rehusar, nos dará las mismas gracias que a los pastores y a los reyes Magos. Cristo vendrá también al fin de los tiempos “para condenar a los culpables a las llamas y convidar a los buenos al Cielo con un amistoso llamamiento”. Así se dice en el “Himno de Maitines”.

Toda la Santa Misa de este día nos dispone a este advenimiento de misericordia y de justicia. Algunas piezas se refieren bien al uno, bien al otro; otras aluden al Nacimiento de Nuestro Divino Redentor, que tuvo lugar en la humildad. Otras, por fin  hablan de su venida como rey con todo el aparato de su poderío y majestad. La acogida que hiciéramos a Jesús ahora que viene a rescatarnos, condicionará a la que El nos haga cuando venga a juzgarnos.

Preparémonos, pues, por medio de santas aspiraciones y con la reformación de nuestra vida a las fiestas de Navidad, para estar así dispuestos al juicio supremo, del que depende la suerte eterna de nuestra alma. Tengamos confianza, porque “los que esperan a Jesús, no se verán confundidos”, Y no olvidemos además que en el día de hoy, nuestro párroco celebra la Santa Misa por nosotros.

EL ADVIENTO INSISTE EN UNA SEGUNDA VENIDA DEL SEÑOR

Es bueno recordar que las oraciones y lecturas del Primer Domingo de Adviento insisten casi exclusivamente en el tema de la “Parusía” o segunda venida del Señor. Las ideas, pues, que dominaron la conclusión del Año  litúrgico anterior se prolongan en el inicio del siguiente.

Sin embargo las lecturas de los profetas anuncian también la primera venida del Mesías: “Hacia él caminarán las naciones” (IA), “Suscitaré a David y vástago un vástago legítimo” (IC) dando respuesta el Padre a la queja y oración más sentida del Antiguo Testamento, “¡Ojalá rasgases el cielo y bajases” (IB). Las lecturas de San Pablo para los tres ciclos que tratan de la firmeza en la fe (B); el amor y santidad (C) y la vigilancia (A) con las que hemos de aguardar la venida del Señor, virtudes que son también la consecuencia práctica de los evangelios de este domingo primero del año litúrgico en el que como nos dice hoy San Pablo (en la 2ª lectura A): “Ahora nuestra salvación está más cerca que cuando empezamos a creer”.

La Celebración Eucarística tiene una fuerte orientación  hacia las realidades últimas, y así en este tiempo de Adviento hay que recibir el Sacramento del Altar como “prenda” de la salvación y de los bienes eternos, porque la evocación del encuentro definitivo con Cristo, como Pastor y Juez nos ha de preparar para ser dignos de figurar entre las ovejas escogidas, “a su derecha”.

José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico, Licenciado en Derecho Civil y en Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229. Durante un puñado de años, Asesor Religioso y Redactor Jefe de la Sección de Información Religiosa, de la Agencia Internacional de Prensa “Europa Press”, con sede en Roma y Madrid.