JESUCRISTO HA TOMADO NUESTRA NATURALEZA HUMANA PARA LIBRAR DEL PECADO A QUIENES LO MIREN CON FE Y AMOR. (HOMILÍA: Domingo de la Santísima Trinidad: 11-VI-2017)

Nuestro Señor Jesucristo ha tomado nuestra naturaleza humana para dar a conocer los misterios ocultos de la vida divina; y para librar del pecado y de la muerte a quienes lo miren con fe y amor y acepten la cruz de cada día.

Ahora bien, la fe de la cual nos habla el Señor no se reduce simplemente a la aceptación intelectual de las verdades que El nos ha enseñado, sino que lleva consigo reconocerle como Hijo de Dios, participar de su misma Vida y entregarsenos por amor, haciéndonos así semejantes a El.

Pero esta fe constituye un don de Dios, a quien debemos pedir que la fortalezca y acreciente, como hicieron los Apóstoles: “Señor, auméntanos la fe”. Siendo la fe un don divino, sobrenatural y gratuito es, al mismo tiempo, una virtud, un hábito bueno, susceptible de ser ejercitado personalmente y, por tanto, robustecido a través de ese ejercicio. De ahí que el cristiano, que ya posee el don divino de la fe, ayudado por la gracia, deba hacer actos explícitos de fe para que esta virtud crezca en él.

 DIOS ES AMOR

“Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo Unigénito por su salvación”. Esto quiere decir que toda nuestra religión es una revelación de la bondad, de la misericordia, del amor de Dios por nosotros. “Dios es amor”, es decir, amor que se difunde y se prodiga, y todo se resume en esta gran verdad que todo lo explica y todo lo ilumina. Por eso, es necesario ver la Historia de Jesús bajo esta luz.  “El me ha amado”, escribe San Pablo, y cada uno de nosotros puede y debe repetírselo a sí mismo: “El me ha amado, y se ha sacrificado por mi”.

Por lo tanto, pensemos que la entrega de Cristo constituye la llamada más apremiante a corresponder a su gran amor: “Si Dios nos ha creado, si nos ha redimido, si nos ama hasta el punto de entregar por nosotros a su Hijo Unigénito; si nos quiere cada día como esperaba aquel padre de la parábola a su hijo pródigo, ¿cómo no va a desear que le tratemos amorosamente? Extraño sería no hablar con Dios, apartarse de El, olvidarle, desenvolverse en actividades ajenas a esos toques ininterrumpidos de la gracia”. (Amigos de Dios, numero 251).

José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico y Licenciado en Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229. Durante un puñado de años, Asesor Religioso y Redactor Jefe de la Sección de Información Religiosa, de la Agencia Internacional de Prensa “Europa Press”, con sede en Roma y Madrid.