HOMILÍA DEL DOMINGO DÍA 18 DE JUNIO: SOLEMNIDAD DE “CORPUS CHRISTI”

“Oh Sagrado Banquete en el que Cristo es nuestro alimento espiritual, se celebra el memorial de la Pasión, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la futura gloria”. Así canta la Santa Madre Iglesia  en la Liturgia de las Horas de  la fiesta del Corpus Christi. Y todos los católicos entendemos perfectamente el sentido propio y directo de las palabras del Señor. Pero muchos oyentes no creen que tal afirmación pueda ser verdad. Y de haberlo entendido en sentido figurado o simbólico, no les hubiera causado tan gran extrañeza ni se hubiera producido la discusión. Y Nuestro Señor Jesucristo después insistirá en su afirmación confirmando lo que ellos habían entendido.

JESUS REITERA LA NECESIDAD DE RECIBIRLE EN LA EUCARISTÍA

Ciertamente, Nuestro Señor Jesucristo reitera, con gran fuerza, la necesidad de recibirle en la Eucaristía, para participar en la vida divina, para quye crezca y se desarrolle la vida de la gracia recibida en el Bautismo. Ciertamente, ningún padre se contenta con dar la existencia a sus hijos, sino que les proporciona alimentos y medios para que puedan llegar a la madurez. Precisamente en el número 289 del Catecismo de la Doctrina Cristiana, se dice que “Recibimos a Jesucristo, en la Sagrada Comunión, para que sea alimento de nuestras almas, nos aumente la gracia y nos dé la vida eterna”.

ELCUERPO Y SANGRE DE CRISTO, PRENDA DE VIDA ETERNA

Y Jesús también afirma claramente que su Cuerpo y su Sangre son prenda de la vida eterna y garantía de la Resurrección Corporal.  Y Santo Tomás de Aquino da esta explicación: “El Verbo da vida a las almas, pero el verbo hecho carne vivifica los cuerpos. En este Sacramento no se contiene sólo el Verbo con su divinidad sino también con su humanidad; por lo tanto, no es sólo causa de la glorificación de las almas, sino también de los cuerpos”.

Es bueno que tengamos en cuenta también que el Señor emplea una expresión más fuerte que el mero comer (el verbo original podría traducirse por “masticar”), expresando así el realismo de la Comunión: se trata de una verdadera comida. No cabe, pues, una interpretación simbólica, como si participar en la Eucaristía fuera tan sólo una metáfora, y no el comer y beber realmente el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo.

En definitiva, debemos tener en cuenta que así como el alimento corporal es necesario para la vida terrena, la Sagrada Comunión es necesaria para mantener la vida del alma. Por esto, la Iglesia ha exhortado siempre a recibir este Sacramento con frecuencia: “Diariamente, como es de desear, los fieles en gran número participen activamente en el Sacrificio de la Misa, se alimenten con corazón puro y santo de la Sagrada Comunión, y den gracias a Cristo nuestro Señor por tan gran don. Y recordemos todos estas palabras, del Decreto de la Sagrada Congregación del Concilio, del 20-XII-1905: “El deseo de Jesús y de la Iglesia de que todos los fieles se acerquen diariamente al sagrado banquete que consiste sobre todo en esto: que los fieles unidos a Dios por virtud del sacramento, saquen de él fuerza para dominar la sensualidad, para purificarse de las leves culpas cotidianas y para evitar los pecados graves, a los que está sujeta la humana fragilidad” (Decreto “Mysterium fidei”, de la Sagrada Congregación del  Concilio de 20 -XII-1905)

 José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico y Licenciado en Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229. Durante un puñado de años, Asesor Religioso y Redactor Jefe de la Sección de Información Religiosa, de la Agencia Internacional de Prensa “Europa Press”, con sede en Madrid (España).