EL VALOR SUPREMO DEL REINO DE LOS CIELOS Y LA ACTITUD DE LOS HUMANOS PARA ALCANZARLO (HOMILIA 30- JULIO-2017).

Según el Evangelio del XVII Domingo del Tiempo Ordinario, con dos parábolas, presenta Nuestro Señor Jesucristo el valor supremo del Reino de los Cielos y la actitud de los humanos para alcanzarlo. Aun siendo muy parecidas entre sí, presentan diferencias dignas de notar: el tesoro significa la abundancia de dones; la perla, la belleza del Reino. El tesoro se presenta de improviso, la perla supone, en cambio, una búsqueda esforzada; pero en ambos casos el que encuentra queda inundado de un profundo gozo.

Así es la vocación, la verdadera sabiduría, el “deseo del Cielo”: a veces se presenta de un modo inesperado, otras sigue a una intensa búsqueda. Sin embargo la actitud de los humanos es idéntica en ambas parábolas y está descrita con los mismos términos: va y vende cuanto tiene y la compra: el desprendimiento, la generosidad, son condición indispensable para alcanzarlo.

Dice San Josemaría Escrivá Balaguer, en “Es Cristo que pasa” que “quién entiende el reino de  Cristo, advierte que vale la pena jugarse todo por conseguirlo. El Reino de los Cielos es una conquista difícil: nadie está seguro de alcanzarlo, pero el clamor humilde del hombre arrepentido logra que se abran sus puertas de par en par”.

“TODA CLASE DE COSAS”

 “Toda clase de cosas”: así hay que traducir con la casi totalidad de manuscritos griegos y las versiones antiguas. En algunas versiones se lee: “toda clase de peces”. La red barredera es muy larga y de unos dos metros de ancho: al extenderla entre dos barcas forma dentro del agua una pared de doble y triple malla; que al arrastrarla recoge, junto con toda clase de peces, otras muchas cosas: algas, hierbas, diversos objetos…

Consideremos que la parábola puede hacer par con la de la cizaña, ésta en lenguaje agrícola, aquélla en ambiente de pescadores: la red es la Iglesia; el mar es el mundo.

“LA VERDAD DOGMÁTICA DEL JUICIO”

En esta parábola está claramente enseñada la verdad dogmática del juicio: al final de los tiempos juzgará Dios y separará a los buenos de los malos. Es significativa la reiterada alusión del Señor a las postrimerías, especialmente al Juicio y al Infierno: con su divina pedagogía sale al paso de la facilidad del hombre para olvidarse de las verdades. Todas estas cosas se dicen para que nadie pueda excusarse basado en su ignorancia, que únicamente cabría si se hubiera hablado con ambigüedad sobre el suplicio eterno.

José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico y Licenciado en Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229. Durante un puñado de años, Asesor Religioso y Redactor Jefe de la Sección de Información Religiosa, de la Agencia Internacional de Prensa “Europa Press”, con sede en Roma y Madrid.