DISCURSO SOBRE LA VIDA EN LA IGLESIA. (HOMILÍA DEL 10/9/2017. XXIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO).

El conjunto de las enseñanzas que se conservan en el capítulo 18 del Evangelio de San Mateo, ha sido llamado con frecuencia DISCURSO ECLESIÁSTICO, pues constituye una especie de cuerpo de ordenamientos y advertencias que miran a la buena marcha de la vida posterior de la Iglesia.

El primer pasaje va dirigido a los rectores, esto es, a la jerarquía de la Iglesia, con el fin de adoctrinarlos y prevenirlos frente a las inclinaciones naturales del orgullo humano y de la ambición por los cargos de gobierno, poniendo como base la humildad. Siguen unos versículos (6-10) en los que Jesús encarece la solicitud paternal con que los pastores de la Iglesia deben cuidar de los  PEQUEÑOS. Este termino abarca a todos aquellos que, por cualquier causa (nuevos en la fe, poco instruidos, poca edad, etc), necesitan ser especialmente ayudados.

 LOS PERJUICIOS DEL ESCÁNDALO

Se detiene el divino Maestro a prevenir sobre los perjuicios del ESCÁNDALO: la caridad fraterna de los cristianos, y de modo singular de los pastores, exige de todos, y especialmente de esto últimos, evitar todo aquello –aun lo que de suyo pudiera ser correcto- que pueda constituir un peligro para la salud espiritual de los más débiles o pequeños: Dios tiene particular providencia de ellos y castigará a quienes les hagan daño.

No menor atención presta el Señor también a quienes se hallen en situación espiritual difícil. Es preciso entonces ir en búsqueda de la “oveja perdida”, incluso heroicamente.

Si la iglesia en general, y cada cristiano en particular, deben tener ansia de extender el Evangelio, con más razón aún deben esforzarse para que aquellos hombres que ya han abrazado la fe no se separen de ella.

Relevante importancia doctrinal tiene el pasaje siguiente del evangelio sobre la “corrección fraterna”: a propósito de ella, Jesucristo emplea el término Iglesia, como un organismo social, una comunidad concreta, visible y compacta, en estrecha dependencia de Él y de sus Doce apóstoles, que poseerán ellos y sus sucesores, la omnímoda “potestad de las llaves”, poder espiritual que será respaldado por Dios mismo. Entre estos poderes está el de perdonar o retener los pecados, el de recibir o excolmugar de la Iglesia, etc. Admirable poder divino dado por Jesús a la Jerarquía de la Iglesia, guardando por el mismo Dios, con una providencia singular, mediante la presencia para siempre de Jesús en su Iglesia y la asistencia del Espíritu Santo a su Magisterio jerárquico.

Sigue aun un pasaje (vv.19-20) en que Jesús promete su presencia cuando varios fieles se reúnan para orar. A ello se une la doctrina de la necesidad de la oración y del perdón de las ofensas “entre los hermanos”, perdón que no tiene límites y terminan el capítulo con la palabra del deudor cruel, donde ejemplifica el Señor la doctrina sobre el perdón.

Viene, pues, todo este capítulo 18, el Discurso eclesiástico, a contemplar la vida futura de la iglesia en su estadio terrestre y a formular las reglas prácticas de conducta de los cristianos, en cierto modo, como un complemento de la carta magna del nuevo reino traído por Cristo, contenida en el Sermón de la montaña.

José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico y Licenciado en Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229. Durante un puñado de años, Asesor Religioso y Redactor Jefe de la Sección de Información Religiosa, de la Agencia Internacional de Prensa “Europa Press”, con sede en Roma y Madrid.