DIOS MANIFIESTA ESPECIALMENTE SU PODER CON EL PERDÓN Y LA MISERICORDIA. (HOMILIA DEL XXVI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (1-X-2017).

Nuestro Señor Jesucristo, en su entrada triunfal en Jerusalén, se manifestó como Mesías, hecho que San Mateo y San Juan, subrayan citando la profecía de Zacarías, según el texto hebreo, que es el que se sigue al traducir la cita profética. Los otros dos Sinópticos sólo mencionan el hecho fundamental de que Jesús hizo su entrada mesiánica en la Ciudad Santa, montado en un borrico.

Al estar el borrico junto con su madre, San Mateo ha visto cumplido un detalle más de la profecía, en la que se hablaba del borrico cría de asna. Esta parece ser la razón de haber mencionado el asna en todo el relato del episodio, porque realmente estaba con el borriquillo, aunque Jesús sólo montara en éste.

Precisamente, en la profecía de Zacarías se describe al futuro rey mesiánico con los epítetos de justo, salvador, humilde. El asno, antiguamente montura noble, fue sustituido, en tiempos de la monarquía israelita por el caballo. Por eso, en el vaticinio de Zacarías, con el asno se significa el rey de paz que triunfa no con armas y violencia, sino con humildad y mansedumbre.

SIGNIFICACIÓN PROFUNDA

Los Santos Padres han visto en este episodio una significación profunda. El asna aparece como símbolo del judaísmo, sometido desde hacía tiempo al yugo de la Ley, mientras que el borriquillo, en el que nadie había montado todavía, sería figura de la gentilidad. A unos y a otros Jesús introduce en la Iglesia, la nueva Jerusalén.

 LA REALEZA DE CRISTO

Tengamos también en cuenta que la palabra hebrea “Hosanna”, con la que la muchedumbre aclama al Señor, tuvo en un principio el sentido de una súplica dirigida a Dios: “Sálvanos”. Luego, fue empleada como grito de júbilo con el que se aclama a alguien, con un significado similar a “¡viva!” . La muchedumbre manifiesta su entusiasmo gritando: ¡ Viva el Hijo de David!

Ahora bien, la expresión “bendito el que viene en nombre del Señor” está tomada del Salmo 118, 26 y es un saludo jubiloso y agradecido a alguien que es portador  de una misión divina. La Iglesia ha recogido estas aclamaciones y las ha incorporado al prefacio de la Santa Misa. Y con ellas se pregona la realeza de Cristo.

 José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico y Licenciado en Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229. Durante un puñado de años, Asesor Religioso y Redactor Jefe de la Sección de Información Religiosa, de la Agencia Internacional de Prensa “Europa Press”, con sede en Roma y Madrid.