CRONOLOGÍA DE LA VIDA DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO. HOMILIA DEL DOMINGO XXVII DEL TIEMPO ORDINARIO. 8/X/2017

San Juan Bautista había enseñado el camino de la santidad, anunciando el Reino de Dios y predicando la conversión. Los escribas y fariseos no le habían creído, a pesar de jactarse de una actitud oficial de fidelidad a los planes de Dios. Estaban representados por el hijo que dice “voy” y luego no va. En cambio, los publicanos y las meretrices que se arrepintieron y rectificaron su vida les precederán en el Reino: bien en a ser el hijo que dice “no voy”, pero luego va. El Señor pone de relieve que la penitencia y la conversión pueden enderezar y situar a todos en camino de santidad, aunque hayan vivido mucho tiempo alejados de Dios.

Ahora bien, con la parábola de la viña y los labradores perversos en el evangelio de hoy, Nuestro Señor Jesucristo presenta la historia de la salvación: cómo el pueblo de Israel, la viña que no dio sus frutos, rechazando a los profetas y, por último, asesinando al hijo del dueño de la viña, el mismo que será crucificado. A partir de ahí, el   reino de  los cielos será quitado a la casa de Israel y se le dará a un pueblo que produce sus frutos, la Iglesia. Pero muchas veces no damos tampoco los cristianos los frutos de las buenas obras que el Señor espera de nosotros y estamos como devastados por los enemigos de  la fe. Con el salmo pidamos: “Señor, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve”.

EL SEÑOR COMPARA A ISRAEL CON UNA VIÑA ESCOGIDA

Esta parábola, tan importante, completa a la anterior. La parábola de los dos hijos se limitaba a mostrar el hecho de la indocilidad de Israel; la de los viñadores homicidas proyecta su luz sobre el castigo consiguiente. Efectivamente, el Señor compara a Israel con una viña escogida, provista al uso oriental de su cerca, de su lugar, con su torre de vigilancia algo elevada, donde se coloca el guardián, encargada de proteger la viña contra los ladrones y los chacales. Dios no ha escatimado nada para cultivar y embellecer su viña. Los viñadores, en la parábola, son colonos; el dueño es Dios, y la viña es Israel.

Los viñadores a quienes Dios había entregado el cuidado de su pueblo representan a los sacerdotes, escribas y ancianos. La ausencia del dueño da a entender que Dios confió realmente Israel a sus jefes; y de aquí nace su responsabilidad y las cuentas exigidas por el dueño de la viña.

EL DUEÑO ENVÍA SUS SIERVOS PARA PERCIBIR LOS FRUTOS

El dueño envía sus siervos de vez y cuando para percibir sus frutos. Esta fue la misión de los profetas. El segundo envió los siervos para reclamar lo que debían a su dueño, y que corre la misma suerte que el primero, es una alusión a los malos tratos infligidos a los profetas de Dios, por los reyes y sacerdotes de Israel.

Finalmente les envió a su hijo, pensando que a Él si lo respetarían.. Aquí se señala la diferencia entre Jesús y los profetas, que eran siervos, pero no “el Hijo”: la parábola se refiere a la filiación trascendente y única que expresa la divinidad de Jesucristo.

La perversa intención de los viñadores de asesinar el hijo heredero, para quedarse ellos con las herencias, es el destino con que los jefes de la sinagoga esperan quedar como dueños indiscutibles de Israel al matar a Cristo (Mateo 12,14; 26,4). No piensan en el castigo: la ambición les ciega. Entonces “lo echaron fuera de la viña y lo mataron”; referencia a la Crucifixión de Nuestro Señor Jesucristo  que tuvo lugar fuera de los muros de Jerusalén.

Jesucristo profetiza el castigo que Dios impondrá a los malvados: les dará muerte, y arrendará la viña a otros. Estamos ante una profecía de la máxima importancia: San Pedro repetirá más tarde ante el sanedrín: la piedra que los constructores rechazaron, ésta vino a ser piedra angular (Act 4,11; 1 Pet 2,4)- La piedra es Jesús de Nazaret, pero los arquitectos de Israel, los que construyen y gobiernan al pueblo. No han querido usarla en la construcción. Por eso, a causa de su infidelidad, el Reino de Dios será transferido a otro pueblo, los gentiles, que sabrán dar a Dios los frutos que Él espera de su viña (cfr Mt 3,8-10; Gal 6,16).

Es necesario descansar sobre esta piedra para estar sólidamente edificado. Y ¡desgraciado el que tropiece con ella! (Mt 12,30; Lc 2,34). Aquellos judíos primero y después todos los enemigos de Cristo y de la Iglesia lo comprobarán con dura experiencia (Isaías 8,14-15)

Los cristianos de todos los tiempos deberán considerar esta parábola como una exhortación a construir con fidelidad sobre Cristo, para no reincidir en el pecado de aquella generación judaica. Al mismo tiempo debe llenarnos de esperanza y de seguridad: aunque el edificio, que es la Iglesia, parezca cuartearse en algún momento, su solidez está asegurada, porque tiene a Cristo piedra angular.

José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico y Licenciado en Derecho Civil y Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229. Durante un puñado de años, Asesor Religioso y Redactor Jefe de la Sección de Información Religiosa, de la Agencia Internacional de Prensa “Europa Press”, con sede en Roma y Madrid.