LA ENCARNACIÓN DEL VERBO, EN EL SENO DE MARÍA VIRGEN, ES EL HECHO MÁS TRASCENDENTAL DE LA HISTORIA. (Inmaculada Concepción: 8-XII-2017)

La Santísima Virgen María es saludada por el arcángel San Gabriel como la llena de gracia, a la vez que ella responde al mensajero divino: He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. Así María, hija de Adán, al aceptar el mensaje divino, se convirtió en la Madre de Jesús, y al abrazar de todo corazón y sin entorpecimiento de pecado alguno la voluntad salvífica de Dios, se consagró totalmente a la obra de su Hijo. Ciertamente, la Anunciación a María y la Encarnación del Verbo es el hecho más maravilloso, el misterio más entrañable de las relaciones de Dios con los hombres y el acontecimiento más trascendental de la Historia de la Humanidad.

Dios quiso nacer de una madre virgen, como se había anunciado varios siglos antes, por medio del profeta Isaías. Y este privilegio de ser virgen y madre al mismo tiempo, concedido a la Santísima Virgen María, es don divino, admirable y singular. Dios “tanto engrandeció a la Madre en la Concepción y en el Nacimiento del Hijo –dice el Catecismo Romano-, que le dió fecundidad y la conservó en perpetua virginidad”. Por su parte, el Papa Beato Pablo VI, en el Credo del Pueblo de Dios, nos recordó esta verdad de fe, con las siguientes palabras: “Creemos que la bienaventurada María, que permaneció siempre virgen, fue la madre del Verbo encarnado, Dios y Salvador nuestro, Jesucristo”.

 LA MADRE DE DIOS, ASIENTO DE TODAS LAS GRACIAS

 El arcángel San Gabriel manifiesta la dignidad y el honor de María, saludándola con las palabras “llena de gracia”. Y por su parte, los Padres y Doctores de la Iglesia “enseñaron que con este singular y solemne saludo, jamás oído, se manifiesta que la Madre de Dios era asiento de todas las gracias divinas y que estaba adornada de todos los carismas del Espíritu Santo, por lo que jamás estuvo sujeta a maldición, es decir, estuvo inmune de todo pecado”. Así se dice en la Ineffabilis Deus y en  el Credo del Pueblo de Dios.

Pensemos un poquito en la frase el Señor es contigo. Las palabras no tienen simplemente un sentido deprecatorio, sino afirmativo: “Él está en tu corazón, se forma en tu vientre, llena tu alma, está en tu seno”. Por lo tanto, como dicen importantes manuscritos griegos y versiones antiguas que añaden al final: “Bendita tú entre las mujeres”. Ciertamente Dios Nuestro Señor la exultó así sobre todas las mujeres. Más excelente que Sara, Ana, Débora, Raquel, Judith y otras santas mujeres del Antiguo Testamento. Evidentemente, solo María tiene la suprema dignidad de haber sido elegida para ser la Madre de Dios.

CON LA PRESENCIA DEL ARCÁNGEL, MARÍA CONOCE SU VOCACIÓN

Es cierto que Nuestra Señora la Virgen María se turbó por la presencia del Arcángel y por la confusión que producen en las personas verdaderamente humildes las alabanzas a ellas dirigidas. Pero es también, en ese momento, cuando Nuestra Señora conoce con claridad la vocación para la que Dios Nuestro Señor la había destinado desde la eternidad.

Y es igualmente cuando el Arcángel la tranquiliza y le dice no temas, María. La está ayudando a superar ese temor inicial que, de ordinario, se puede presentar en toda vocación divina, incluso como una reacción natural ante la grandeza de lo sobrenatural. Y le revela además que el Niño será “grande”, porque es Dios, y tras la Encarnación no dejará de serlo, sino que asume la pequeñez de la humanidad. Y se revela también que Jesús será enviado, según las promesas de salvación. E igualmente que su Reino “no tendrá fin”, porque su Santísima Humanidad permanecerá para siempre indisolublemente unida a su divinidad.

LA FIDELIDAD ES SER COHERENTE TODA LA VIDA

El Papa San Juan Pablo II, comentaba este pasaje, preguntándose “¿Qué significa esta fidelidad de María?”. Y respondía: “en primer lugar María fue fiel cuando con amor se puso a buscar el sentido del designio divino. En segundo lugar vino la acogida y la aceptación. Y tras ello, la tercera dimensión que es la fidelidad. Es decir, vivir de acuerdo con lo que se cree. Ajustar la propia vida al objeto de la propia adhesión. Aceptar las incomprensiones y las persecuciones, antes de permitir rupturas entre lo que se vive y lo que se cree”. Y añade el Papa Santo que “toda fidelidad debe pasar por la prueba más exigente: la duración. Porque es fácil ser coherente por un día o algunos días. Difícil e importante es ser coherente toda la vida. Es fácil ser coherente en la hora de la exaltación, difícil serlo en la hora de la tribulación. Sólo puede llamarse fidelidad una coherencia que dura a lo largo de toda la vida”. Y termina el Papa diciendo: “El fiat de María en la Anunciación encuentra su plenitud en el fiat silencioso que repite al pie de la Cruz”.

José Manuel Ardións Neo. Párroco de San Benito de La Coruña (España). Doctor en Derecho Canónico y Licenciado en Ciencias de la Información. Inscrito en el Registro Profesional de Periodistas, nº 3.613. Asociado vitalicio de la Asociación de la Prensa de Madrid, nº 229. Durante años, Asesor Religioso y Redactor Jefe de la Sección de Información Religiosa, de la Agencia Internacional de Prensa “Europa Press”, con sede en Roma y Madrid.